Juan Carlos Ferreira, Primer Premio a nivel del Interior

Arquitecto y docente, Juan Carlos Ferreira viene trabajando con intensidad, desde hace un buen tiempo, en la creación literaria. Desde 2009 asiste al Taller Literario Municipal “Horacio Quiroga”, que orienta Leonardo Garet. En 2011 se presentó a un importante concurso de cuentos a nivel nacional y en estos días recibió la noticia de que uno de sus cuentos obtuvo el Primer Premio. Sobre este concurso y otros aspectos vinculados a su quehacer creativo dialogó con EL PUEBLO:
¿De qué se trata este concurso?
El concurso fue organizado por la Fundación Lolita Rubial (de Minas) y la convocatoria decía “Cuentos del taller”. Es dirigido a los integrantes de talleres literarios de todo el país. La convocatoria era una sola, pero estaban por un lado los talleres de Montevideo y por otro los del interior. El resultado es que se otorgó un premio a nivel nacional, uno a nivel de talleres de Montevideo y luego un premio a nivel de talleres del Interior, que es el nuestro.
¿Primera vez que recibe un premio por sus cuentos?
Había obtenido alguna mención. Una cuando el Hotel Concordia hizo un concurso sobre Gardel. Y después cuando se conmemoró un aniversario de Colonia Lavalleja (150 años). En este caso con un cuento que también vuelve a la infancia, porque conocí Lavalleja con mi papá que era viajante. Tengo recuerdos imborrables de las dos o tres veces que fui con mi papá. Muchos años después tuve que volver a Lavalleja y me acuerdo que papá me encargó una de las pizzas de Garrasino. El flaco Garrasino, un comerciante que hacía unas pizzas estupendas, tuve la inmensa satisfacción de volver de ese viaje con dos pizzas de Garrasino para mi padre.
¿Qué importancia le asigna a los concursos y, en este caso, a haber ganado?
Le doy una gran importancia porque te reconforta en el sentido de que alguien está diciendo: está bueno este trabajo. A mí por lo menos me confirma que el camino es el taller. Es un camino que creo que todas aquellas personas que quieren escribir deberían transitarlo, porque el ambiente del taller es estupendo, es una mezcla de rigor con camaradería. Es un rigor que pauta Leonardo y que es absolutamente imprescindible.
¿Qué trabajos envió al Concurso de Lolita Rubial?
Envié dos cuentos que habían tenido una buena evaluación por parte de Leonardo (Garet). Los mandé con esa tranquilidad. Y el que ganó fue uno que, además de esa buena evaluación, lo habíamos leído en el taller y a nivel de los compañeros había sido un cuento que gustó.
¿Un cuento que es reflejo de un estilo propio que viene intentando?
Precisamente Leonardo me decía, en el momento en que trabajamos en ese cuento, que la temática a él le parecía que era una temática que yo debía aprovechar, trabajar sobre ella. Es un cuento que tiene como título “El patio de la escuela” y hace referencia a recuerdos del protagonista de su época en la escuela, que fue una época que creo a la mayor parte de los uruguayos nos debe suceder lo mismo, fue una época muy feliz. En mi caso estoy hablando de la Escuela Nº 2, la “Etelvina Migliaro”.
¿Podemos decir entonces que es un cuento con elementos autobiográficos?
Sí, aunque no en el detalle preciso. Pero los personajes están inspirados en los amigos que uno tuvo en la escuela…
Y eso después se mezcla con la ficción…
Exactamente.
¿Cuál es la importancia de un taller literario para quien pretende escribir?
Para los que intentamos escribir, el taller es la circunstancia de la que hablaba Ortega y Gasset. La diferencia está en que no es una circunstancia muda, sino que esa circunstancia son las otras voces que uno escucha, que nos da un abanico muy rico en cuanto a temática, a estilos, a vocabulario, y además son otros oídos que escuchan lo que uno está proponiendo. Entonces tengo muy claro que el que intenta escribir solo, solito con su prosa o su poema, bien, es una cosa, pero lo que lo completa es la circunstancia, en este caso el taller. Eso me parece que hace real la definición de Ortega  y Gasset que el hombre es él y su circunstancia. En este caso, este escritor que quiere ser y que todavía no es, no digo que se completa, pero halla en el taller una parte fundamental de sí mismo.
