Hoy con la docente de música Beatríz Harreguy

“La música armoniza, cura, libera, educa, sensibiliza y siempre hace bien”, comenzó diciendo la profesora Beatríz Harreguy sobre lo que significa la música para ella.
Con la elegancia que la caracteriza, Beatríz dialogó con EL PUEBLO para la sección de Al Dorso y habló sobre su experiencia en la enseñanza musical con niños y adolescentes tras 35 años de docencia y con adultos, con quienes mantiene en la actualidad dos coros muy activos.aldorso 001Casada desde hace 34 años, es madre de Mauricio y abuela de Ema, una pequeña niña que el pasado 22 de agosto cumplió su primer año de vida.
Al hablar sobre su trayectoria y su vida misma, Beatríz mostró su gran sensibilidad al punto de emocionarse y agradeció a Dios todo lo que le dio y lo que le da día a día. “Solo le pido que me de vida para poder disfrutar ahora de mi nieta, que nació prematura, lo que nos hizo pasar por momentos muy difíciles. Pero yo siento una enorme gratitud, le doy gracias a Dios por haberme dado la posibilidad de estar vinculada a la música porque con los coros formamos una gran familia, estamos en los momentos buenos y malos, porque la música genera un vínculo que ayuda y que integra, es algo hermoso, que nos une y nos sensibiliza y nos permite disfrutar juntos de la vida”, comentó con emoción.

¿Cuándo comenzó con la música?
“La música siempre me gustó. Comencé mis estudios de piano a los 6 años, con la profesora Victoria Chaibún, con ella me recibí, acá en Salto. Pertenezco al conservatorio Fallero Balzo. Una vez que me recibí a los 18 años comencé a acompañarla en sus clases como educadora en las escuelas donde no contaba con pianista acompañante y así lo hice honorariamente durante varios años, en la escuela 3, 8 y 119. De Chaibún tengo muy buenos recuerdos, era una muy buena profesora, muy exigente pero muy cálida también. Con el tiempo hicieron un llamado, me presenté, salvé y comencé a trabajar en el año 75, de forma interina, con pruebas trienales, que eran muy exigentes, con una parte teórica y otra práctica. Entre las primeras escuelas que trabajé ya con esta efectividad de tres años, fueron la Nº 5, 9, 64 y 111 de las cuales guardo muy gratos recuerdos”.

¿Cómo era dar clases de música en las escuelas?
“Me encantó trabajar con todas las escuelas, pero principalmente con las escuelas de barrio. A los niños les gustaba mucho ir a las clases de música. A veces me decían, ¿vas a ir a trabajar a la escuela 8?, ¡con esos niños! Pero yo me sentía feliz en esa escuela, con todo el material humano con el que trabajaba, desde maestros, personal de servicio, las cocineras que nos atendían tanto a la pianista como a mi de forma amorosa, y los niños que son siempre niños, pero en las escuelas de barrio uno notaba que ellos necesitaban más de la música, de la clase, se podía ver como la disfrutaban, como que vivían más la música y eso se notaba”.

También fue profesora de música en secundaria, ¿es diferente trabajar con niños y adolescentes?
“En secundaria tuve clases de aula y tuve coros. En el liceo Nº 1, 2, 3, 4. Es diferente trabajar con niños y adolescentes, sobre todo en lo que tiene que ver a la música y más que nada en los varones adolescentes. Porque a muchos varones le gustaba el canto pero formar parte de un coro era motivo de burla. De los 35 años que trabajé con la música en las escuelas y liceos yo me siento muy feliz, siento que los disfruté y me siento muy orgullosa”.

