Hubieran preguntado cómo era

La cosa pública es de todos. Los bienes públicos no son de uso y goce ilimitado del gobernante de turno, solamente los debe administrar y usar en su justa medida y de la manera que sean necesarios, ni de forma acotada ni tampoco de manera desmedida, sino necesaria. Esto es algo que quienes asumen la vida política y salen a pedirle el voto a la gente para llegar a alcanzar cargos de gobierno deben saberlo, pero deben saberlo antes de asumir el cargo para tener idea de dónde se están metiendo, de cuáles son sus responsabilidades, sus libertades y sobre toda las cosas algo muy importante, sus límites. politicos
Y de la mano de eso, la persona pública tiene que saber que una vez que asume un cargo y pasa a tener esa condición ya no tiene vida privada. Esa es una regla de las personas donde en aras de la transparencia debe ser así, hay jurisprudencia sobre el tema y esta regla es enseñada en todas las clases de periodismo. Cuando una persona pública, que ocupa un cargo público por razones políticas y al que toda la sociedad le paga el sueldo para que administre los bienes que son de todos, desde el momento en el que esa persona acepta asumir ese cargo, todo lo que hace importa.
Cómo vive, cómo se viste, en qué anda, cómo habla, todo eso es importante. Pero más que eso su conducta, tanto a nivel privado como a nivel público es lo que más despierta el interés de la gente, porque tal como se comporte en su vida privada y todo lo que haga o a lo que acceda, es lo que hará con los bienes públicos que el pueblo le confía para administrar. Como ya lo escribí hace muchos años cuando un exintendente de Salto me dijo, en forma totalmente equivocada, que había preguntas “que no se le hacían a un intendente”, algo totalmente desacertado porque a un intendente como a cualquier gobernante se le tiene que preguntar todo.
Porque en ese entonces, escribí que si un intendente le era infiel a su esposa, ¿por qué se privaría de ser infiel con los bienes públicos que la sociedad le confió para administrar? Si es capaz de ser desleal con su familia, más lo podría ser con el dinero de la gente. Ese ejemplo, pretende explicar que un gobernante debe explicar todo, sobre todo cuando sus acciones dejan dudas y generan incertidumbre y especulaciones sobre su honestidad en la opinión pública.
Traigo el tema a colación porque esta semana hubo al menos cuatro importantes gobernantes del Uruguay y el mundo que estuvieron en el tapete por usar y abusar de los bienes públicos y en uno de los casos, uno de ellos, actuó en sus negocios privados que aún los tiene, de una manera que hace generar dudas sobre su actuación en el ámbito público.
El primero de los cuatro buenos muchachos que mencionaremos hoy, es el ministro de Ganadería del Uruguay, el productor arrocero como le gusta llamarse, Tabaré Aguerre. El hombre tiene un arraigo con Salto y es tan soberbio como muchos de los vecinos de nuestra comarca. Cree que no tiene porqué dar explicaciones si el Ministerio que maneja lo benefició apuntalándolo con un préstamo de casi 181 mil dólares y que por más que los mismos provengan de fondos privados, él sabe que quien los administra es el Estado y que el lugar donde él es jefe, por obra de una decisión política y no por concurso o mérito alguno, le da el espaldarazo para que acceda a eso.
Encima, el buen señor Aguerre, que se considera un uruguayo superior y por encima del resto, fue capaz de decir dos bestialidades que solo en un país como este a un tipo como a él no lo sacan del fundillo del asiento que ocupa. Este tipo, tuvo el tupé, la arrogancia y la soberbia de decir que él si quería no daba explicaciones ni contestaba la nota de prensa, porque lo habló con el Presidente, y este le dijo que no lo hiciera.
El señor Aguerre denota una soberbia impropia de un gobernante uruguayo al pensar que si tiene una conducta dudosa no debe aclararle a la sociedad cuáles son sus actos. Porque no es un productor arrocero, es un productor y un ministro de Estado, que marca las pautas públicas sobre el tema y que si se ve beneficiado con algo que pasa por manos del Estado y eso genera dudas debe aclarárselo a la gente que le paga un sueldo. Y si él no vive del sueldo de ministro no importa, es un ministro del gobierno y mientras lo sea siempre tendrá que dar explicaciones, hasta de por qué va a la baño. Y si no le gusta al buen señor productor arrocero, ingeniero agrónomo, casado con una psicóloga dar explicaciones, que deje el cargo de ministro porque no está capacitado para ocupar un cargo de esa envergadura.