Este escritor que quiere ser…¿y por qué todavía no es?
A mí me gustaría mucho publicar, realmente. He escrito relatos, publiqué en el semanario Sol y Luna algunos, pero la aspiración es publicar. Tengo un conjunto de relatos que los hemos estado viendo con Leonardo y veremos si podemos cumplir algunas etapas para poder publicar.
¿La publicación de un libro completaría al escritor?
Claro, yo ahí me sentiría muy contento, creo que pensaría: he llegado a este escalón que es muy importante.
¿Se recuerda escribiendo desde cuándo?
Me acuerdo que estando en Montevideo, andaba por los 25 años, escribí algunas cosas que murieron en la papelera. Eran cuentos. Después no volví a  escribir, salvo lo que hacía a nivel periodístico. Hasta que en el año 2009 pude comenzar el taller de Leonardo y desde entonces falté una vez al taller, una vez.
Habla de relatos y fue premiado por un relato, ¿ese es su “fuerte” en la escritura?
Me gustan mucho los relatos. Quizás una de las cosas que me han llevado a intentar escribir han sido los cuentos de Horacio Quiroga, porque afortunadamente uno los tiene que conocer en Secundaria, y ahí tuve el deslumbramiento de esos cuentos y después he podido seguir leyéndolo. Y después que a uno le empiezan a gustar los cuentos, encuentra otros autores…
¿Qué otros autores encontró que lo atraparan?
Cortázar y Borges me fascinan. De alguna manera mi mundo gira alrededor de esos tres, de Borges, de Cortázar y de nuestro querido Horacio.
¿Leerlos a ellos lo inclinó hacia la narrativa más que a otros géneros?
Yo creo que sí, porque hay cuentos que a mí me impresionaron profundamente. “Casa tomada” (Cortázar) por ejemplo, tanto me gustó ese cuento que en algunos cursos de nuestra Facultad de Arquitectura, lo hemos utilizado como pretexto para ejercitarnos en dibujos de arquitectura. Hace dos años hicimos el ejercicio durante un semestre: hacer las plantas, la fachada, los croquis del interior de la casa con los personajes…realmente estupendo. Digo “Casa tomada” como podría decir el cuento “El cautivo” de Borges, que me sigue conmoviendo, o “Graffiti” de Cortázar; o en el caso de Quiroga, recuerdo cuando en el liceo “El hijo” nos conmovió a todos, y agreguemos “Los desterrados”, “A la deriva”…así que seguramente por ese lado viene la inclinación.
Además de autores, ¿hubo personas cercanas que lo vincularon a la literatura?
Sin ninguna duda. En Secundaria tuve dos profesoras que me marcaron. Primero en Idioma Español, Bertita Sedraschi, nos puso en contacto con autores que después  aprendimos a leer. Luego tuvimos a Nacha Testa. Me pasó una cosa curiosa con Nacha: la tuve en el liceo y después me fui a Montevideo, allá estuve años y no la vi más; pero en el año 87 cuando hacía tiempo que había regresado, en la Regional Norte hicimos una jornada de homenaje a Quiroga, por el cincuentenario de su muerte, (la Regional editó los desterrados con prólogo de Leonardo y carátula de Daniel Amaral), y una de las mesas redondas contaba con Nacha. Yo llego y estaba hablando ella, volví a sentir la voz de Nacha, digamos 21 o 22 años después, y en ese mismo momento, fue como volver al liceo Zona Este. Entonces, Bertita y Nacha, a quienes nunca terminaré de agradecer, realmente me marcaron.
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Arquitecto y docente, Juan Carlos Ferreira viene trabajando con intensidad, desde hace un buen tiempo, en la creación literaria. Desde 2009 asiste al Taller Literario Municipal “Horacio Quiroga”, que orienta Leonardo Garet. En 2011 se presentó a un importante concurso de cuentos a nivel nacional y en estos días recibió la noticia de que uno de sus cuentos obtuvo el Primer Premio. Sobre este concurso y otros aspectos vinculados a su quehacer creativo dialogó con EL PUEBLO:

¿De qué se trata este concurso?