¿Fue la primera directora del Coro Departamental de Niños?
“Sí, yo fui la directora desde el año 80 al 2010. Ese coro que se llamaba Paulina Sastre de Pons, surgió a iniciativa de primaria que quería formar un coro de niños que representara al departamento, integrado por niños de las diferentes escuelas, con voces seleccionadas. Llegamos a tener hasta 60 niños y había que reunirlos a todos en un solo lugar, para ensayar, algo que no era fácil. Con ese coro viajamos muchísimo, a certámenes o encuentros, fuimos a varios departamentos, incluso a Montevideo, cantamos muchas veces en el teatro Solís, en el Sodre. Para muchos niños ese viaje significaba el primer viaje a un lugar lejos de su casa, era pisar por primera vez un teatro, ir por primera vez a Montevideo, algo que es una experiencia sumamente enriquecedora. En esa etapa tengo que destacar la labor de Elizabeth Chaibún que fue la pianista mía de toda la vida en el coro departamental y en las escuelas públicas”.

¿Hoy ese coro ya no existe?
“Yo me retiré en el año 2010 y en el 2011 creo no hubo coro departamental, luego hubo en el 2012 un año y ahora ya no está más, no se si es solo en Salto o a nivel país, creo que ha ido desapareciendo y eso es realmente una pena porque lo que disfrutamos, lo que vivimos y como se sentían esos niños representando a su departamento, era algo único y su cierre fue una pérdida grande”.

¿También fue la primera directora de la Escuela de Música de Educación Primaria?
“Yo entré en la dirección de la escuela de Música en el año 98 y estuve hasta el 2010, cuando me jubilé. En ese entonces estaba como Inspector Departamental de Primaria el maestro Miguel Angel Ferreira Carreño y de Inspector Nacional de Música, Humberto Grieco Catalurda, una persona a la que yo admiré y admiro por todo lo que hizo, porque sabía muchísimo y te enseñaba y compartía sus conocimientos. Esos dos inspectores trabajaron incansablemente para que se creara en Salto una escuela de música que finalmente surgió en el año 1998. En marzo comenzamos con las inscripciones y al finalizar el año se la inauguró”.

Fueron más de 10 años, ¿qué significó esa escuela para usted?
“La escuela de música es hermosa, me siento orgullosa de todo lo que creció, porque tuvimos muchísimos egresados que después siguieron sus estudios en el Conservatorio Municipal y en la Escuela Universitaria de Música y ahora están trabajando de profesores en el Conservatorio en la misma escuela. Nosotros empezamos con dos grupos de primer año, uno en la mañana y otro en la tarde con apenas 75 alumnos y cuando yo me retiré había 450 niños”.

¿Qué pasa cuándo se encuentra con algunos de sus primeros alumnos?
“Es muy lindo, a veces me encuentro con personas en la calle o en diferentes lugares que se arriman y me saludan y recuerdan cuando fuimos a tal encuentro o tal otro porque fueron alumnos míos en el Coro Departamental o de alguna de las escuelas en que trabajé y es muy lindo que te recuerden. Eso da cuenta que con la música vivimos experiencias que se mantienen muy presentes tanto en ellos como en nosotros los docentes”.

¿Pero todavía continúa con actividades vinculadas a la música?
“Es cierto, si bien yo me jubilé, mi actividad continúa, pero con coros de adultos, que es otra cosa muy diferente. Tengo dos coros de adultos, el coro Río Uruguay que pertenece al Club Remeros Salto y el grupo coral Armonía integrado por personas que pertenecían a diferentes coros. En los dos coros cada uno hace lo que puede porque no hay voces específicamente seleccionadas, pero todos disfrutamos muchísimo. Con el Coro Río Uruguay este año por los 100 años del club organizamos dos encuentros de coros uno a nivel local y otro a nivel internacional y con el grupo coral Armonía tendremos un encuentro el 10 de setiembre en Piriápolis y en noviembre en Rivera”.

¿Cómo encuentra en la actualidad la formación musical que hay en el medio?
“Yo siempre digo que lo mio fue un don de Dios porque la voz que tengo es la vos que Dios me dio y que se ha ido formando con el correr del tiempo, con los ejercicios y talleres que he hecho. En la actualidad sobre todo los jóvenes tienen más oportunidades para formarse musicalmente y eso es muy importante. Yo lo que hago es lo que siento y lo que aprendí de mis superiores y de las personas que me orientaron, pero ahora los jóvenes sobre todo tienen la posibilidad de formarse y eso es algo que hay que aprovechar”.







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