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Hoy con K. E. M. D. Recluida en INR por venta de droga

Trasladada desde la Unidad 27 de la cárcel de Artigas,K. llega a I.N.R de nuestra ciudad, hace aproximadamente nueve meses.
Conforma una familia de ocho hermanos junto a su mamá, tiene 23 años y se encontraba a cargo de su sobrina, que crió como a una hija.
Como interna, fue procesada junto a su pareja y está cumpliendo una pena por venta de drogas, sin tener definido el tiempo de reclusión.
Al reunirnos, así comenzaba su relato:
“Soy de la ciudad de Artigas y hace nueve meses que llegué trasladada a Salto.IMG-20170805-WA0023 [1]
Me crié sola con mi madre, junto a siete hermanos, ya que mi padre se fue cuando éramos muy pequeños.
Y ella, mi madre, vivió lo que nosotros estamos viviendo ahora”.
¿Se refiere a estar recluida?
Sí, porque yo empecé en lo mismo y terminé acá también.
¿Tiene recuerdos de pequeña, de lo que sucedía con su mamá?
No, de pequeña no.
Ella siempre nos ha dado buenos ejemplos.
Siempre nos crió bien. Trabajaba para darnos todo lo que podía.
Nos dejaba con una hermana de ella para trabajar y su trabajo era de doméstica. Y estudiaba también a la vez, para lograr hacer secundaria.
Estudió gastronomía y después hizo viandas para vender.
Siempre en la lucha, trabajando para sobrevivir.
¿Su papá las visitaba?
No nunca. Hasta ahora.
Mamá me cuenta que él era muy mujeriego y después se fue a Montevideo y ha vuelto a buscarme para ir a pasear cuando yo era pequeña, pero yo ya me daba cuenta y nunca quise ir con él.
Y de más grande, yo tenía ese sentimiento de que él se fue y nunca más le importó de nosotros.
Y ahora cuando yo ya era grande, falleció su papá y el se acercó para tener una comunicación conmigo. Pero no lo acepté.
¿Es un resentimiento que lleva con usted?
Es que yo me siento bien con mi madre.
No necesito a una persona que cuando yo era chica, tal vez lo necesité y nunca estuvo.
Ahora de grande, no lo necesito.
Mi madre ha sido todo para mí. Me ha dado la atención que yo preciso, los consejos que me hacen bien cuando hablo con ella.
Es mi amiga y siempre se lo digo cuando hablamos.
Es mi amiga, mi madre, mi padre y mi todo.
Aunque nuestra familia es numerosa, porque tengo unos cuantos hermanos, ella siempre se arregló para estar cuando la precisamos.
¿Tiene usted hijos?
No, pero sí crío a una sobrina, hija de una hermana desde bebé, que en la actualidad tiene cinco años y está con mi madre.
Como mi hermana era muy joven cuando la tuvo, yo la crié y está conmigo hasta ahora.
¿Por qué se encuentra recluida?
Por venta de droga.
¿Cómo lo llevaba a cabo?
Normal nomás.
Yo estaba sola en casa, en Artigas y empecé a vender para mí, para sobrevivir. Y para ayudar siempre a mi madre que estaba lejos de donde yo estaba.
¿Sus hermanos vendían?
Uno de ellos sí.
Y está también detenido en Rivera.
¿Por qué la trasladan a Salto?
Porque en Artigas no hay cárcel de mujeres.
Solamente una chacra y no es de máxima seguridad.
¿Cuánto hace que llegó?
Nueve meses.
¿Cree que fue una denuncia o estaba la Policía vigilándola?
Sí. Ya me venían vigilando.
Tenían fotos y testigos.
Gente que yo les vendía y cuando me agarraron, yo estaba con un compañero que también vendía.
En ese allanamiento, las cosas no eran mías, pero yo estaba ahí.
¿Dónde estaban?
En la casa de mi compañero.
Esperaron para agarrarnos a los dos, porque éramos pareja.
Nos tenían bien vigilados.
¿Los toman por sorpresa la Policía?
Sí. Una tarde estábamos sesteando y entraron de golpe.
Con las armas y encapuchados. Quedamos acorralados por todos lados.
Era Investigación, Narcóticos y la Policía.
Allí detuvieron a mi pareja, lo llevan junto a mi cuñado que tenía una pieza en el fondo y a mi me dejaron en la casa para revisarla y ver lo que sacaban.
¿Qué encontraron?
Pasta base.
No tenía mucha y estaba en el patio, en un pote.
No era mía, era de él. Nosotros hacía muy poco tiempo que habíamos vuelto de una relación que se había roto.
Y yo iba a visitarlo a su casa y me agarraron allí.
Dieron vuelta toda la casa, rompieron cosas… porque no les importa nada.
Por suerte yo estaba sola sin la nena y hacía unos días que me iba a quedar de noche allí.
¿Por qué usted lo hacía?
Pasa que yo no estaba en pareja, no tenía a mi madre que ya estaba detenida y era por el mismo motivo. Sin mis hermanos. Y nosotros, no tenemos otro familiar.
