“La memoria en las sociedades, más en las contemporáneas, es muy frágil. Esto que estamos viviendo ahora va a ser una simple anécdota en las conversaciones de fin de año”

Entrevista a Martín Gamboa

Martín Gamboa es Licenciado en Antropología por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República) y se encuentra Doctorando en Antropología Social en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín, Buenos Aires. Es docente e investigador en el Departamento de Turismo, Historia y Comunicación en el CENUR Litoral Norte (Sede Salto), Universidad de la República. Desde el año 2018 integra el Sistema Nacional de Investigadores en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII).
EL PUEBLO consultó a Gamboa sobre el extraño comportamiento que tuvo parte de nuestra sociedad al momento de conocerse la noticia que en nuestra ciudad se encontraban dos personas infectadas con coronavirus, tratando de entender lo que pasó desde un punto de vista antropológico.Nueva imagen

– ¿Cómo puede interpretarse lo ocurrido la semana pasada cuando tomamos conocimiento que en Salto se habían diagnosticado dos casos de coronavirus y mucha gente salió corriendo a los supermercados y a las farmacias a comprar mercaderías y productos higiénicos desbordando y vaciando todas las instalaciones?
– Para responder quiero remitirme a un estudio clásico dentro de las ciencias sociales y de la arquitectura, de un urbanista y arquitecto francés que falleció en 2018, Paul Virilio, cuyo libro se llama “La inseguridad del territorio”, un libro escrito en la década del 70, donde se anticipaba todo este tipo de fenómenos que tiene que ver con el pánico social y la circulación del medio en las postrimerías del siglo veinte. Justamente, él utilizaba ya en ese libro un término que en ese momento acuñó, que es “la ciudad del pánico”, donde dice que en las grandes metrópolis a fines del siglo veinte se iban a transformar en ciudades de pánico porque es ahí donde el miedo sería un componente fundamental en la constitución de estas grandes urbes y especialmente de los sujetos, lo que se conoce en antropología como los procesos de subjetivación. Esto significa que el miedo es funcional como dispositivo de poder y que se puede activar en cualquier momento ante una situación de catástrofe o ante una situación de guerra o en una situación como la que estamos viviendo, de un virus que circule. Esto no significa que el miedo no forme parte de la condición humana y no haya existido antes, sino que justamente, el miedo es algo inherente al ser humano.
Me viene en este momento a la cabeza un libro de Jean Delumeau, para quienes les interesa este tema, y que se llama “El miedo en occidente”, donde plantea un recorrido histórico genealógico de lo que es el miedo en la cultura occidental. En dos o tres capítulos analiza el tema del miedo en lo que fue la peste bubónica o la peste negra que azotó a Europa y gran parte de Asia durante alrededor de cien años. Delumeau, establece dos categorías, los miedos culturales y los miedos naturales. Él sostiene que hasta el siglo dieciocho fueron predominantes los miedos naturales, como los generados por las epidemias, las catástrofes, etcétera. Luego del siglo dieciocho y de ahí en adelante esos miedos fueron sustituidos por los miedos culturales, que obviamente tienen que ver con el ascenso y consolidación, luego de la modernidad, que genera esa idea del hombre omnipotente cuyo reflejo es la ciencia. Es decir, el ser humano es capaz de controlar todo. Lo que genera el coronavirus es la imposibilidad de controlar eso.

Pero el trabajo de Virilio tiene la virtud de anticipar todo este tipo de fenómenos, afirmando que el miedo forma parte justamente de la composición de las grandes ciudades en los procesos de urbanización. Y no se refería solamente al miedo a contagiarse o ser transmitido por un virus sino también al miedo a quedarse sin trabajo, al miedo a quedarse sin electricidad, etcétera. O sea que Virilio en ese sentido ya anticipaba lo que estamos viviendo actualmente.

– Pero nunca se había visto en Salto lo que en cambio sí se ha visto por televisión en otras partes del mundo, ¿por qué se dispara esta situación ahora y no antes?
– Hoy hablaba justamente con Sonia Romero, que es la ex directora del Departamento de Antropología Social en la Facultad de Humanidades, y le comentaba esto, que es la primera vez que veo en la historia de Salto un pánico tan grande, como tú bien decías en una de tus columnas del diario, una histeria colectiva. Pienso que tiene que ver con muchas cosas, acá hay muchas variables que se cruzan, como que hay muchos niveles en el análisis. En primer lugar, obviamente toda la magnificación y el papel que han tenido las redes sociales y los medios de comunicación en esto, el poder no digo desmedido, pero existe una especie de fetichización de lo que es locientífico en sí. Hemos escuchado diferentes tipos de audios que lo que hacen es generar mucho más estrés y pánico en la población. Habla un médico que dice que el coronavirus es prácticamente insignificante, que la tasa de mortalidad es muy baja. Ahora de tarde estaba leyendo que parece que en Rusia una bióloga molecular dice que el coronavirus en realidad una vez que pasa no se termina de curar, adquiriendo la condición de crónico. Entonces, todo esto va generando una psicosis en las personas que generan estrés y miedo, máxime teniendo en cuenta en Uruguay nuestra cultura, que es muy agonística, todas estas variables entremezcladas generan obviamente una psicosis y una paranoia que es algo increíble, totalmente desmesurada en torno al fenómeno.

