La debatida discriminación

Estoy de acuerdo con que debe haber un margen para todo. Si bien hay posturas que deben discutirse con mayor ahínco porque cada uno defiende lo suyo, también hay que ser comprensivos y ver el bosque antes de pararnos frente al árbol y buscar culpables por no ayudarnos, no querernos, no apoyarnos y cuestionarlos por no tolerarnos, porque en ese caso los intolerantes podríamos llegar a ser nosotros mismos.
Me refiero con todo esto a lo que pasó el fin de semana en Salto, que si bien fue algo desapercibido por la escasa convocatoria que tuvo, quizás por el clima adverso o porque era sábado y es día de compromisos con la familia cuando el trabajo no se interpone, con la marcha contra la transfobia y por la discriminación a la diversidad sexual. Donde muchas personas que integran ese colectivo reclaman oportunidades laborales así de un plumazo como si todo fuera soplar y hacer botella.
La situación no es así de fácil, no por aprobarse una ley que los habilite a casarse, la sociedad conservadora y tradicional que tenemos y que hemos construido a lo largo de los años, sin importar el signo político, va a aceptar todo porque los cambios culturales deben fomentarse y no imponerse.
Desde que el país se fundó como tal y conformamos la sociedad que tenemos hoy, la discriminación ha existido siempre. Existe y existió siempre para los pobres, para los afrodescendientes, para los que pensaban distinto, para los que se identificaban con una religión que no era la Católica Apostólica Romana, para el hijo de padres divorciados, para los hijos adoptados, para los discapacitados, y para los homosexuales sin duda alguna.
Más allá de que ahora los encumbrados legisladores de todos los partidos voten leyes, algunos de ellos con el zapato y no con la mano por una conveniencia política electoral, aprobando normas que sean una extensión del matrimonio tradicional, el cual fue creado justamente para formalizar la unión entre dos personas de distinto sexo y cumplir con la naturaleza humana extendiendo la vida a través de la procreación.
Porque eso es lo natural y por más que se malentienda, cuestiono que se pretenda tachar de discriminadores a quienes creemos que lo natural es la unión de un hombre y una mujer, los que deben copular y para eso tienen órganos reproductores acordes para hacerlo ya que la naturaleza los dotó así para que puedan cumplir con el ciclo de la vida, de lo contrario estaríamos exterminando a la raza humana.
Sin embargo, hay personas que tienen sentimientos hacia quienes son de su mismo sexo y es algo aceptado por la sociedad, al punto que las legislaciones le dieron forma hasta a sus uniones civiles, con la finalidad de consolidar el vínculo tal como lo hicieron con la familia tradicional en su tiempo y en su lugar.
Pero también hay personas, que tienen los mismos derechos y también obligaciones como cualquier otra, que se denominan transexuales, porque son personas de un sexo que se visten y viven como si fueran del sexo opuesto, a las que los mismos representantes de la sociedad que son los parlamentarios, les crearon una ley para que su identidad sea en la forma en la que ellos se sienten y no como nacieron, y así puedan ser reconocidos por sus sentimientos y no por su naturaleza.
Todo esto, más allá de que sea legal, aún cuesta ser aceptado y respetado por la sociedad, porque es algo distinto, diferente. No digo que esté bien ni mucho menos, pero pongamos el tema sobre la mesa. Esta condición, de sentirse diverso, diferente, distinto, no es lo natural como el vínculo básico del hombre y la mujer, que nacieron con esa condición porque su unión es la única que fue hecha para extender la vida más allá de la suya. Por más laboratorios que haya, por más que la ciencia hoy tenga formas alternativas de hacerlo, por más que de esa manera las personas que van a contrapelo de la regla básica de la naturaleza denominada heterosexualidad, opten por esas vías para poder tener hijos ya que por su condición es la única manera de lograrlo.
No los cuestiono ni los discrimino en mi caso, pero no podemos pedirle a la sociedad toda, que entienda y acepte que puede haber parejas de homosexuales que críen hijos con mucho amor, con valores y quizás en muchos casos con mucha más dedicación con la que lo hacen las familias tradicionales hoy en día, porque todo lo que cuestiona al status quo siempre fue combatido y eso es lo que pasa hoy con las personas que optan por una orientación sexual distinta a la tradicional.
No estoy en contra de eso ni quiero que se interprete mal. Están en su derecho como personas a querer de la manera que sientan hacerlo, porque son personas que tienen derechos y obligaciones, tantos derechos como la misma cantidad de obligaciones  que tenemos cualquiera de nosotros.
Entonces me pregunto, ¿es su discriminación la forma de sentir y de vestir? ¿O es la falta de búsqueda de espacios lo que los lleva a esa situación? ¿Acaso saben los colectivos de trans y homosexuales, que en este país hay mucha gente sin trabajo por ser discriminados sin ser de su colectividad?
¿Están en conocimientos que personas con más de 50 años de edad ya no consiguen trabajo, por más capacidad que tengan? ¿Saben que hay mujeres que tienen mucha más capacidad que muchos hombres, pero por el mero hecho de ser mujer son denigradas a cargos inferiores o a ganar menos por su condición de género? ¿Saben que el primer diputado afrodescendiente asumió recién en el año 2000, después de que el Uruguay tenía 170 años de historia? ¿Saben cuántas personas son discriminadas por practicar el judaísmo o tener antepasados de esa estirpe? Y así mucho más.
Tienen que tener en cuenta que si son distintos, diversos y se encasillan en colectivos, no van a tener una obligación diferente a salir adelante para crecer como personas que la tiene cualquier otro, que no tenemos que salir a la calle a pedir que nos den empleo en una marcha, sino que tenemos que estudiar, prepararnos para el mundo competitivo en el que vivimos y encontrando un lugar en el cual desempeñarnos para poder ganar un sueldo y llevar el pan a la mesa, sin que el gobierno nos de nada, solamente impuestos a lo que ganemos de sueldo.
Así que a no engañarse muchachas y muchachos todos, porque muchas veces sin darnos cuenta, el encierro puede llegar a ser mental. Aunque al menos es buena cosa que defiendan lo que crean que es justo.