Yo estaba muy sola.
¿Cómo se realizó el arresto?
No me resistí, era un poco consciente de que yo estaba haciendo eso y que aunque ya no estaba vendiendo, me iba a tocar.
Y cuando me llevaron, me detienen por venta de estupefacientes, drogas, durante dos días a la Unidad 27 de la Cárcel de Artigas y luego me trajeron para acá.
¿Usted era consumidora?
No. Ni yo ni mi compañero.
Solo vendíamos. Yo veía a la gente como llegaban a eso y pensaba que ni loca iba a probar.
¿Cuándo se entera de que su madre vendía?
Yo sabía de siempre.
Cuando ella “cayó”, ella ya había parado de vender.
Pasó, que al lado de la casa de mí madre había muchachos que vendían y para no decir que eran ellos, dijeron que era mi madre.
Cuando yo me entero de que mamá vendía, entendí lo que hacía. Lo tomé como un trabajo más.
Era porque ella estaba enferma y necesitaba, no podía trabajar y fue lo que entendió, que podía ser un medio de vida para criar a los nietos que los tenía también a cargo.
Mi madre es bien joven.
¿Cómo le llegaba la droga a su madre?
Le llegaba y era solamente pasta base, no otra cosa.
¿Y a usted?
Por medio de un brasilero.
Él era un potentado y trabajaba con mucho, pero yo trabajaba con muy poco, como para sobrevivir y no para tener y guardar.
Era para hacer la diaria, enviarle una encomienda a mi madre.
Y me daba bien.
¿Y a quiénes distribuía?
A los muchachos en la zona.
Eran solamente chasquis. Armados en bolsitas, pero de a paquetitos de a uno.
¿Había muchas bocas de drogas en su barrio y cuál es?
Sí había. Muchas. Y es el Barrio Ayuí.
¿Por qué se repite la situación con usted?
Porque después que mamá “cayó”, yo no vendía todavía, pero traté por todos los medios de buscar una solución de supervivencia y no la encontraba.
Busqué trabajo y no lo encontré. Eso que hice fue para mí una solución.
Por eso siempre la entendí a mamá.
A nosotros se nos prendió fuego la casa aparentemente por un cortocircuito en 2014 y quedamos sin nada.
Y en esa época empezó mi mamá a vender.
Pero a esa decisión la tomamos juntas. Yo ya era grande y como mi hermano vendía… pero en su casa.
Y los vecinos comenzaron a querer comprarnos el terreno, cuando vieron todo quemado. ¡Y fue lo que me enojó!
Como somos muy compañeras con mamá, le propuse no salir de ahí.
Y allí fue que empezó a vender.
¿No había forma de
solicitar otro tipo de apoyo?
No, pedimos ayuda en Intendencia, no nos quiso ayudar. Pedimos donaciones de materiales y no quisieron tampoco. Y allí fue que empezamos a recurrir a la venta.
¿Dónde estuvieron ese tiempo que necesitaron para construir nuevamente la casa?
En la casa de una vecina enfrente, mamá con los niños, sus nietos. Y como había quedado un galponcito al lado de la casa que se había quemado, quedábamos yo y mi hermano ahí.
Para que no se le haga tan pesado a la vecina.
Con la ayuda de un hermano, que trabaja en campaña, es muy trabajador, fue que comenzamos a buscar un albañil y a juntar algo de plata para empezar la construcción nueva.
Y cuando terminamos la casa, que ella dijo que ya no vendía más, que ya había logrado construir de vuelta su hogar, fue que “cayó” presa.
Lo hicimos solo para eso.
“Cayó” ella y después “caí” yo.
¿Qué significó para usted, haber llegado al INR?
Además de que extraño a mi gente y de que estoy lejos, sentí que esto era como un castigo.
Pero nunca me resistí a nada y cuando llegué, busqué algo que hacer para entretenerme y por suerte, encontré algo que además de ocuparme, me gusta mucho.
Lo siento realmente como un Instituto de Rehabilitación. Porque te enseñan muchas cosas, te dan oportunidades y no es aquello de “estar presa”.
Tenemos nuestro espacio, nos dan lugar a pensar, tengo todo eso.
Pero yo busqué la confianza de ellos, de que confiaran en mí.
¿Cuál es la actividad que tiene aquí en el centro?
Trabajo en la cocina.
Pero antes de llegar a la cocina de aquí, fui a la cocina de casona y luego de allí, como yo había solicitado un traslado para Artigas, me dijeron que sí.
Yo le cedo mi lugar a otra persona y me terminan diciendo que no me lo daban y me quedé sin el lugar en la Casona.
Luego empecé en chacras, porque en la planilla se comienza a descontar horas para cuando obtenga mi libertad.
En la cocina hacía cuatro horas, luego en chacras ya hacía ocho.
Y luego en la revista de mayo, que es la revista de cárcel donde están todos los datos nuestros, mis compañeras que se retiran, dejan una referente a su cargo.
Y nos tocó a mi y a mi compañera de cuarto en la cocina, por suerte.
Yo cocino y ella lava los platos, junto a un matrimonio que es el que va administrando.