“Uno no puede suspender de forma abrupta la vida cotidiana para encerrarse”

– ¿Y cómo podría controlarse? Pregunto pensando en la gente que concurre a los supermercados y los vacía.
– Ahora comienza el debate dentro del campo médico y de la bioética sobre cuáles son los protocolos adecuados. Se está poniendo el caso de Inglaterra, por ejemplo, que dejó que el virus actúe, y no tomó ninguna medida salvo con los inmunodeprimidos. En contrapartida tenemos el caso de Italia, por ejemplo, que generó y determinó medidas extremas. No estoy diciendo que ni la modalidad que adoptó Inglaterra ni la modalidad que tomó Italia sean la válida, porque el virus tarde o temprano iba a entrar, eso es un hecho. Lo que sí creo es que –y acá entramos dentro de otro campo que no es el mío- es el referido al papel y rol que juegan los medios de comunicación, y comenzar a pensar que la comunicación no solamente se llega por las vías racionales…

– ¿Qué significa?
– Que, por ejemplo, por más que un médico se ponga a explicar durante diez horas por día que el tapaboca es solamente para aquellas personas que están infectadas, que no vale la pena y que no tiene sentido que las personas que no estén infectadas lo usen, igual la población lo va a usar. Entonces digo que hay que empezar a pensar la comunicación no por las vías racionales. Por ejemplo, lo que pasó en Estados Unidos, donde se agotó el papel higiénico. Eso no tiene nada que ver con el coronavirus…

– En ese sentido, pude apreciar algo muy extraño que no encontré ninguna explicación, en un supermercado de Los Ángeles (Estados Unidos) la góndola de los pañales también había sido vaciada por la gente.
– Claro, ahí va. Entonces tenemos que empezar a entender que el discurso racional que se transmite por parte del Estado no va a llegar. Es decir que el sujeto al cual ese discurso debería llegarle, no lo va a leer de la misma forma que lo puede leer un especialista o un infectólogo, un virólogo o un médico, eso es lo que nosotros tenemos que entender, y a partir de ahí, es que nosotros podremos entender todos estos fenómenos de la histeria colectiva o psicosis social. Lo que recomiendo a la gente, es que hay que tratar de llevar una vida normal hasta que pase todo esto, y luego me imagino que deberá haber todo un replanteo de los protocolos de acción. Estoy casi seguro que dentro de un mes esto va a desaparecer como problema, y el virus va a continuar. Ahí deberá haber de nuevo toda una revisión y crítica a todo el pánico que se generó con el tema de la cuarentena, etcétera, etcétera.

– Luego de escucharlo me queda la sensación que se trata de un tema cultural nuestro, que el miedo lo tenemos instalado y cuando se produce un click en algún lado de nuestra cabeza, actuaremos o reaccionaremos de esa forma. La novedad es que nunca lo habíamos visto a esa reacción en Salto…
– Es increíble, pero, por ejemplo, no se habla de una enfermedad tropical desatendida que padecemos que es la enfermedad de Chagas, que es tremenda…

– Y tampoco del dengue…
– Exactamente. La enfermedad de Chagas tiene una mortalidad superior a la malaria y al dengue juntos en América Latina, imagínese la dimensión que tiene esto, y sin embargo nosotros no hablamos de eso, del Mal de Chagas, el trypanosoma cruzi, cuyo vector es la vinchuca. Y ante este virus, que tiende a cero salvo en las personas inmunodeprimidas, se genera todo un pánico social y una alteración que puede después generar, si es sostenida en el tiempo, un estrés en las personas. Uno no puede suspender de forma abrupta la vida cotidiana para encerrarse. De todas formas, hay que ir adelantando que, ante la inminencia de la llegada de otro virus en años venideros, estoy seguro que vamos a vivir una situación bastante similar. Es decir que esto por más que se reformule a través de los protocolos de acción, se puede atenuar, pero la psicosis en algún momento se va a disparar de nuevo. Se dice que de esto vamos a aprender mucho, eso también se dijo cuando sufrimos la pandemia de gripe que azotó a Uruguay entre 1918 y 1919 donde fue impresionante la cantidad de decenas de muertos que hubo.
Quiero decir que la memoria en los sujetos y en las sociedades, más en las contemporáneas, es muy frágil.
Como todo virus tiene una temporalidad, a fin de año, esto que estamos viviendo ahora va a ser una simple anécdota y quizás ni siquiera llegue a eso en las conversaciones de fin de año.
Esto parece una locura, pero las ciencias sociales y en particular la antropología lo ha demostrado.

Perfil de Martín Gamboa

Soltero. Es del signo de Acuario. De chiquito quería ser bombero. Es hincha de River Plate F.C. de Salto.¿Alguna asignatura pendiente? Vivir un tiempo con un grupo nómade. ¿Una comida? Shawarma. ¿Un libro? «Trópico de Capricornio» de Henry Miller. ¿Una película? «ZOO. Una Z y dos ceros» de Peter Greenaway. ¿Un hobby? Jugar al Tenis de Mesa. ¿Qué música escucha? The Doors. ¿Qué le gusta de la gente? Que sea positiva. ¿Qué no le gusta de la gente? Que no tenga aspiraciones en la vida.