La cultura uruguaya de duelo: falleció Juan Introini

En la mañana de ayer falleció el escritor Juan Introini (Montevideo, 1948). Muy buen narrador y destacado profesor de Literatura y Latín, fue quizás de los hombres con más sólida formación cultural de este país. Tuvimos oportunidad de conocerlo, y comprobar lo dicho anteriormente, cuando a mediados del año 2010 llegó a nuestra ciudad a dictar una charla sobre su obra en el Ciclo Literario organizado por Leonardo Garet y sus alumnos en el Liceo Salesiano. Fue aquella una disertación amena, espontánea, cargada de anécdotas cálidamente transmitidas y al mismo tiempo profunda en conceptos propios de la creación literaria. Su muerte significa una pérdida muy grande para la cultura uruguaya.
Una gran humildad: Juan Introini fue una persona de una enorme humildad. En estas palabras dichas en Salto hace tres años también se refleja eso: “Mi obra es breve y poco conocida. Básicamente soy un profesor de Latín y de Literatura. Se darán cuenta que el Latín no está en los mayores índices del marketing y la Literatura está un poco cascoteada. Luego, tardíamente empecé a escribir, en realidad lo que me costó mucho fue decidirme a publicar, no es fácil dar ese paso. Pero llegó un momento en que amigos en los que yo confiaba me impulsaron a publicar…Cuando había escrito algo y me sentía orgulloso de haberlo escrito, abría una página de Borges, ahí me daba cuenta que era como comparar el Cerro de Montevideo con el Himalaya. Eso lo ubica de inmediato a uno en la estatura que tiene, cosa muy difícil en un campo como el de la creación literaria, en el que todos nos creemos genios”.
Entre la vocación de médico y de escritor: Le preguntamos en aquel momento cómo había surgido su vocación por las letras y respondió: “primero me atrajo más la medicina, carrera que incluso comencé a cursar. Pero en un momento, con un amigo muy querido descubrimos, con enorme admiración, a Tolstoi, y empezamos a leerlo con fruición. Entretanto, yo tenía una noviecita y la madre de ella tuvo la idea de regalarme una novela llamada Cuerpos y Almas, de un autor casi olvidado, Van Der Meersch; me la regaló con la intención de confirmarme en el gusto por la medicina, porque trata de historias de médicos. Y lo único que hizo sin saberlo fue entusiasmarme más por el camino de la literatura. O sea que en la vida las cosas dan vueltas extrañas”.
Sobre sus cuentos: Los cuentos de Juan Introini tienen el mérito, no menor, de seguir creciendo en el lector después de acabada la lectura. Y esto se debe en gran medida a que los personajes, los lugares, los elementos todos que habitan su narrativa son muy simbólicos, totalmente sugerentes, sin ir más lejos, los propios nombres de muchísimos de sus personajes: Descartes, El Monje, La Ciega, La Tumba, basten como ejemplos. Encuentro algunas felices similitudes con personajes de Felisberto Hernández y de Juan Carlos Onetti. No sólo por el ambiente ciudadano. También, en el caso de Felisberto, por una atmósfera de misterio, extrañeza, de situaciones verdaderamente raras (ya sea explícitas o agazapadas). Con Onetti, tal vez las principales vinculaciones se den por el afán de la mayoría de los personajes en encontrar su esencia propia y por la lucha contra su agobiante y, a menudo, solitaria existencia. Se trata de una esencia que los personajes creados por Juan Introini buscarán casi siempre en actividades inusuales y, sobre todo, obsesivas: sirva como ejemplo un personaje femenino del cuento Un disfraz para Batman (del libro La Tumba), que agota sus horas en descifrar crucigramas y juegos similares. O el personaje Descartes (del cuento homónimo, publicado en el libro Enmascarado) que se propuso conocer todas las acepciones de las palabras del idioma, porque sólo así, según él, podría realmente leer; y para eso lee y relee dos enormes diccionarios y saca apuntes y estudia fervorosamente. O Toby, que se ha empecinado en buscar la ciudad ideal y sueña con ella observando un plano de Nueva York y viaja hasta muchas veces sin saber adónde (cuento Nueva York, de La Tumba). Insisto en que la construcción de los personajes me parece uno de los logros mayores de este excelente narrador. Raros, impredecibles, ellos mismos se asumen como extraños. Qué mayor elogio para un narrador que decir que logra, como Juan Introini, la creación de una atmósfera bien reconocible como propia y claramente personal en todo sentido. Los cuentos tienen como escenario la ciudad (cafés, jardines,…), y aunque en algunos casos aparezcan sitios o calles “reales” de Montevideo, el lector es conducido siempre a ambientes extraños, casi mágicos o sobrenaturales, con misteriosos muros, aljibes, sótanos, criptas tenebrosas, muchas veces formando parte de algún que otro sueño de los personajes. Por momentos, sueño y realidad se ensamblan. Y llevando a los lectores por este, su mundo creado, Introini puede parecerse a Virgilio conduciendo a Dante por lugares deslumbrantes. No necesita de hechos llamémosle “tremendos” para captar la atención porque, aunque éstos ocurran (la muerte de un niño, por ejemplo) llegan incluso a quedar no pocas veces eclipsados por el protagonismo que adquiere el clima, el lugar, las mismas extrañas vidas de esos seres.