Primero trabajaba para los niños y después comencé a cocinar para los policías y los operadores.
Vengo de mañana, estoy muy cómoda, porque no tenemos ningún tipo de presión.
A las dos o tres nos vamos y luego aprontamos un mate y nos ponemos a conversar.
En el cuarto donde estamos tenemos todas muy buen compañerismo y no existen discusiones.
Tratamos en lo posible de sentarnos y hablar, porque somos todas más o menos de la misma edad y tenemos siempre tema.
No había ninguna artiguense cuando yo llegué al cuarto, hoy ya somos cuatro.
¿Ya se conocían?
Sí, algunas las había visto y otras, las conocía de niñas.
¿Cuál es la diferencia para usted de estar en Salto o en Artigas?
Que acá no tengo ni a un familiar.
Y como después de lo que pasó, les dije que no se metieran mas en “eso”, mi madre está libre y con mi nena y su madre, que mucho la ayuda a mamá y las extraño…
Pero la van llevando.
¿Qué encontró acá?
Encontré compañerismo.
Aprendí a convivir con mucha gente que no conozco y que tienen otro genio, que se levantan con humores distintos.
Aprendí a respetar, aunque a eso ya lo sabía porque mi madre me lo había enseñado.
Estoy muy tranquila.
¿Tiene conocimiento de que tiempo va a estar recluida?
No. Pero entiendo que son once meses más o menos. El abogado hizo un primer pedido y lo negaron, hoy le pedí que hiciera otro.
Tampoco tengo visitas, solo cuento con el viaje que nos hacemos una vez al mes, ya que nos llevan hasta la cárcel de Artigas.
¿Siente algún tipo de arrepentimiento?
¿Arrepentida…?
Yo pienso que estuve siempre muy consciente de lo que hacía.
Ya hice lo que hice y ahora hay que pagarlo.
Si no hubiese pasado eso, yo no estaría con el pensamiento que estoy hoy. O tal vez de seguirlo haciendo.
Me mentalidad cambió. Hoy pienso en salir y eso que fue mi pan de cada día e incluso tenemos un techo hoy, por eso…
Y bueno, hicimos mal y hoy lo estamos pagando.
Mi madre pagó, yo pago y mi hermano está pagando.
Por algo pasan las cosas.
¿Lo volvería a hacer?
Pasa que, pasó como pasó…muy sola en una casa grande, sobrevivir, con luz y agua para pagar…
Pero no, no lo volvería a hacer.
Ni pensaba tampoco, como me lo decían muchos, de trabajar en una casa de la noche. No.
Preferí hacer esto que hice y no hacer eso otro.
Esa fue siempre mi mentalidad, de nunca vender mi cuerpo para sobrevivir. Además tenía a la nena chiquita conmigo, que por allí cuando crezca, sentía miedo que ese comentario le llegara y ella tomara ese camino.
Y por mis propios hijos, que aunque soy muy joven, sé que llegarán.
¿Qué desea para cuando obtenga la libertad?
Primero disfrutar mucho, divertirme, salir a bailar. Pero para sobrevivir, pienso en hacer comida para vender, que es lo que sé hacer y me gusta mucho la cocina además.
¿Quiere enviarle un
mensaje a la sociedad?
Quiero decirles que en cuanto a la droga y a mí, yo ya estoy rehabilitada.
Cuando salga, ya tengo la mentalidad de no hacerlo, no quiero hacerlo.
Ya construí lo que yo quería, que era nuestra casa y era para eso que yo necesitaba.
Y como acá aprendí que de otra forma también se puede sobrevivir. Que no en ese camino, se puede.
Porque oportunidad, no tuve muchas de conseguir trabajo.
Pero le voy a seguir los pasos a mi mamá, que cuando estuvo recluida, estudió gastronomía y cuando la largaron le entregaron un diploma.
Y fue así que cuando salió en libertad, se instaló con un lugar de comidas.
Como todo, va luchando el día a día. Y perfectamente puedo asociarme a ella y trabajar juntas.
Y en cuanto a la droga, ¡por favor busquen otro camino!
Porque las que tienen hijos, pierden el tiempo de los hijos, como yo perdí fiestas de mi nena en la escuela, momentos lindos con ella y todo lo demás.
Yo no la quise traer conmigo, pero hay muchas mujeres que las traen y no es lindo que los niños estén acá.
Porque ellos pueden llegar a ver discusiones y cosas que no es para que ellos vean.
(Se emociona). Tengo muchas ganas de ver a mi gente, a mi nena. Pienso que esta semana nos llevan a mí y a dos compañeras más.
Ella cuando me ve, me abraza y no me quiere soltar.
Hoy hablamos por teléfono y me dijo: “vos tratá de venirte”. Yo estoy muy positiva y espero verla.
Pero a la gente que vea esta nota y esté relacionada a la droga, que por favor no hagan lo que yo hice.
Más que nada por los niños, por su familia.
No nos olvidemos que de allí, salen niños consumidores. ¡Y ese entorno, los lleva a cosas de las que cuesta salir!