Horticultores sorprendidos por la falta de mención del Ministro a los daños en el sector

Tras los anuncios, en estos días, de asistencia a los citricultores por las heladas, llama la atención, que ni siquiera se hayan mencionado los daños, también, ocasionados en la horticultura, queremos pensar que es cuestión de tiempo para anuncios similares. Adjuntamos una transcripción de la valoración que se hace de dicho rubro en la perspectiva histórica, similar a la local,  en Argentina, por ejemplo.
En Argentina, así como la fruticultura en el Alto Valle de Río Negro se asocia con la figura del histórico “chacarero” descendiente de inmigrantes europeos, la horticultura se vincula casi exclusivamente con la presencia de migrantes bolivianos, desde hace dos décadas. Sin embargo, es común escuchar que las chacras frutícolas se hicieron “con la verdura”. Entonces ¿cuál fue el lugar de la producción hortícola en la historia de la conformación de la economía del Valle?
La horticultura y los inmigrantes. En la historia de la mayoría de las economías regionales de Argentina se reiteran dos elementos: por un lado, la importancia de las migraciones internacionales en la etapa fundacional y también el papel desempeñado por la horticultura en la acumulación originaria de los recién llegados, es decir, en el proceso de capitalización inicial. El Alto Valle del Rio Negro no fue la excepción en este sentido.
En los relatos de los pobladores más antiguos se encuentran huellas de la importancia del cultivo de especies hortícolas desde los momentos inaugurales de la colonización.
Habitualmente la producción hortícola fue considerada como una actividad de transición hasta que las plantas frutales entran en plena producción.
Hacían verdura
para financiar
los montes frutales
La etapa agrícola propiamente dicha comenzó en el Alto Valle hacia 1920 y fue consecuencia de las grandes obras hidráulicas y ferroviarias emprendidas por el Estado Nacional y por el capital de origen inglés. El elemento fundamental que completó esta ecuación fueron los inmigrantes provenientes en general de la Europa del Sur, quienes se constituyeron en pequeños chacareros propietarios. Ese tipo de inmigrante fue el sujeto social y agente económico central del esquema productivo que consolidó en la región en las décadas siguientes.
Hacer la chacra, para los inmigrantes italianos, españoles, judíos o alemanes fue sinónimo de un proceso de ocupación lenta y paulatina, un proceso de sacrificio para transformar la tierra indómita en tierra domesticada por medio de trabajo.
En los primeros momentos de asentamiento, los colonos y sus familias se vieron en la necesidad de obtener recursos rápidos de la tierra para garantizar su subsistencia y para reinvertir en su explotación.
En este mismo sentido, los cultivos hortícolas tanto para la comercialización como para el autoconsumo ocuparon un lugar destacado en los predios de los chacareros. En consecuencia, en la etapa fundacional de la economía valletana, la horticultura ocupó un lugar de producción transicional debido a la rapidez de retorno de la inversión, que facilitó el financiamiento de los montes frutales cuya implantación demandaba la inmovilización de capital, si tenemos en cuenta que en las primeras décadas del siglo XX, una planta de pera requería entre diez y doce para entrar en plena producción.
Los colonos contaban con limitados montos de capital disponible; por lo tanto, era imperioso conseguir un retorno lo más rápido posible para recuperar las inversiones realizadas.
Dentro de un esquema de producción comercial y de autoconsumo, muchos colonos plantaron pequeños huertos con diversos frutales -manzanos, perales, higueras, olivos, durazneros, damasqueros – cerca de sus casas, para proveer de frutas a sus familias. Los criterios para la elección de las especies y variedades de cada uno de estos cultivos estuvieron influidos por el conocimiento previo que tenían de las plantaciones en sus lugares de origen en Europa, o fueron seleccionados al azar de algún catálogo de invernaderos de Buenos Aires.
Si bien estos huertos no tenían intención de ser considerados como cultivos de características comerciales. Estas experiencias constituyeron la base de un sistema productivo que definió y sigue definiendo a la región.
El proceso de la fruticultura comercial no fue espontáneo, sino que contó con la conducción planificada por el capital inglés ligado al transporte. La compañía Ferrocarril Sud, desde que inauguró su línea mostró interés en crear una base productiva destinada a la exportación, que le asegurara un flujo permanente de ingresos bajo la forma de fletes y también de comisiones por venta de la producción. En consecuencia, la promoción de la fruticultura fue el instrumento que encontró la empresa para lograr sus propósitos.
La clase de agricultura que “debía” hacerse en Río Negro, obviamente eran los cultivo de frutas. En una zona irrigada donde el precio de la tierra era relativamente alto, se tornaba necesario lograr un mayor margen de beneficios sobre los costos. Cebollas y papas podían ser cultivadas para ayudar a los productores de frutas en los primeros años, y en algunos casos estos cultivos quedaban relegados a chacareros con escasas ambiciones en su nivel de ingresos.