Estoy de acuerdo con que debe haber un margen para todo. Si bien hay posturas que deben discutirse con mayor ahínco porque cada uno defiende lo suyo, también hay que ser comprensivos y ver el bosque antes de pararnos frente al árbol y buscar culpables por no ayudarnos, no querernos, no apoyarnos y cuestionarlos por no tolerarnos, porque en ese caso los intolerantes podríamos llegar a ser nosotros mismos.

Me refiero con todo esto a lo que pasó el fin de semana en Salto, que si bien fue algo desapercibido por la escasa convocatoria quediscriminacion tuvo, quizás por el clima adverso o porque era sábado y es día de compromisos con la familia cuando el trabajo no se interpone, con la marcha contra la transfobia y por la discriminación a la diversidad sexual. Donde muchas personas que integran ese colectivo reclaman oportunidades laborales así de un plumazo como si todo fuera soplar y hacer botella.

La situación no es así de fácil, no por aprobarse una ley que los habilite a casarse, la sociedad conservadora y tradicional que tenemos y que hemos construido a lo largo de los años, sin importar el signo político, va a aceptar todo porque los cambios culturales deben fomentarse y no imponerse.

Desde que el país se fundó como tal y conformamos la sociedad que tenemos hoy, la discriminación ha existido siempre. Existe y existió siempre para los pobres, para los afrodescendientes, para los que pensaban distinto, para los que se identificaban con una religión que no era la Católica Apostólica Romana, para el hijo de padres divorciados, para los hijos adoptados, para los discapacitados, y para los homosexuales sin duda alguna.

Más allá de que ahora los encumbrados legisladores de todos los partidos voten leyes, algunos de ellos con el zapato y no con la mano por una conveniencia política electoral, aprobando normas que sean una extensión del matrimonio tradicional, el cual fue creado justamente para formalizar la unión entre dos personas de distinto sexo y cumplir con la naturaleza humana extendiendo la vida a través de la procreación.

