La digna pretensión de saber cuál es el camino

Hace un tiempo, no importa el tiempo desde su exactitud. Trasciende el hecho, cuando el técnico de la selección Ramón Rivas, fue derramando un enfoque que bien valió la pena: »Si hay quienes respeto, por sobre todo, es al Dr. Bruzzoni y al prof. Ribero. Porque los dos estudiaron para ser lo que son. Al conocimiento que adquirieron, en la medida que lo transmiten, nos queda solo prestar atención porque de ellos podemos aprender. Porque en determinadas áreas saben más que yo. Si un jugador va superado una lesión, el que avala el retorno es el médico, no yo. ¿Me explico?»

LA RAZÓN DEL CAMINO
Esa exposición de Rivas, casi filosófica o desde el sentido común, y no una cuestión capaz de consumirse sin que nada valga la pena en materia de contenido.
Porque ese contenido es la clave. O fue la clave de estos años de selección: el conocimiento desde cada una de las áreas, que supieron del sabio complemento, para descubrir justamente cuál es el camino.
Ahora que un ciclo concluyó, ello no debiera implicar el alejamiento definitivo ni mucho menos de este Cuerpo Técnico. Es del caso apuntar a esos detalles no menores ni intrascendentes que alguna vez en el tiempo, Ramón Rivas reveló de una convicción estricta. ¿Por qué debieran alejarse tan definitivamente de la selección?
EL DINERO POR EL DINERO NO ATAJA NI HACE GOLES
Los años que pasaron y hasta este último año de Ramón orientando el ciclo, han refrendado una necesidad: la de no limitar amparo a la selección.
Rivas sabe de qué se trata, porque el Salto de los años 70, tres veces Campeón del Litoral y una vez Campeón del Interior, obtuvieron el poder de una estructura general, que fue más allá de los 90 minutos de fútbol o el juego que se desarrolla en una cancha. Aquellos dirigentes y estos dirigentes, han sintonizado la misma onda y en buen romance, le concedieron al DT y sus colaboradores, solicitudes entre básicas y potenciales.
Pero ojo: solo el dinero no gana.
El dinero no ataja ni hace goles.
Tampoco tranca en el medio de la cancha ni se expone a la mágica aventura de una escala por el lateral.
Respaldo económico sí, pero con criterios que sustenten. Sabiendo cuál es el puerto y dónde anclar. No solo es cuestión de navegar. No solo es el tránsito. Sino saber qué y cómo.
LA LECCIÓN QUE DEJA
Por una vez Campeón del Litoral Norte. Por otra vez, Vice Campeón Nacional. Y por una vez más, Campeón Nacional. Esa es la síntesis del Salto de Rivas.
Pero más que la elocuencia de la victoria,la validez del producto. Salto no fue solo una cáscara opositora para que los otros rebotasen torpemente. Fue la consigna de querer siempre, en la medida que pudo.
Lejos de la prepotencia. Distante de la bravuconada. Oxidando definitivamente alguna secuencia pasada en que suponíamos que en los torneos regionales,»con meter ya estaba» y no sabíamos a ciencia cierta qué »era eso de meter».Como si solo el coraje, escudara ciclos más o menos dignos y capaces de ser abrochados en la memoria colectiva.
Las últimas versiones de Salto, produjeron este tipo de lecciones.
El afán debiera ser uno: que la no continuidad de un Cuerpo Técnico, no implique arriar banderas y caer en el desplante del no se puede o hacer girar la ruleta, para calibrar en que medida es posible ganar.
Si no se sostiene lo alcanzado, las consagraciones tan solo serán mojones de la historia y no lo que pretendemos: que la digna pretensión no deje de saber, cuál es el camino.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-