La Justicia absolvió a los enfermeros acusados de asesinar a 15 pacientes

Este jueves la Justicia absolvió a los enfermeros, Marcelo Pereira y Ariel Acevedo que habían sido acusados de asesinar a 15 pacientes, según dijeron a El Observador fuentes judiciales.
El fiscal Gilberto Rodríguez pidió en julio de 2013 la condena de 16 años de penitenciaría para el enfermero Pereira y de 14 años para Acevedo, “por reiterados delitos de homicidio especialmente agravado por la premeditación en grado de tentativa”. Ambos fueron procesados con prisión en marzo de 2012.
Un extracto de la sentencia a la que pudo acceder El Observador indica que «nadie los vio (a los enfermeros) hacer nada a ningún paciente» y agrega que «nadie escuchó de los propios encausados que provocaran muerte» de personas que estaban internadas.
Además se recuerda que si bien en un principio se habló del aumento de la tasa de mortalidad en el Maciel, éstas «no fueron tales finalmente».
Respecto a los medicamentos incautados a Pereira, la sentencia indica que las instituciones médicas donde trabajaban los enfermeros explicaron que «no les pertenecen a ellos porque no han tenido bajas significativas y que es difícil que sean hurtados por el protocolo que a los efectos se lleva y agregan que pueden ser comprados en cualquier farmacia, Pereira y su esposa dicen que les fue indicado por alguna dolencia puntual».
La nueva fiscal de la causa, Mónica Ferrero, anunció que apelará la sentencia, según dijo a El Observador.
La confesión de los enfermeros era la única prueba sólida que aparecía en el expediente. Las pericias forenses y un informe que Raúl Gabus, entonces director del hospital Maciel, donde trabajaba Pereira, envió al Ministerio de Salud Pública (MSP) plantean que no había elementos que indiquen, con firmeza, que las supuestas víctimas hayan sido asesinadas.
El Jefe del Centro y el Director del Hospital, «iniciaron una Investigación que no arrojó resultados significativos y que tampoco obtuvo pruebas de la responsabilidad de Pereira como para denunciar, eran sospechas infundadas dijo el Director», dice el documento.
«Se necesita más que una sospecha para condenar, se necesita más que una probabilidad, se necesita la certeza de la existencia del hecho delictivo y de la culpabilidad del o de los encausados, la condena sólo será legítima cuando las pruebas la hagan inevitable, cuando no haya más remedio», agrega la sentencia.
Las pruebas que
no aparecieron
Pereira confesó haber matado a cinco pacientes en el Hospital Maciel mediante la inyección de morfina, y Acevedo, a 10 pacientes en la Asociación Española mediante la inyección de aire en el cuerpo, pero, según las pericias forenses, no habrían logrado consumar su intención. Aunque lo intentaron y creyeron haberlo hecho, los informes forenses plantean que no hay pruebas que señalen que lo hicieron. Luego los enfermeros se retractaron de sus declaraciones. Gladys Lemos, fallecida en el Hospital Maciel, fue la única víctima a la que se le realizó una autopsia. Los médicos forenses encontraron lidocaína en la sangre de Lemos y en su orina, además, “un metabolito de morfina a nivel de trazas”. Con base en “los elementos disponibles clínicos, anatomopatológicos y toxicológicos”, el tribunal médico forense concluyó en su informe que se trató de “muerte natural”.
Sobre siete casos, el tribunal forense informó que “la muerte era esperable y en algunos casos inevitable en el breve plazo”. El informe agrega: “Si bien la hipótesis de una intervención externa pudo haber acelerado la evolución fatal, no se advirtió en ninguno de los casos una peoría inesperada y súbita de la situación clínica y la evolución seguida por el paciente”. Otro elemento confuso es que Pereira confesó haber matado a cinco pacientes, entre ellos a Teresa Cuello y Enrique Yarle. Sin embargo, el informe que el director del Hospital presentó en el MSP, agregado al expediente el 27 de marzo de 2012, sostiene que Pereira no trabajó ni estaba en el hospital cuando esos dos pacientes murieron. En cuanto al accionar del otro enfermero, un integrante del tribunal médico forense que estudió los casos dijo El Observador, en  setiembre de 2012, que “es prácticamente imposible rastrear si una persona murió por una inyección de aire”, el método que Acevedo declaró haber usado. Y si no se comprueba que fue un crimen, no hay homicida.

