“La herencia que recibimos de la marmolería junto a papá desde hace 139 años, es el oficio”

Lidio Minatta Empresario

Lidio traía consigo raíces que le inculcaron profundamente el arte del trabajo tallado en mármol.
Todo lo que aprendió a realizar, desde que tuvo uso de razón, puesto que su abuelo Benjamín, luego su padre Humberto y luego él, siguieron en la misma tarea de brindar un reconocido servicio a la población salteña porque la demanda así lo requería.
Su empresa: “Marmolería Minatta” data del año 1876 y actualmente, es de las pocas reconocidas a nivel nacional como una de las más antiguas del país.
Lidio se casó con Elsa Pereira Castro para que a ese hogar llegaran dos hijos: Emilio y Alejandro. Ellos son los que le a punto2regalan con el tiempo cuatro nietos: Santiago, Angelina, Agustín y Camila.
Es su hijo Emilio quien también sigue orgulloso sus pasos, ya que contó con el apoyo de su mamá, hasta hace muy poco y con él, recordamos a su papá:
“Me crié entre los mármoles” nos dice Emilio.
“Papá era un hombre entregado al trabajo y a la familia, en un cien por ciento, ya que él era la tercera generación dedicada a la marmolería.
La fundó mi bisabuelo Benjamín Minatta luego se la transfirió a mi abuelo: Humberto Minatta y luego siguió papá también muy dedicado y convencido de poder mantenerla.
Pasado el tiempo y cuando papá ya no estuvo, fue mamá quien le dio continuación a la empresa conmigo a su lado.
Cumpliendo hoy ciento treinta y nueve años de vida, además contando con el aval de registros en la Liga de Comercio como una de las tres empresas más antiguas del país.
¿Cómo era su carácter?
Una persona muy alegre, muy difícil de hacerlo enojar, proveniente de una familia muy numerosa: Minatta Martignoni que vivían frente a Plaza Flores y todo el mundo lo conocía y lo apreciaba.
Recuerdo que nuestra casa ocupaba media cuadra por Diego Lamas y doblaba hasta donde actualmente se encuentra el Instituto Ieti, siendo todos los ocupantes familiares.
¿Con qué disfrutaba?
Era asiduo al Club Remeros, a Nacional, era jugador de básquetbol y vóleibol, muy querido entre sus compañeros.
Tenía una moto Vespa que anduvo toda la vida y junto a su primo Tobita Minatta, que es pintor, viajaban a todos lados en la Vespa con otros amigos en moto. Amaba su Vespa.
Disfrutaba con cenar todos juntos en casa. Los domingos almorzábamos un asado junto a los abuelos en el Martín José, o al Parque José Luis, o a la costa. Muy familiero.
¿Cómo acompañaba su esposa en sus actividades?
Siempre. Fueron muy compañeros los dos incluso en el trabajo.
Cando papá se hace cargo de la marmolería, ésta estaba ubicada en calle Asencio frente a ANTEL. Vivíamos al lado y llegaba la hora de cocinar, mamá se iba lo hacía y luego retomaba el trabajo en la empresa.
Llega papá un día a abrir el local y había un cartel que decía “Se Vende”, quedó muy sorprendido y en lugar de abrir y ponerse a llorar, ya que era imposible comprarlo, siguió por calle Larrañaga y en donde nos encontramos actualmente, era un terreno baldío.
Se instaló en él, por medio de un préstamo con sus amigos, y con él su familia.
Tuvo papá la mala suerte de fallecer joven, yo tenía 18, mi hermano Alejandro 12 años y fue mamá la que nos continuó guiando y haciéndose cargo de la empresa, como lo hacía exactamente cuando lo acompañó a papá mientras vivía.
¿En qué se basaba su trabajo en el mármol?
Si bien era una empresa de muchos años en manos de mi bisabuelo y de mi abuelo, no existía capital de bienes.
La herencia de la marmolería en si es el oficio. Papá lo que hizo fue tecnificarlo, lo modernizó y luego se expandió hacia el local de al lado con otros productos, hasta que falleció.
Pero la marmolería siempre fue su fuerte, con los trabajos tallados a mano, con la parte funeraria estuvo muy presente, así como la de obra.
Hoy en día ya no es grabado a mano. Era la gran preocupación suya para la familia con nosotros pequeños, porque es todo un arte, el saber tallar a mano. Lleva muchos años aprender.
Hasta que compró una máquina de grabar, que hoy ya dimos un paso más, pero en ese entonces fue la solución y su tranquilidad de que se podía seguir.
Así lo hicimos con mamá, cuando él fallece, hasta que ella se jubiló y ahora sigo yo haciéndolo.
¿Cuál fue su momento cumbre en la marmolería?
En la época de Salto Grande, sin duda.
Económicamente, muy bueno. Fue un gran empujón como así, para todo Salto.
¿Trabajó junto a su papá?
En realidad, nunca pude.
Porque estaba estudiando en Montevideo para seguir la carrera de Constructor, llego un fin de año de vacaciones y el fallece un 1º de enero. El día 20 del mismo mes tuvimos que abrir, sin otra opción.
