Hay que saber lo que viene

Me subí al ómnibus como muchas mañanas del año que ya terminó y esta vez el mismo no estaba completo. En su interior hacía mucho calor y la lentitud con la que se desplazaba el chofer, si bien podía evitar un accidente, esa vez no ayudaba mucho. Había bastante espacio y se sentían incluso las conversaciones que tenía la gente. Si bien la mayoría iba en silencio pensando seguramente qué era lo que iban a hacer en uno de los últimos días del año, algunos no dejaban de pensar en voz alta y otros de comentar sus pareceres sobre distintos temas.dibujo
Fue así, que detrás de mí se sentó un individuo al que jamás había visto antes. Seguramente él tampoco, pero iba pensando en voz alta, tan alta que era como si charlara con un amigo invisible, como esos que tuvimos todos alguna vez cuando éramos niños.
El hombre no paraba de hablar del aumento de las tarifas de los servicios públicos que entró a regir desde ayer y sacaba la cuenta de cuánto más tenía que empezar a desembolsar a partir de ahora, para cumplir con sus obligaciones. Quizás el monto que él decía no es mucho para la mayoría de la gente, pero sí era bastante para él, que con el dinero que obtiene por su trabajo debe pagar un alquiler y darle de comer a una familia de tres niños, dos de ellos en edad adolescente, con todo lo que eso implica.
“Tengo que buscar otra cosa” me decía el hombre con cara de preocupado. Se refería a otro trabajo, pero sin dejar el que ya tiene, al menos para complementar lo que gana. “No puedo mandar a trabajar a mi mujer, sino descuida a mis hijos”, afirmaba convencido de lo que decía y con la voz de un diligente padre de familia.
Sus palabras podrían haber sido parte del folclore que todos escuchamos cada día cuando hablamos sobre la situación económica en general, pero las recordé más que nunca en las últimas horas, cuando tras los escandalosos incidentes que se vivieron en el parlamento uruguayo, por la estupidez de mantener las Tropas de Paz en Haití, donde para resolver algo relacionado a la paz de otro país en el nuestro dos legisladores se agarraron a las trompadas, me di cuenta de que se trataba de dos tipos que no piensan como el vecino que estaba sentado detrás de mi, preocupado por pagar las cuentas.
Dos legisladores de 99 en total, que en cierta medida se tomaron con sorna un asunto muy serio como fue una riña en plena sesión de un espacio público que se supone nos representa a todos y en donde por esa misma razón deberían guardar respeto y solemnidad, además de trabajar en serio.
Legisladores a los que el pueblo uruguayo, con un sacrificio enorme y un estrés galopante por poder pagar las cuentas como la del vecino que venía detrás de mi sentado en el ómnibus, les paga una torta de plata por mes para cada uno de ellos, para sus secretarios, para sus sectores partidarios, para sus asistentes, para sus gastos de diarios y revistas, para sus fotocopias, para sus llamadas a celulares y para mucho más.
Y quienes le pagan no son solamente los vecinos de Carrasco, Pocitos o La Teja, sino también los del Don Atilio, los de La Tablada y los que viven en Pueblo Fernández y Pepe Núñez, los que seguramente ni se enteraron porqué se tomaron a golpes de puño, pero sí se lamentaron de cumplir con sus tributos como el pago de UTE, OSE o Antel para que ellos cobren sus sueldos y hagan ese escándalo de caterva futbolera.
A mi no me preocupa tanto eso, porque los dos tipos que protagonizaron el incidente y el resto de los legisladores que observaron pasivamente permitiendo que sucediera, muestra la clase política que tenemos, que lamentablemente deja mucho que desear y hablo de todos los partidos.
Lo que más me preocupa, es que mientras esto estaba acaparando minutos en los informativos capitalinos, espacios en las radios y páginas en los diarios y en los portales digitales, el Presidente de la República aseguraba que al ajuste de las tarifas públicas no se le puede decir tarifazo, porque en realidad el incremento es por debajo de la inflación.
Esto quiere decir que la situación económica es aún peor, porque si la inflación fue del 10 por ciento, la mayoría de los trabajadores ajustaron por IPC (con suerte, porque en el sector privado fue en promedio de un arbitrario 5%) cuyo índice llegó al 8%, la inflación estuvo por encima y entonces fue del 10%, lo que significa que los trabajadores perdieron aún más poder adquisitivo en el último año, porque los aumentos no alcanzaron el 10 por ciento, y el ajuste del 8% por ciento de las tarifas se lleva el dinero que pudo haber ganado de más el trabajador en este caso.
Entonces lo que dice el Presidente preocupa, porque si el aumento de las tarifas equipara el ajuste alcanzado en los sueldos el año pasado y todo esto aún está por debajo de la inflación, que no es otra cosa que la suma del aumento de todos los precios en el correr de un año, la plata que nos ingresa al bolsillo es aún menor.
Hay algo que es cierto, el Uruguay ha progresado muchísimo en los últimos 11 años, ha conquistado libertades, los trabajadores han recuperado salarios y beneficios sociales, la economía en un momento creció mucho y sirvió, pero hoy se encuentra en un llano que tiende a inclinarse hacia abajo y eso es de lo que nadie habla.
Es importante que se sepa para que la gente al comenzar el año, cuide su bolsillo, no gaste en lo innecesario y esté atenta a lo que le están diciendo por televisión más allá de las piñas del parlamento, porque de esa forma podemos tomar medidas y prevenir que la situación sea más complicada aún de lo que ya puede estar siendo.
Este año Uruguay enfrenta el desafío de consolidarse económicamente o de empezar una leve caída que puede terminar mal en unos años, esperemos que sea lo primero, por eso tenemos que estar al tanto de lo que nos va a pasar en este 2017. De igual forma, les deseo un Feliz Año a todos.

Hugo Lemos







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