En la mañana de ayer falleció el escritor Juan Introini (Montevideo, 1948). Muy buen narrador y destacado profesor de Literatura y Latín, fue quizás de los hombres con más sólida formación cultural de este país. Tuvimos oportunidad de conocerlo, y comprobar lo dicho anteriormente, cuando a mediados del año 2010 llegó a nuestra ciudad a dictar una charla sobre su obra en el Ciclo Literario organizado por Leonardo Garet y sus alumnos en el Liceo Salesiano. Fue aquella una disertación amena, espontánea, cargada de anécdotas cálidamente transmitidas y al mismo tiempo profunda en conceptos propios de la creación literaria. Su muerte significa una pérdida muy grande para la cultura uruguaya.

Una gran humildad: Juan Introini fue una persona de una enorme humildad. En estas palabras dichas en Salto hace tres años también se refleja eso: “Mi obra es breve y poco conocida. Básicamente soy un profesor de Latín y de Literatura. Se darán cuenta que el Latín no está en los mayores índices del marketing y la Literatura está un poco cascoteada. Luego, tardíamente empecé a escribir, en realidad lo que me costó mucho fue decidirme a publicar, no es fácil dar ese paso. Pero llegó un momento en que amigos en los que yo confiaba me impulsaron a publicar…Cuando había escrito algo y me sentía orgulloso de haberlo escrito, abría una página de Borges, ahí me daba cuenta que era como comparar el Cerro de Montevideo con el Himalaya. Eso lo ubica de inmediato a uno en la estatura que tiene, cosa muy difícil en un campo como el de la creación literaria, en el que todos nos creemos genios”.

Entre la vocación de médico y de escritor: Le preguntamos en aquel momento cómo había surgido su vocación por las letras y respondió: “primero me atrajo más la medicina, carrera que incluso comencé a cursar. Pero en un momento, con un amigo muy querido descubrimos, con enorme admiración, a Tolstoi, y empezamos a leerlo con fruición. Entretanto, yo tenía una noviecita y la madre de ella tuvo la idea de regalarme una novela llamada Cuerpos y Almas, de un autor casi olvidado, Van Der Meersch; me la regaló con la intención de confirmarme en el gusto por la medicina, porque trata de historias de médicos. Y lo único que hizo sin saberlo fue entusiasmarme más por el camino de la literatura. O sea que en la vida las cosas dan vueltas extrañas”.

Sobre sus cuentos: Los cuentos de Juan Introini tienen el mérito, no menor, de seguir creciendo en el lector después de acabada la lectura. Y esto se debe en gran medida a que los personajes, los lugares, los elementos todos que habitan su narrativa son muy simbólicos, totalmente sugerentes, sin ir más lejos, los propios nombres de muchísimos de sus personajes: Descartes, El Monje, La Ciega, La Tumba, basten como ejemplos. Encuentro algunas felices similitudes con personajes de Felisberto Hernández y de Juan Carlos Onetti. No sólo por el ambiente ciudadano. También, en el caso de Felisberto, por una atmósfera de misterio, extrañeza, de situaciones verdaderamente raras (ya sea explícitas o agazapadas). Con Onetti, tal vez las principales vinculaciones se den por el afán de la mayoría de los personajes en encontrar su esencia propia y por la lucha contra su agobiante y, a menudo, solitaria existencia. Se trata de una esencia que los personajes creados por Juan Introini buscarán casi siempre en actividades inusuales y, sobre todo, obsesivas: sirva como ejemplo un personaje femenino del cuento Un disfraz para Batman (del libro La Tumba), que agota sus horas en descifrar crucigramas y juegos similares. O el personaje Descartes (del cuento homónimo, publicado en el libro Enmascarado) que se propuso conocer todas las acepciones de las palabras del idioma, porque sólo así, según él, podría realmente leer; y para eso lee y relee dos enormes diccionarios y saca apuntes y estudia fervorosamente. O Toby, que se ha empecinado en buscar la ciudad ideal y sueña con ella observando un plano de Nueva York y viaja hasta muchas veces sin saber adónde (cuento Nueva York, de La Tumba). Insisto en que la construcción de los personajes me parece uno de los logros mayores de este excelente narrador. Raros, impredecibles, ellos mismos se asumen como extraños. Qué mayor elogio para un narrador que decir que logra, como Juan Introini, la creación de una atmósfera bien reconocible como propia y claramente personal en todo sentido. Los cuentos tienen como escenario la ciudad (cafés, jardines,…), y aunque en algunos casos aparezcan sitios o calles “reales” de Montevideo, el lector es conducido siempre a ambientes extraños, casi mágicos o sobrenaturales, con misteriosos muros, aljibes, sótanos, criptas tenebrosas, muchas veces formando parte de algún que otro sueño de los personajes. Por momentos, sueño y realidad se ensamblan. Y llevando a los lectores por este, su mundo creado, Introini puede parecerse a Virgilio conduciendo a Dante por lugares deslumbrantes. No necesita de hechos llamémosle “tremendos” para captar la atención porque, aunque éstos ocurran (la muerte de un niño, por ejemplo) llegan incluso a quedar no pocas veces eclipsados por el protagonismo que adquiere el clima, el lugar, las mismas extrañas vidas de esos seres.







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