La fatídica noche del Salto a contramano

Una derrota en fútbol no tendría que implicar un drama. De hecho, no lo es. Tampoco, que a partir de ella, se genere un estado de pesadumbre colectiva.
No es el fin de nada. Es una derrota.
O sea: ubiquemos el hecho, desde el hecho mismo. Una derrota y punto.
Sin embargo: por algo se pierde. Nada es casual y en todo caso, la consecuencia misma de factores que la desencadenaron. En esta oportunidad, no hay excepción. Por algo Salto perdió. Por algo, Maldonado ganó y avanzó. Por eso Salto, marcó el final de su reinado. Con Florida, al margen los dos de las semifinales de la Copa del Interior. No fue posible ser el mejor perdedor. Tampoco lo fue. Y claro que razones hubo. Una sobre todas: el Salto a contramano.
El de la descompensación. El equipo que NUNCA encontró el partido. Que jamás pudo hacer pesar la localía, porque tampoco esto es cuestión de entorno, si en la cancha, los vaivenes adversos golpean la puerta y encandilan toda posibilidad de reacción.
Es que a Salto justamente LE FALTÓ REACCIÓN EN TODOS LOS PLANOS, pero sobre todo en el ESTRATÉGICO. Salto no supo qué hacer ni cómo alterar una situación en la que se fue embretando, con sus dudas para acecharlo, con sus carencias de conceptos para asistir a alguna perspectiva ocasional que nunca llegó.
LOS MALES, MALES FUERON
Seamos claros: Salto perdió en toda la línea. Defendió mal. Creó en cuenta gotas y fracasó en ofensiva. Pero sobre todo, fue resignando PERSONALIDAD colectiva. Salto no existió desde el valor equipo y no alcanzó con alguna rebeldía individual. Era el partido para la inteligencia táctica. Para el orden como bandera y la selección nunca la alcanzó.
Pregunta: el penal que no convirtió en gol Christian Cavani, ¿pudo haber cambiado la historia? Nunca se sabrá. Nunca. Tampoco un 1 a 0 transitorio no garantizaba nada, si el nivel posterior fue el que Salto finalmente alcanzó. Iban 17 minutos y el arquero rival supo de un mérito auténtico. Una doble reacción felina. Apuntar los cañones al defensa salteño, sería de un simplismo absurdo, porque esa fue una circunstancia de juego. Y Salto NO SUPERÓ esa circunstancia, para prolongarse en medio de su chatura imaginativa.
Los males de Salto, nunca fueron menores y arreciaron en la recta final, con volantes que fueron pero no volvieron. El ausentismo táctico de quienes más saben y la pelota llegando arriba, sucia siempre, salpicada de gruesas imprecisiones.
DISTANTE, LEJANO, GRIS
Acaso, en esas tres palabras pueda sintetizarse el Salto de la medianía. El de un par de situaciones a favor en el primer tiempo. Un frentazo de George dos Santos, un remate del «Chelo» Cavani y alguna más. Después en el segundo, cuando José González sacudió la zurda y el arquero rechazó tan bárbaro como siempre, hasta que sobre el final, Laforcada, casi en un acto de calentura, se mandó hasta el fondo y el remate al primer palo con el golero neutralizando. Pero todo fugaz. Todo tibio. Al margen de lo táctico y sin sentido de equilibrio, porque Salto NUNCA LO TUVO.
Por eso, el contragolpe se le abrió como puerta sin cerrojo, al Maldonado creativo, apto y con la resolución justa en el momento justo.
Salto concluyó rehén de su propia y amarga desventura. la fatídica noche del Salto a contramano. Nada es casual: ni en la vida ni en el fútbol. Siempre hay razones.
Y cuando la razones adversas ganan la partida, la historia solo puede escribir el final cantado. El final no querido. Pero también, el final-consecuencia, de ese Salto que no fue.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-