La novela de Macri y Cristina, y la independencia del Poder Judicial

La medida cautelar pedida por el presidente entrante de la República Argentina, Mauricio Macri contra quien hasta

Hugo Lemos

Hugo Lemos

anoche fue la mandataria de ese país durante los últimos 8 años, Cristina Fernández de Kirchner, tuvo un golpe de efecto político e institucional, que en cierta medida se contagia a la situación que vive por estas horas el Poder Judicial uruguayo con el Poder Ejecutivo de nuestro país.
Lo que ocurrió en Argentina por estos días, fue una pulseada política que terminó rayando en aspectos jurídicos. Algo que derivó en aplicar a rajatabla y en sentido estricto lo que establece la Constitución de la República de ese país, quizás como pocas veces porque hasta las leyes interpretativas muchas veces no establecen nada a cabalidad como lo hace una norma constitucional, donde haciendo un juego de niños, ambos mandatarios, la saliente y el entrante, disputaron qué interpretación le daban al asunto y si esto generaba la razón para que alguno de los dos, se terminara atribuyendo la razón sobre un punto inverosimil, si se tiene en cuenta lo que está en juego.
En ese sentido, Cristina Fernández repitió hasta el cansancio que lo que iba a hacer era aplicar la Constitución de la República y por eso el presidente entrante iba a tener que recibir los honores que lo investirían como tal, en el Congreso (sede del Parlamento) y no en la Casa Rosada, tal como acostumbran a hacerlo los mandatarios como símbolo de toma de mando del Poder Ejecutivo en los tiempos de democracia.
“Lo vamos a hacer tal como lo establece la Constitución”, repitió Fernández y se remitía a una interpretación estricta de la ley que establece que el 10 de diciembre el presidente electo debe prestar juramento ante el Congreso de la Nación. Entonces como nada dice de que después vaya a la Casa Rosada, donde acostumbra a esperarlo el presidente saliente para entregarle el bastón de mando, Cristina Fernández decidió no hacerlo y como si fuera poco tampoco concurrir al Congreso, entendiendo que la Constitución nada decía al respecto.
Tras la novelesca historia que todos conocimos a través de los medios de comunicación y hasta de los programas de chimento de ese país que son muchos, las cosas se hicieron pues a ese modo, es decir, interpretando cabalmente lo que decía la Constitución de la República Argentina.
En ese sentido, Mauricio Macri decidió solicitar ante la justicia, una medida cautelar que no le permitiera a Cristina Fernández violar la Constitución y entonces llegado las 00:01 del día 10 de diciembre, la anteriormente mencionada no podía estar ostentando el cargo de presidente.
Por lo tanto, Macri solicitó, amparado en una interpretación estricta de la Carta Magna (que en el caso de Argentina ha tenido tantas violaciones y atropellos, que hasta es buena cosa celebrar que ahora se exija una interpretación estricta y piedeletrista de sus nomas) que la justicia revocara el ejercicio de la presidencia a Cristina Fernández de Kirchner a las 23:59 con 59 segundos del día de ayer 9 de diciembre.
A lo que haciendo también otra interpretación al pie de la letra de la Constitución de ese país, la jueza hizo lo propio e hizo lugar a la medida cautelar. Esto generó un cuestionamiento en el orden jurídico interno de ese país, acerca de si los usos y costumbres son o no son, fuente de derecho. A la vez de si los reglamentos, decretos y ordenanzas, tampoco lo son, como sí ocurre con el ordenamiento jurídico uruguayo, donde si bien la Constitución está por encima de todo, hay cierta flexibilidad en función del resto del cuerpo normativo, que puede dar una segunda mirada a las cuestiones que nos proponen las normas constitucionales.
En ese sentido, el Poder Judicial terminó jugando un rol decisivo y zanjando una discusión política entre dos mandatarios, lo que dejó demostrado que en Argentina la independencia judicial, es positiva su existencia y es un ejemplo que el Estado de Derecho, al menos en líneas generales, se respeta.
En Uruguay hace pocos días, el vicepresidente Raúl Sendic, le dijo al semanario Búsqueda, que el Poder Judicial tiene un complejo de “superindependencia”, algo que es buena cosa que exista y que así sea, porque el día que el Poder Judicial no funcione y piense lo contrario, creyendo que se debe a lo que diga el poder político, como dice el personaje Roberto en el cuento de María Elena Walsh, Dailan Kifki, “estamos fritos”.







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