El concurso fue organizado por la Fundación Lolita Rubial (de Minas) y la convocatoria decía “Cuentos del taller”. Es dirigido a los integrantes de talleres literarios de todo el país. La convocatoria era una sola, pero estaban por un lado los talleres de Montevideo y por otro los del interior. El resultado es que se otorgó un premio a nivel nacional, uno a nivel de talleres de Montevideo y luego un premio a nivel de talleres del Interior, que es el nuestro.

¿Primera vez que recibe un premio por sus cuentos?

Había obtenido alguna mención. Una cuando el Hotel Concordia hizo un concurso sobre Gardel. Y después cuando se conmemoró un aniversario de Colonia Lavalleja (150 años). En este caso con un cuento que también vuelve a la infancia, porque conocí Lavalleja con mi papá que era viajante. Tengo recuerdos imborrables de las dos o tres veces que fui con mi papá. Muchos años después tuve que volver a Lavalleja y me acuerdo que papá me encargó una de las pizzas de Garrasino. El flaco Garrasino, un comerciante que hacía unas pizzas estupendas, tuve la inmensa satisfacción de volver de ese viaje con dos pizzas de Garrasino para mi padre.

¿Qué importancia le asigna a los concursos y, en este caso, a haber ganado?

Le doy una gran importancia porque te reconforta en el sentido de que alguien está diciendo: está bueno este trabajo. A mí por loJuan Carlos Ferreira menos me confirma que el camino es el taller. Es un camino que creo que todas aquellas personas que quieren escribir deberían transitarlo, porque el ambiente del taller es estupendo, es una mezcla de rigor con camaradería. Es un rigor que pauta Leonardo y que es absolutamente imprescindible.

¿Qué trabajos envió al Concurso de Lolita Rubial?

Envié dos cuentos que habían tenido una buena evaluación por parte de Leonardo (Garet). Los mandé con esa tranquilidad. Y el que ganó fue uno que, además de esa buena evaluación, lo habíamos leído en el taller y a nivel de los compañeros había sido un cuento que gustó.

¿Un cuento que es reflejo de un estilo propio que viene intentando?

Precisamente Leonardo me decía, en el momento en que trabajamos en ese cuento, que la temática a él le parecía que era una temática que yo debía aprovechar, trabajar sobre ella. Es un cuento que tiene como título “El patio de la escuela” y hace referencia a recuerdos del protagonista de su época en la escuela, que fue una época que creo a la mayor parte de los uruguayos nos debe suceder lo mismo, fue una época muy feliz. En mi caso estoy hablando de la Escuela Nº 2, la “Etelvina Migliaro”.

¿Podemos decir entonces que es un cuento con elementos autobiográficos?

Sí, aunque no en el detalle preciso. Pero los personajes están inspirados en los amigos que uno tuvo en la escuela…

Y eso después se mezcla con la ficción…

Exactamente.

¿Cuál es la importancia de un taller literario para quien pretende escribir?

Para los que intentamos escribir, el taller es la circunstancia de la que hablaba Ortega y Gasset. La diferencia está en que no es una circunstancia muda, sino que esa circunstancia son las otras voces que uno escucha, que nos da un abanico muy rico en cuanto a temática, a estilos, a vocabulario, y además son otros oídos que escuchan lo que uno está proponiendo. Entonces tengo muy claro que el que intenta escribir solo, solito con su prosa o su poema, bien, es una cosa, pero lo que lo completa es la circunstancia, en este caso el taller. Eso me parece que hace real la definición de Ortega  y Gasset que el hombre es él y su circunstancia. En este caso, este escritor que quiere ser y que todavía no es, no digo que se completa, pero halla en el taller una parte fundamental de sí mismo.

