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La huella está trazada…

Obrar con seriedad y responsabilidad en la producción agropecuaria y en especial en la selección del material genético, es a la vez uno de los aspectos más valorados por el hombre de campo y uno de los reconocimientos más difíciles de conseguir en el sector.pog 2 IMG-20180911-WA0033 [1]
Es que a la hora de hacer una inversión en un reproductor, para mejorar un rodeo o un plantel, el productor no sólo tiene que disponer de sumas importantes, sino que también necesariamente debe confiar en el ojo, el conocimiento y la responsabilidad de los orientadores de las cabañas en las que hará la inversión.
Los Hnos. Carlos y Raúl Correa supieron ganarse no sólo el respeto, la credibilidad de los productores ovinos, sino también su confianza. Sus conocimientos fueron valorados y sus opiniones buscadas, porque nadie como ellos sabía y entendían de la cría del Merino Australiano en la región.
Cabañas San Antonio e Ibirapitá, supieron alternar en los mejores años del Merino Australiano en el país. En tiempos en que el Merino Australiano estaba dominado, tanto en El Prado, como en Palermo (Argentina) y Esteio (Brasil), ellos, junto a los Hnos. Jorge E. y Daniel Grasso (El Totoral) y (El Boquerón) y don Ramón Chouhy (San Ramón), se destacaban nítidamente con sus ejemplares.
Conocedores a fondo de las características de la raza no los vimos hacer alardes de sus conocimientos. No les gustaban las fotos ni las cámaras de televisión. Tampoco eran partidarios de hacer declaraciones radiales y sin embargo a todo el sector interesaban siempre sus opiniones.
No sólo contribuyeron en buena medida a difundir y fomentar la raza de lana más valiosa en nuestra región, sino que obraron siempre en forma conjunta verdaderamente “hermanados” y cada uno buscaba saber que pensaba el otro a la hora de tomar una decisión.
De allí que juzgamos que les debíamos este reconocimiento a quienes tuvimos oportunidad de conocer en nuestra labor para rurales de El País y El Pueblo. Su bonhomía y su prestigio nos llamó siempre la atención.
Supieron formar familias y sucesores que hoy siguen la huella dejada, con mucho amor por el campo, actividad que supieron encarar y trasmitir como a ellos les gustaba.
La reciente desaparición de Carlos, el segundo de los hermanos, nos decidió a expresar estas líneas. Nada mejor y más justo que reconocer estas lecciones de vida en ocasión de la mayor muestra ganadera del país que tantas veces los tuvo como protagonistas…
A.R.D