Hoy con Esc. Alberto Beriau

Notario y nacionalista de vocación; supo caminar entre gigantes como Wilson Ferreira, Fernando Oliú y otros tantos, en los momentos más difíciles de la historia del país.
Hombre de una conducta intachable, tanto en la area cívica como en la profesional, es, sin lugar a dudas, uno de los más destacados y queridos salteños; respetado y admirado por propios y extraños.
Sobre su vida -trabajo y pasiones-, conversamos con él, para esta entrega de AL DORSO.ESC. ALBERTO BERIAU

¿Qué lo hizo elegir la carrera de Escribano Público?
Yo estaba cursando tercer o cuarto año del liceo, y tenía que definir mi futuro estudiantil. Tenía un tío materno, Juan Alberto Errándonea Guerra, quien era rematador y estaba vinculado al sector inmobiliario, que siempre me impulsó a que siguiera esa carrera, por lo cual comencé a cursar tanto notariado como abogacía, inclinándome por la primera; si bien pensé en continuar, cuando se comienza a ejercer la profesión, no se hace tan fácil, más en aquellos tiempos en los que se tenía que viajar a Montevideo porque no se la podía hacer en el interior, aunque en Salto ya habían comenzado los cursos.
Notariado se ejerce dentro de lo que se concibe como la “paz jurídica”, donde el dar fe de actos, es una misión importante dentro de una sociedad, principio que he tratado de seguir en todos mis años de ejercicio, más de 44 años, -presumo que a fin de año me estaré jubilando-, donde creo haberlo hecho de la manera más profesional posible.

Dicha profesión, ¿le ha dado satisfacciones?
Durante tantos años, la profesión me ha permitido cosechar muchas amistades, tanto dentro del gremio como fuera de él; y al cabo de tanto tiempo, puedo decir que me siento conforme por la decisión que tomé en su momento de elegir la profesión de Escribano Público.
Recuerdo a grandes colegas de aquella época en la que recién me había recibido, como los escribanos Zunini -con quien trabajé mi primer mes como profesional-; Irazoqui, con quien tuve una estrechísima relación de amistad y profesional, teniendo juntos el primer estudio notarial por muchos años; Cazabán Goncalvez, Macció, y muchísimos más, por supuesto, que han sido referentes aquí en Salto, no solamente dentro de la profesión, sino que también como ciudadanos.

En los últimos tiempos, el gobierno nacional ha tomado determinadas medidas que muchos de sus colegas, o la mayoría de ellos, consideran golpes directos a la escribanía, ¿cuál es su opinión?
Uno, que ha ejercido la profesión durante tantos años en un esquema jurídico y social determinado, donde el secreto profesional, por ejemplo -uno de los aspectos que creo son a los que se refiere-, era invulnerable, o tendía a serlo; hoy, se enfrenta a distintos factores, que creo que son los que juegan, que hacen que esa libertad individual y el derecho incluso a la privacidad, se esté vulnerando, se esté perforando, de alguna manera, en parte, por organizaciones internacionales que presionan a los gobiernos para obtener información, por distintas razones: combate al narcotráfico, tráfico de armas, etc., etc. Por un lado, exigen que los gobiernos tomen determinadas medidas de invasión de la actividad privada, para conocer datos o para evitar la proliferación del delito. Por otro, también hay un afán recaudatorio, o un afán de conocer, de investigar para obtener más información, a los efectos de poder tener más elementos para aumentar la tributación. Entre esas dos líneas -que pueden considerarse presiones-, surgen este tipo de normas que dificultan la actuación y comprometen, muchas veces, al propio Escribano, porque en definitiva, lo hacen partícipe de cierta falta de confianza hacia el propio cliente, lo cual no es nada fácil para ningún profesional. La pregunta apunta a un tema muy álgido en estos momentos, donde no es fácil ni agradable manejarse.

Sumado a su condición de notario, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que otra pasión –pues hay varias- es el Partido Nacional, ¿por qué blanco?
Porque es una convicción. Mi padre y mis familiares más cercanos eran blancos; por lo tanto, el primer impulso fue ser blanco, por una razón de sangre. Pero después, a medida que empecé a leer la historia de Uruguay, me sentí más convencido de esa decisión tomada de niño. Entonces, podríamos decir que, los factores emocionales fueron los que de pequeño me llevaron a ser del Partido Nacional, y fueron los factores racionales los que me impulsaron a militar cada vez con mayor determinación en el Partido, teniendo la suerte que siendo joven, apareció la figura de Wilson y el Movimiento Por la Patria, sector donde milité siempre y con el que me sentí muy identificado.

Cuéntenos cómo conoció a Wilson
Tuve la suerte de conocer a Wilson personalmente, el 29 de diciembre de 1981, con Adela, mi esposa. Recién nos habíamos casado y fuimos a Londres; lo primero que hicimos al llegar, fue ir a ver a Wilson. Recuerdo que hablamos por teléfono, y nos dijo que fuéramos a su casa; cuando llegamos, a las 6 de la tarde, estaba con su señora, Susana Sienra, y charlamos hasta las 11 de la noche.
Me acuerdo patente que llevamos una carta de Fernando Oliú, una gran figura del Partido Nacional, y un salteño notable.
Wilson parecía un hombre duro, y de hecho lo era en el combate; pero, al mismo tiempo, siempre tenía una sonrisa y una proximidad con el otro, que reflejaba lo que era: un hombre de muy buen corazón.