Porque eso es lo natural y por más que se malentienda, cuestiono que se pretenda tachar de discriminadores a quienes creemos que lo natural es la unión de un hombre y una mujer, los que deben copular y para eso tienen órganos reproductores acordes para hacerlo ya que la naturaleza los dotó así para que puedan cumplir con el ciclo de la vida, de lo contrario estaríamos exterminando a la raza humana.

Sin embargo, hay personas que tienen sentimientos hacia quienes son de su mismo sexo y es algo aceptado por la sociedad, al punto que las legislaciones le dieron forma hasta a sus uniones civiles, con la finalidad de consolidar el vínculo tal como lo hicieron con la familia tradicional en su tiempo y en su lugar.

Pero también hay personas, que tienen los mismos derechos y también obligaciones como cualquier otra, que se denominan transexuales, porque son personas de un sexo que se visten y viven como si fueran del sexo opuesto, a las que los mismos representantes de la sociedad que son los parlamentarios, les crearon una ley para que su identidad sea en la forma en la que ellos se sienten y no como nacieron, y así puedan ser reconocidos por sus sentimientos y no por su naturaleza.

Todo esto, más allá de que sea legal, aún cuesta ser aceptado y respetado por la sociedad, porque es algo distinto, diferente. No digo que esté bien ni mucho menos, pero pongamos el tema sobre la mesa. Esta condición, de sentirse diverso, diferente, distinto, no es lo natural como el vínculo básico del hombre y la mujer, que nacieron con esa condición porque su unión es la única que fue hecha para extender la vida más allá de la suya. Por más laboratorios que haya, por más que la ciencia hoy tenga formas alternativas de hacerlo, por más que de esa manera las personas que van a contrapelo de la regla básica de la naturaleza denominada heterosexualidad, opten por esas vías para poder tener hijos ya que por su condición es la única manera de lograrlo.

No los cuestiono ni los discrimino en mi caso, pero no podemos pedirle a la sociedad toda, que entienda y acepte que puede haber parejas de homosexuales que críen hijos con mucho amor, con valores y quizás en muchos casos con mucha más dedicación con la que lo hacen las familias tradicionales hoy en día, porque todo lo que cuestiona al status quo siempre fue combatido y eso es lo que pasa hoy con las personas que optan por una orientación sexual distinta a la tradicional.

No estoy en contra de eso ni quiero que se interprete mal. Están en su derecho como personas a querer de la manera que sientan hacerlo, porque son personas que tienen derechos y obligaciones, tantos derechos como la misma cantidad de obligaciones  que tenemos cualquiera de nosotros.

Entonces me pregunto, ¿es su discriminación la forma de sentir y de vestir? ¿O es la falta de búsqueda de espacios lo que los lleva a esa situación? ¿Acaso saben los colectivos de trans y homosexuales, que en este país hay mucha gente sin trabajo por ser discriminados sin ser de su colectividad?

¿Están en conocimientos que personas con más de 50 años de edad ya no consiguen trabajo, por más capacidad que tengan? ¿Saben que hay mujeres que tienen mucha más capacidad que muchos hombres, pero por el mero hecho de ser mujer son denigradas a cargos inferiores o a ganar menos por su condición de género? ¿Saben que el primer diputado afrodescendiente asumió recién en el año 2000, después de que el Uruguay tenía 170 años de historia? ¿Saben cuántas personas son discriminadas por practicar el judaísmo o tener antepasados de esa estirpe? Y así mucho más.

Tienen que tener en cuenta que si son distintos, diversos y se encasillan en colectivos, no van a tener una obligación diferente a salir adelante para crecer como personas que la tiene cualquier otro, que no tenemos que salir a la calle a pedir que nos den empleo en una marcha, sino que tenemos que estudiar, prepararnos para el mundo competitivo en el que vivimos y encontrando un lugar en el cual desempeñarnos para poder ganar un sueldo y llevar el pan a la mesa, sin que el gobierno nos de nada, solamente impuestos a lo que ganemos de sueldo.

Así que a no engañarse muchachas y muchachos todos, porque muchas veces sin darnos cuenta, el encierro puede llegar a ser mental. Aunque al menos es buena cosa que defiendan lo que crean que es justo.

Hugo Lemos