La penumbra que es necesario condenar

Una cosa es jugar. La otra es jugar a costa de lo que sea o como sea y frente al entorno menos pensado. Que el Parque Ernesto Dickinson sea parte de una nueva situación en materia de red lumínica, ambienta la chance para los otros clubes, accederán a otra realidad en sus escenarios.
Que en esos campos de juego no solo se pacten partidos, sino que además SE VEA. Se observe lo que ocurra. Que se distinga a quienes son parte del juego. En los últimos años, acaso por obra de la necesidad misma, los partidos nocturnos se han fijado, sin evaluarse el estado de la red lumínica, ¿Cuál es el rol en este caso de la Comisión de Field?
Es inentendible y sonoramente absurdo, que partidos oficiales se hayan disputado EN PENUMBRAS. No hace tanto tiempo atrás en EL PUEBLO, Ramón Rivas (Director Técnico de Universitario), apuntó desde la elocuencia más elemental: “Hay canchas que son para practicar, no para jugar partidos”.
En algunos casos, futbolistas que confiesan: “Dentro de la cancha, se ve y se puede uno manejar bien. No hay mayores reparos”. Pero el tema clave a tener en cuenta que el fútbol es UN ESPECTÁCULO, AL QUE SE ACCEDE, PAGANDO UNA ENTRADA. Por lo tanto, es imperativo sin más trámite que el aficionado sea blanco del respeto en esa dirección: EL DERECHO DE VER LO QUE PASA Y NO SUPONER LO QUE PASA, porque simplemente en este caso, la insuficiencia lumínica marca la cancha. De lo que se trata en la medida que se pueda, es JERARQUIZAR el espectáculo. Las luces no generan un espacio libre para que los volantes lleguen, ni es capaz de producir una gambeta. Pero sin embargo, hace al entorno. Lo nutre. Lo distingue. Mientras el convencimiento debiese ser real: a la penumbra hay que condenarla. Que no quede otra. Que no quede. Condena y punto.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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