Háblenos de Fernando Oliú
Fernando Oliú fue una gran figura del Partido Nacional en esos años. Fue Sub secretario del Ministerio de Instrucción Pública, como se llamaba e aquélla época, en el segundo período de gobierno blanco -, colegiado (1963 -1966)-, cuyo titular era el Profesor Juan Pivel Devoto, quien no tengo la menor duda, fue el mejor Ministro de Instrucción Pública que tuvo éste país, desde todo punto de vista.
Cuando el Plebiscito del 80, era él (Oliú), quien venía a Salto, en todo el período previo; informó sobre el proyecto de reforma constitucional que se estaba esbozando en las reuniones que se hacían en varios lugares, como en los estudios de colegas y en el mío propio. Hasta el período posterior, en las elecciones internas de 1982, Fernando fue la figura que aquí permanentemente venía e informaba sobre lo que estaba sucediendo a nivel nacional. Lamentablemente, murió muy joven, a los pocos días del inolvidable acto en el obelisco, el de “Por un Uruguay libre sin exclusiones”, en cuyo estrado él estuvo presente; fue una enorme pérdida para el Partido Nacional. Tuve la suerte de tener una gran amistad con él, así como la que tuve con muchos otras figuras de “Por la Patria”, con los que compartí esos tiempos tan difíciles.

Como le preguntamos respecto a la profesión, ¿la política, también le dio satisfacciones?
Sí, absolutamente, no sólo dentro del Partido, sino que también fuera de él. En aquélla época, después del plebiscito del 80, acá en Salto se creó lo que se llamó la Interpartidaria; reunión en la que se juntaban integrantes de distintos partidos políticos, que trataban de intercambiar información, y a veces tomar resoluciones comunes respecto a temas que interesaban a toda la ciudadanía. Entonces, realizábamos reuniones, muchas de las cuales se hicieron en mi escritorio, en calle Artigas 926; muchos lo recordarán. Allí, iban dirigentes de todos los partidos: colorados; blancos, por supuesto; frenteamplistas, recuerdo a Andrade Ambrosoni y al Dr. Carlos Texeira; y cívicos. Por lo tanto, puedo decir que tuve siempre buena relación con gente de todos los partidos, que en esa época luchábamos por una misma causa: la democracia.

Militando en tiempos tan turbulentos, ¿sintió que en algún momento puso su vida o la de sus seres queridos en peligro?
Poner en riesgo la vida, no; nunca me pareció que lo estaba haciendo. Lo que sí le puedo decir, es que no era un tiempo en el que fuera fácil hablar; había menos posibilidades de hacerlo en los medios, y ahí sí, se sentía la presión. Pero nunca creía que estaba en riesgo ni mi vida, ni la de mis seres queridos; nunca creí tener tanta importancia como para merecer ser objeto o el objetivo de alguien, para eliminarme. Lo que hice en ese entonces, lo hice por convicción, me pareció que debía hacerlo, porque ese era mi pensamiento, esas eran mis ideas.

En la histórica noche del 15 de junio de 1984 en el Ciudad de Mar del Plata II, que trasladó a Wilson desde la Argentina al Uruguay, ¿Alberto Beriau, estuvo presente?
Sí, estuve. Fue algo impresionante. El Ciudad de Mar del Plata II, tenía capacidad apenas para unas 300 personas, y las que habían eran mucho más, casi 500, como usted dijo. La organización del Partido Nacional trató de que pudiera haber gente de todo el país, la cual no toda era perteneciente al partido. De Salto fuimos: el Esc. Edison Zunini, el Dr. Leonel Etchenagusía, y yo. Tomamos el ómnibus en la Terminal de Concordia, y al llegar a Buenos Aires nos fuimos directo al puerto. Y la verdad que, cuando llegamos, había una multitud con tal entusiasmo – pese a que era una jornada de incertidumbre, porque no sabíamos qué iba a pasar en esa travesía ni en la llegada-, tan emotivo de ver, que nos olvidamos de qué pasaría.
En ese momento llegó Wilson con el Dr. Hipólito Solari Irigoyen, nieto de Hipólito Irigoyen, una figura importante en el gobierno de Alfonsín, y subimos al barco. Bueno, como la capacidad superaba a la del barco, pasamos toda la noche en la cubierta, pues no había camarotes disponibles. Ahí nos cruzamos con personas de todo el país; era una noche de mucha niebla, la que al empezar a disiparse, al alba, nos permitió ver que estábamos rodeados de barcos de guerra; pero claro, no sabíamos en qué parte estábamos, y un militante blanco, marinero, nos dijo: estamos frente a Punta Espinillo, cerca de la desembocadura del Santa Lucía. Recuerdo que el Capitán Giani -quien subió con dos oficiales más a entrevistarse con Wilson-, tenía ordenes de bajarlo allí, y Wilson le dijo que él había sacado un pasaje a Buenos Aires – Montevideo, y que como pasajero que era, se bajaría en el Puerto, no antes, y desde el Ciudad de Mar del Plata; en fin… Lo demás es conocido. Lo que puedo decir es que, Wilson, estaba sereno, tranquilo, con una determinación clara: volver al Uruguay.

¿Se considera un hombre familiero?
La familia para mi es la base de todo, la base primordial de la sociedad. Ojalá la misma pudiera tener mayor vigencia, pues creo que una de las principales causas de las dificultades que pasamos como sociedad, proviene de la destrucción del concepto de familia y los valores que ella representa.
Hace varios años que estoy casado con Adela, con quien tuvimos dos hijas, María Adela y Agustina. Creo que con Adela conformamos un hermoso hogar, por lo cual estoy agradecido.







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