Tras los anuncios, en estos días, de asistencia a los citricultores por las heladas, llama la atención, que ni siquiera se hayan mencionado los daños, también, ocasionados en la horticultura, queremos pensar que es cuestión de tiempo para anuncios similares. Adjuntamos una transcripción de la valoración que se hace de dicho rubro en la perspectiva histórica, similar a la local,  en Argentina, por ejemplo.

En Argentina, así como la fruticultura en el Alto Valle de Río Negro se asocia con la figura del histórico “chacarero”Dibujodescendiente de inmigrantes europeos, la horticultura se vincula casi exclusivamente con la presencia de migrantes bolivianos, desde hace dos décadas. Sin embargo, es común escuchar que las chacras frutícolas se hicieron “con la verdura”. Entonces ¿cuál fue el lugar de la producción hortícola en la historia de la conformación de la economía del Valle?

La horticultura y los inmigrantes. En la historia de la mayoría de las economías regionales de Argentina se reiteran dos elementos: por un lado, la importancia de las migraciones internacionales en la etapa fundacional y también el papel desempeñado por la horticultura en la acumulación originaria de los recién llegados, es decir, en el proceso de capitalización inicial. El Alto Valle del Rio Negro no fue la excepción en este sentido.

En los relatos de los pobladores más antiguos se encuentran huellas de la importancia del cultivo de especies hortícolas desde los momentos inaugurales de la colonización.

Habitualmente la producción hortícola fue considerada como una actividad de transición hasta que las plantas frutales entran en plena producción.

Hacían verdura

para financiar

los montes frutales

La etapa agrícola propiamente dicha comenzó en el Alto Valle hacia 1920 y fue consecuencia de las grandes obras hidráulicas y ferroviarias emprendidas por el Estado Nacional y por el capital de origen inglés. El elemento fundamental que completó esta ecuación fueron los inmigrantes provenientes en general de la Europa del Sur, quienes se constituyeron en pequeños chacareros propietarios. Ese tipo de inmigrante fue el sujeto social y agente económico central del esquema productivo que consolidó en la región en las décadas siguientes.

Hacer la chacra, para los inmigrantes italianos, españoles, judíos o alemanes fue sinónimo de un proceso de ocupación lenta y paulatina, un proceso de sacrificio para transformar la tierra indómita en tierra domesticada por medio de trabajo.

En los primeros momentos de asentamiento, los colonos y sus familias se vieron en la necesidad de obtener recursos rápidos de la tierra para garantizar su subsistencia y para reinvertir en su explotación.

En este mismo sentido, los cultivos hortícolas tanto para la comercialización como para el autoconsumo ocuparon un lugar destacado en los predios de los chacareros. En consecuencia, en la etapa fundacional de la economía valletana, la horticultura ocupó un lugar de producción transicional debido a la rapidez de retorno de la inversión, que facilitó el financiamiento de los montes frutales cuya implantación demandaba la inmovilización de capital, si tenemos en cuenta que en las primeras décadas del siglo XX, una planta de pera requería entre diez y doce para entrar en plena producción.

Los colonos contaban con limitados montos de capital disponible; por lo tanto, era imperioso conseguir un retorno lo más rápido posible para recuperar las inversiones realizadas.

Dentro de un esquema de producción comercial y de autoconsumo, muchos colonos plantaron pequeños huertos con diversos frutales -manzanos, perales, higueras, olivos, durazneros, damasqueros – cerca de sus casas, para proveer de frutas a sus familias. Los criterios para la elección de las especies y variedades de cada uno de estos cultivos estuvieron influidos por el conocimiento previo que tenían de las plantaciones en sus lugares de origen en Europa, o fueron seleccionados al azar de algún catálogo de invernaderos de Buenos Aires.

Si bien estos huertos no tenían intención de ser considerados como cultivos de características comerciales. Estas experiencias constituyeron la base de un sistema productivo que definió y sigue definiendo a la región.

El proceso de la fruticultura comercial no fue espontáneo, sino que contó con la conducción planificada por el capital inglés ligado al transporte. La compañía Ferrocarril Sud, desde que inauguró su línea mostró interés en crear una base productiva destinada a la exportación, que le asegurara un flujo permanente de ingresos bajo la forma de fletes y también de comisiones por venta de la producción. En consecuencia, la promoción de la fruticultura fue el instrumento que encontró la empresa para lograr sus propósitos.

La clase de agricultura que “debía” hacerse en Río Negro, obviamente eran los cultivo de frutas. En una zona irrigada donde el precio de la tierra era relativamente alto, se tornaba necesario lograr un mayor margen de beneficios sobre los costos. Cebollas y papas podían ser cultivadas para ayudar a los productores de frutas en los primeros años, y en algunos casos estos cultivos quedaban relegados a chacareros con escasas ambiciones en su nivel de ingresos.