La Maison Perdue – La Casa Perdida

Viajero constante, no por elección, sino por destino.  Javier Pérez Méndez,  “artista albañil” como se identifica. Una y otra vez por distintas razones lo han empujado a emigrar, que le ha signado este destino de ser en este mundo un “viajero sin tierra”.

Desde lo más hondo, busca incansablemente “ser en el colectivo”, pertenecer a una comunidad, a una familia. Como todo ser humano tiene el derecho de tener una identidad, es una  necesidad vital que deja traslucir en la reconstrucción de un puzle de recuerdos, donde aparecen como retazos, como flashes  “Le maison perdue” (la casa perdida).

Si nuestra inteligencia emocional nos hace conservar aquellos recuerdos placenteros de lo vivido durante la infancia quedando grabados a fuego en nuestra memoria; en esta autobiografía, el artista nos presenta,  no  la casa lujosa, sino la simple casa, la que llamamos hogar, la que conserva esa unidad en el concepto de familia, de comunidad que contiene.

Esa casa que tal vez siempre estuvo en constante construcción, como si se tratase de construir ladrillo por ladrillo su propia identidad.

“La casa en permanente construcción”, en permanente cambio, nos habla que la identidad no existe, que la vamos creando  en base a mitos, estos que para el artista se fundamentan en la añoranza de esta “maison perdue”, convirtiéndose en recuerdos imborrables de un pasado idílico sin temores, sin incertidumbres, sin ausencias.

“La casa en construcción”  como modelo estético se convierte para Javier Pérez Méndez en una necesidad casi imperiosa de colocar cada día un ladrillo, donde algún día se modele  una sólida pared que encierre esta identidad, que le reconozca, que le de sentido a su vida.

El arte “se pliega y se despliega” en “La maison perdue” que consta de varias composiciones que se suceden, como un relato.

Desde un análisis semiótico podemos hacer una lectura de “La maison perdue” donde se representa casi como flotando en una nube, no hay raíces, cimientos, es como en los sueños donde todo flota.

Las paredes despintadas, indican el pasaje del tiempo  y la ausencia, el abandono, el silencio.

Esos lugares comunes que muchos de nosotros hemos guardado en nuestra memoria, los objetos que hoy ya no tienen cabida en nuestras casas y tal vez se alejan de nuestro corazón.

Javier nos entrega su intimidad, nos invita a la introspección, a buscar nuestras raíces en esos pequeños recuerdos, recuerdos cotidianos de una niñez perdida, de una inocente y frágil memoria.

Su arte intimista se convierte en un lugar común para muchos de nosotros que por edad y vivencias nos acercamos a su realidad transparente.

Nos invita a escudriñar en nuestro interior, nos habla de “no avergonzarnos” de nuestro pasado, ya sea individual o colectivo, sino que lo integremos fortaleciendo este presente en esta casa que es nuestra identidad, poniéndole cada día un ladrillo, un revoque, una viga, una cubierta que nos proteja de nuestra muchas veces ignorancia afectiva.

Si el modelo estético “la casa en construcción” ha sido un modelo de arte elitista,  Javier nos lo trae a nuestra realidad y nos lleva con su arte a un lenguaje popular. Se acerca al espectador porque el también es pueblo.

Aunque haya vivido en las grandes urbes, Buenos Aires, París, Montevideo, nos rescata esos retazos de memoria de un tiempo tal vez feliz, donde sus ojos se abrieron por primera vez y reconocieron estos espacios, tan suyos convertidos en pliegues de historia.

No hay cimientos, hay paredes despintadas que encierran una historia; no hay techo que cobije, la casa pende de una nube al estilo de las pinturas orientales, como si flotara en la mente y el corazón del artista.

Objetos que han dejado olvidado los antiguos habitantes de esta casa.

Hay una parte de nuestra identidad que se sostiene y se reconoce en los objetos tangibles y otros que flotan en el aire, los intangibles,  el sonido, las voces, las risas, que lejanas le dan calor al silencio ensordecedor del olvido.

CURADORA:

Ana María Barreto

Ana María Barreto Ríos, docente de Historia del Arte en IPA (Montevideo). Posee un postgrado en Educación Artística y Museos en la Universidad de Valencia (España-2007).

Ha trabajado para la Fundación de las Artes en Valencia en la IV Bienal Sâo Paulo-Valencia (España 2007)-

Ha realizado la curaduría en Zaragoza en el Espacio Orienta del fotógrafo César Ceniceros (La Rioja España) Febrero 2007.

Actualmente dictando el seminario-taller de Teoría, Metodología e Investigación en Artes Visuales en el Centro Regional de Profesores del Litoral (Salto).







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