Este jueves la Justicia absolvió a los enfermeros, Marcelo Pereira y Ariel Acevedo que habían sido acusados de asesinar a 15 pacientes, según dijeron a El Observador fuentes judiciales.

El fiscal Gilberto Rodríguez pidió en julio de 2013 la condena de 16 años de penitenciaría para el enfermero Pereira y de 14 años para Acevedo, “por reiterados delitos de homicidio especialmente agravado por la premeditación en grado de tentativa”. Ambos fueron procesados con prisión en marzo de 2012.

Un extracto de la sentencia a la que pudo acceder El Observador indica que «nadie los vio (a los enfermeros) hacer nada a ningún paciente» y agrega que «nadie escuchó de los propios encausados que provocaran muerte» de personas que estaban internadas.

Además se recuerda que si bien en un principio se habló del aumento de la tasa de mortalidad en el Maciel, éstas «no fueron tales finalmente».

Respecto a los medicamentos incautados a Pereira, la sentencia indica que las instituciones médicas donde trabajaban los enfermeros explicaron que «no les pertenecen a ellos porque no han tenido bajas significativas y que es difícil que sean hurtados por el protocolo que a los efectos se lleva y agregan que pueden ser comprados en cualquier farmacia, Pereira y su esposa dicen que les fue indicado por alguna dolencia puntual».

La nueva fiscal de la causa, Mónica Ferrero, anunció que apelará la sentencia, según dijo a El Observador.

La confesión de los enfermeros era la única prueba sólida que aparecía en el expediente. Las pericias forenses y un informe que Raúl Gabus, entonces director del hospital Maciel, donde trabajaba Pereira, envió al Ministerio de Salud Pública (MSP) plantean que no había elementos que indiquen, con firmeza, que las supuestas víctimas hayan sido asesinadas.

El Jefe del Centro y el Director del Hospital, «iniciaron una Investigación que no arrojó resultados significativos y que tampoco obtuvo pruebas de la responsabilidad de Pereira como para denunciar, eran sospechas infundadas dijo el Director», dice el documento.

«Se necesita más que una sospecha para condenar, se necesita más que una probabilidad, se necesita la certeza de la existencia del hecho delictivo y de la culpabilidad del o de los encausados, la condena sólo será legítima cuando las pruebas la hagan inevitable, cuando no haya más remedio», agrega la sentencia.

Las pruebas que no aparecieron

Pereira confesó haber matado a cinco pacientes en el Hospital Maciel mediante la inyección de morfina, y Acevedo, a 10 pacientes en la Asociación Española mediante la inyección de aire en el cuerpo, pero, según las pericias forenses, no habrían logrado consumar su intención. Aunque lo intentaron y creyeron haberlo hecho, los informes forenses plantean que no hay pruebas que señalen que lo hicieron. Luego los enfermeros se retractaron de sus declaraciones. Gladys Lemos, fallecida en el Hospital Maciel, fue la única víctima a la que se le realizó una autopsia. Los médicos forenses encontraron lidocaína en la sangre de Lemos y en su orina, además, “un metabolito de morfina a nivel de trazas”. Con base en “los elementos disponibles clínicos, anatomopatológicos y toxicológicos”, el tribunal médico forense concluyó en su informe que se trató de “muerte natural”.

Sobre siete casos, el tribunal forense informó que “la muerte era esperable y en algunos casos inevitable en el breve plazo”. El informe agrega: “Si bien la hipótesis de una intervención externa pudo haber acelerado la evolución fatal, no se advirtió en ninguno de los casos una peoría inesperada y súbita de la situación clínica y la evolución seguida por el paciente”. Otro elemento confuso es que Pereira confesó haber matado a cinco pacientes, entre ellos a Teresa Cuello y Enrique Yarle. Sin embargo, el informe que el director del Hospital presentó en el MSP, agregado al expediente el 27 de marzo de 2012, sostiene que Pereira no trabajó ni estaba en el hospital cuando esos dos pacientes murieron. En cuanto al accionar del otro enfermero, un integrante del tribunal médico forense que estudió los casos dijo El Observador, en  setiembre de 2012, que “es prácticamente imposible rastrear si una persona murió por una inyección de aire”, el método que Acevedo declaró haber usado. Y si no se comprueba que fue un crimen, no hay homicida.







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