Pero lo peor de este señor es decirle mediocre al periodista del destacado periódico de izquierda, cosa que Aguerre no sabe lo que es, “la diaria”, que dio a conocer la información. El destrato público que le hizo mandándolo a leer El Hombre Mediocre, de José Ingenieros, es propio de un mendaz, mezquino y desubicado como Aguerre que pese a estar hace 7 años en el cargo, aún no sabe cuáles son sus deberes ante la sociedad. Que le sean de provecho los dólares que sus subordinados le aprobaron para su provecho.
Otro que no sabe que por más que actúe en la faz privada, si su actuación ante la vida genera dudas, lo que haga es de interés público, es el intendente de Soriano Agustín Bascou. El hombre hizo unos negocios ganaderos, porque como la mayoría de los dirigentes nacionalistas del interior está relacionado con el campo (al igual que Aguerre que no sé si es nacionalista pero está en el mismo rubro y tiene la misma actitud que el mercedario) y libró un cheque por 20 mil dólares para cubrir una deuda, pero ese título valor estuvo complicado y él dice que ya acordó “honrar sus compromisos”, según declaró el propio Bascou al diario La República.
Y dijo todo el tiempo que esa transacción era una cuestión de sus negocios privados, algo que no se concibe, porque parece que a Bascou tampoco le dijeron antes de postularse para el cargo, que no deja de ser el intendente de Soriano al momento de realizar cualquier transacción agropecuaria. El hombre tiene que saber que sigue siendo productor de ese sector de la actividad, pero ahora a eso prima el hecho de que es el gobernante en el que todos confiaron para la administración de sus bienes. Entonces si hay una sospecha de que pudo haber actuado de manera impropia al emitir un cheque, esa sospecha se traslada a su condición de ser el jefe de gobierno y de tener que firmar cheques y compras con el dinero de todos los que viven en ese departamento.
Los otros dos casos, les daremos un repaso somero. Uno es el hecho que el presidente Mauricio Macri mandó a buscar a su mujer y su hija más chica a Punta del Este, en el helicóptero de la Presidencia. Con todo lo que implica que la familia presidencial vacacione en el país con el que más compiten sus gobernados en esta temporada. Lo que darían los operadores turísticos argentinos porque la primera dama y la hija del presidente pasen unos días en algún balneario argentino para promover el turismo nacional.
Sin embargo, la familia presidencial opta por venir al Uruguay, con el que están compitiendo todos los hoteleros y gastronómicos de los balnearios argentinos, y encima no les contrata un avión privado, sino que les manda el helicóptero asignado al presidente para las misiones oficiales. Imagine a María Auxiliadora Delgado y a uno de los hijos del presidente vacacionando en Brasil, y que Tabaré les mande el helicóptero de la Fuerza Aérea a buscarlos a Floripa. No da, Macri. Le erraste en esta, me parece.
La otra es del inefable Donald Trump, del que nada bueno se puede esperar. Su hijo Eric, encargado de los negocios de la familia vino a Uruguay a ver cómo va la Torre que están construyendo en Punta del Este. Pero estuvo dos días donde mantuvo reuniones de todo tipo y color quince días antes que su padre asuma la “presidencia del planeta” como le gustaba decir a Eduardo Galeano.
El hecho es que el pibe vino por cuestiones particulares, con sus guardaespaldas de siempre, pero en este caso se le sumó una patota del Servicio Secreto con personal de la Embajada en Montevideo. El viernes el diario The Washington Post, uno de los más prestigiosos del mundo por dar cátedra de periodismo, publicó que ese viajecito a Uruguay de dos días, le costó al pueblo norteamericano casi 100 mil dólares. Y se preguntan porqué Trump junior que no tiene que ver con el gobierno, ¿no se trajo a sus propios guardias y los pagó de su bolsillo?
Una muestra, usar la plata del pueblo para cosas privadas es un mal de los políticos en todo el mundo.

HUGO LEMOS







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