Allí me pongo a trabajar con mamá, estudiando de noche hasta que me recibí.
Hace ya 30 años.
¿Por qué cree que le dio usted el sí a la marmolería y no a la construcción?
Porque la marmolería es el alma, la historia de mi familia.
Se está llevando a cabo en estudiantes de secundaria la historia de los cementerios como en toda América, desde el punto de vista arquitectónico y es la historia de mi familia.
Hay mucha documentación con el estudio sobre todo esto, es la historia de Salto. Desde las personas más humildes y de la campaña hasta los más renombrados han pasado por la empresa.
La mayoría de los panteones, venían de Italia por catálogo.
Era época de mi bisabuelo de mi abuelo, inclusive de papá, pero también el poder adquisitivo era otro, las tendencias también.
La modernización de todo, simplificó. Yo conservo algunos catálogos que están marcados para las familias que venían. Hace poco entre nuestras cosas encontramos un diario de 1913, que decía que había un representante en Salto y era Benjamín, mi bisabuelo.
Toda una vida dedicados a ello. Con seriedad, con responsabilidad, con sensibilidad. Y esto hace honor a los tantos años que acompaña a Salto. Es veinte años mayor que el Banco República la empresa, con continuidad real.
Una vez puse como texto en una publicidad, que Marmolería Minatta acompaña a la familia de Salto en momentos alegres y en los no tan alegres.
¿Qué le gustaba hacer con su papá?
Los sábados de tarde eran inolvidables. Lavábamos el auto y venían los muchachos a limpiar el taller y yo siempre jugando allí dentro.
a punto4Las idas al fútbol eran muy lindas, él era fanático de Nacional.
Era muy de los consejos, dejándolo que uno lo resolviera y a mí me ha servido toda la vida.
Yo llegaba de tardecita un sábado de jugar al fútbol y le decía: “papá, mirá que voy a salir”. Él me respondía: “¿te parece?, ¿mirá la hora que es?”. Siempre nos hacía responsables y partiícipes de todo.
Tenía yo por ejemplo que comprarme algo, (championes) él me mandaba al centro a preguntar cuánto salían, volvía y me daba el dinero, diciéndome que cuidara de que me quedaran bien, entre otras cosas. Esto me facilitó la vida.
Estando yo en Montevideo, me hacía ir a comprar y a pagar. Parecía que no tenía mucho sentido, pero eso me sirvió para conocer a la gente y relacionarme.
Me gustaba también ir a una casa que había comprado en termas donde era solo campos y era nuestro placer irnos los fines de semana para allí. Donde ni siquiera había agua corriente, íbamos a La Chinita a buscar.
¿Tiene alguna anécdota para compartir de su papá?
Sí, la que siempre me contaban, del día que la conoció a mamá, la conquistó con una guiñada, en una confitería céntrica El Zoro Cavana por calle Uruguay y con las vueltas que tiene la vida… la última comunicación que tuvieron los dos también fue por medio de una guiñada, estando él en el CTI antes de fallecer, como despedida.
¿Cómo cree usted que Salto lo recuerda?
Mucho. No es solamente en el cementerio que se ve su trabajo.
Hay placas recordatorias de personalidades por todo Salto, hechas por él. En el Faccebook hay una página que se llama “Reconstruyamos la memoria de los salteños” y allí se encuentra mucho de papá.
¿Cuándo fallece?
El 1º de enero de 1986, a los 56 años.
¿Qué heredo de él?
El apellido. En una ciudad chica puede ayudar mucho.
Me abrió las puertas aquí, en Montevideo y en todos lados.
El cariño que la gente me transmite, es increíble. Pasaron treinta años y me sigo sintiendo orgulloso de él y su forma de ser. La gente lo recuerda con cariño, por su solidaridad incluso. Siempre que había alguien que no podía acceder a sus servicios o le costaba abonarlos, él se lo obsequiaba sin problemas.
¿Qué le faltó hacer con papá?
Muchas cosas. Como padre me faltó. Faltó que me enseñara más en cuanto a la tarea que realizamos.
Estoy muy agradecido a mamá que ha sido fundamental para nosotros. Ha sido muy importante como coraje y como apoyo.
Nadie apostaba por una mujer con dos hijos adolescentes y una marmolería al frente y sin embargo salimos adelante por ella, manteniendo las cosas que ha dejado papá.
Soy un agradecido de esa enseñanza que recibimos tanto de papá como de mamá. Nos protegían, pero no nos sobreprotegían.
¿Cómo lo define a su papá?
Como una persona trabajadora y dedicada cien por ciento a su familia. Haciéndonos partícipes de todo y valorando mucho a mamá. Consultándole y consultándonos todo.
Con una visión de futuro, no solo en lo económico. Para su familia, siendo muy protector y visionario.
Es una pena no haber aprendido más con él, porque hay cosas de las cuales él cuidaba y nos aconsejaba en el caso de que faltara. Pasaron treinta años, se ha modernizado todo, pero yo las sigo aplicando.
Siento esa pena de no haber podido estar más tiempo con él, pero por suerte la tuve y la tengo a mamá, que fue la que “me pasó la posta”.
Me siento orgulloso de ella.