Este escritor que quiere ser…¿y por qué todavía no es?

A mí me gustaría mucho publicar, realmente. He escrito relatos, publiqué en el semanario Sol y Luna algunos, pero la aspiración es publicar. Tengo un conjunto de relatos que los hemos estado viendo con Leonardo y veremos si podemos cumplir algunas etapas para poder publicar.

¿La publicación de un libro completaría al escritor?

Claro, yo ahí me sentiría muy contento, creo que pensaría: he llegado a este escalón que es muy importante.

¿Se recuerda escribiendo desde cuándo?

Me acuerdo que estando en Montevideo, andaba por los 25 años, escribí algunas cosas que murieron en la papelera. Eran cuentos. Después no volví a  escribir, salvo lo que hacía a nivel periodístico. Hasta que en el año 2009 pude comenzar el taller de Leonardo y desde entonces falté una vez al taller, una vez.

Habla de relatos y fue premiado por un relato, ¿ese es su “fuerte” en la escritura?

Me gustan mucho los relatos. Quizás una de las cosas que me han llevado a intentar escribir han sido los cuentos de Horacio Quiroga, porque afortunadamente uno los tiene que conocer en Secundaria, y ahí tuve el deslumbramiento de esos cuentos y después he podido seguir leyéndolo. Y después que a uno le empiezan a gustar los cuentos, encuentra otros autores…

¿Qué otros autores encontró que lo atraparan?

Cortázar y Borges me fascinan. De alguna manera mi mundo gira alrededor de esos tres, de Borges, de Cortázar y de nuestro querido Horacio.

¿Leerlos a ellos lo inclinó hacia la narrativa más que a otros géneros?

Yo creo que sí, porque hay cuentos que a mí me impresionaron profundamente. “Casa tomada” (Cortázar) por ejemplo, tanto me gustó ese cuento que en algunos cursos de nuestra Facultad de Arquitectura, lo hemos utilizado como pretexto para ejercitarnos en dibujos de arquitectura. Hace dos años hicimos el ejercicio durante un semestre: hacer las plantas, la fachada, los croquis del interior de la casa con los personajes…realmente estupendo. Digo “Casa tomada” como podría decir el cuento “El cautivo” de Borges, que me sigue conmoviendo, o “Graffiti” de Cortázar; o en el caso de Quiroga, recuerdo cuando en el liceo “El hijo” nos conmovió a todos, y agreguemos “Los desterrados”, “A la deriva”…así que seguramente por ese lado viene la inclinación.

Además de autores, ¿hubo personas cercanas que lo vincularon a la literatura?

Sin ninguna duda. En Secundaria tuve dos profesoras que me marcaron. Primero en Idioma Español, Bertita Sedraschi, nos puso en contacto con autores que después  aprendimos a leer. Luego tuvimos a Nacha Testa. Me pasó una cosa curiosa con Nacha: la tuve en el liceo y después me fui a Montevideo, allá estuve años y no la vi más; pero en el año 87 cuando hacía tiempo que había regresado, en la Regional Norte hicimos una jornada de homenaje a Quiroga, por el cincuentenario de su muerte, (la Regional editó los desterrados con prólogo de Leonardo y carátula de Daniel Amaral), y una de las mesas redondas contaba con Nacha. Yo llego y estaba hablando ella, volví a sentir la voz de Nacha, digamos 21 o 22 años después, y en ese mismo momento, fue como volver al liceo Zona Este. Entonces, Bertita y Nacha, a quienes nunca terminaré de agradecer, realmente me marcaron.







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