“La poesía es una religión, una forma de entender el mundo y el trasmundo”

El poeta Jorge Arbeleche cerró Ciclo Literario en Liceo Salesiano.

Este viernes finalizó el ciclo literario de tres jornadas organizado por alumnos de cuarto año del Liceo Salesiano. El poeta, ensayista y docente capitalino Jorge Arbeleche fue quien tuvo a su cargo la última disertación. En los dos viernes anteriores habían participado: Mario Mele, poeta sanducero, y Juan Introini, narrador montevideano.

La poesía y la paz:

Arbeleche comenzó reflexionando sobre la importancia de la poesía como generadora y transmisora de paz. “El mundo vive de guerra en guerra –dijo- sin embargo, entre ellas están los momentos de paz, los momentos de amor”. Y esas treguas son el lugar de la poesía. A propósito recordó una página de José Enrique Rodó en la que una abuela, en medio de la primera guerra mundial, le desea una feliz nochebuena a su nieta, en el momento de una despedida. El autor de la página  primero piensa en la torpeza, en la ignorancia de ese deseo casi imposible de cumplirse en días de tremenda convulsión. Sin embargo, después recapacita y se da cuenta que el equivocado es él, y que la anciana con su optimismo, es de las personas que hacen avanzar el mundo. Arbeleche defendió la idea que la poesía es capaz de generar encuentros felices, de abrir ámbitos de paz y fraternidad: “Desde la época de la barbarie hasta hoy, hay un momento en que el hombre se encuentra con el hombre, puede ser la pareja humana, puede ser la fraternidad, la filialidad. Una de las páginas mayores para mí es el Canto 24 de la Ilíada, cuando el Rey Príamo va a la tienda de su enemigo Aquiles a rescatar el cadáver de su hijo y en ese momento ambos se miran pero no como enemigos, ni siquiera como adversarios, sino como dos seres humanos y cada uno siente respeto y misericordia por el otro. Ese es uno de los temas que vertebran la humanidad entera, aparte de vertebrar mi último libro, La Sagrada Familia. La misericordia, el amor humano en todas sus dimensiones, que incluye al amor divino, constituyen la base para un posible entendimiento del mundo. La poesía es esa manifestación del espíritu humano que toca una zona, un nivel, una dimensión, que está más allá  de nuestros propios límites. Y yo la denomino zona de lo sagrado. Para mí la poesía es una religión, es una forma de entender el mundo y el trasmundo”.

Tener éxito no, triunfar…

Refiriéndose a un video preparado por los liceales sobre su vida y obra, que fue exhibido previo a sus palabras, el poeta dijo sentirse emocionado y conmovido con el homenaje, y explicó: “Yo no lo siento como éxito, porque esa es una palabra que no me gusta, sino como un triunfo. Es el triunfo de que la voz  poética traspasa el libro y llega al lector. La palabra éxito no es que esté mal, pero a mí me suena más a lo exterior, a lo que son luces de artificio”.

Salto y Marosa:

“Para mí estar aquí en Salto significa mucho, porque quiero al Uruguay, no sólo a mi Montevideo, que es una ciudad que amo entrañablemente. Quiero al Uruguay que conocí más en profundidad a través de mi tarea como Inspector de Literatura. Y no puede estar ausente acá un nombre que es una presencia, un nombre que es un poema: Marosa. Nunca la vi en Salto, nunca coincidimos en Salto; fuimos amigos, realmente amigos en Montevideo. Fuimos amigos en la misma medida que se puede ser amigo de un mito pero, a la vez, de un mito muy cercano. Marosa tenía amor, era un ser esencialmente bueno, generoso y mágico. Tenía toda la magia y la prodigaba. Mi recuerdo permanente entonces para Marosa, en Salto, en Uruguay y donde sea”.

ANÉCDOTAS:

Una buena parte de su alocución, Jorge Arbeleche la dedicó a narrar diversas anécdotas realmente disfrutables para el público. Todas tienen en común la satisfacción que la poesía le ha dado en la vida. A continuación transcribimos algunas:

El idioma y la

poesía en la mirada:

“En una ciudad asiática, un campesino me ofrecía manojos de hierbas aromáticas y sabrosas. Y por el idioma no había diálogo posible. Sin embargo hubo una mirada, un entendimiento, él me ofrecía ese ramo, yo se lo agradecí, y eran los ojos de un hombre de Asia que se encontraban con los ojos de un poeta de América. Él no sabía que yo era poeta pero quiero señalar la importancia que puede tener la poesía en la vida cotidiana, en la cultura y en la educación”.

Un atentado contra la cultura y contra la educación:

“Hace poco me contaba un amigo que lo habían llamado de un programa de televisión para ofrecerle un espacio semanal. Entonces él preguntó las condiciones. Le dijeron que podía hablar de lo que quisiera, salvo de escritores, poetas, poesía, literatura, libros, teatro, espectáculos artísticos, nada de eso. Vos sos entretenido, le dijeron, tenés buena pinta, hablá de cualquier otra cosa. Entonces con gran categoría espiritual y moral este hombre no aceptó el trabajo, que seguramente estaría bien pago. Es una inmoralidad lo que nos dan los medios de comunicación, no todos, el noventa y nueve por ciento, cuando podrían ser un ejemplo de educación fantástica. Hace unos cuarenta años, el escritor Francisco Espínola leía los cantos de la Ilíada y los comentaba en la Televisión Nacional. Es cierto que el mundo ha cambiado y  no sé cómo podría funcionar hoy algo de esa índole. Pero lo que sí sé es que lo que se está haciendo hoy es un atentado contra la cultura y contra la educación”.

“Señora, usted me ha dado el Premio Nóbel…”

“Una vez regresaba de Buenos Aires y al pasar por la Aduana, que siempre es un momento feo porque uno se siente como un poco delincuente o traficante, una señora con uniforme de policía me hace pasar a otra sala y me dice: yo lo conozco, lo leo y soy admiradora de su poesía. Entonces pensé qué fantástico, cuántos prejuicios tenemos, porque nunca hubiera pensado que una mujer policía se dedicara a leer poesía y gustara de mi poesía. Fue una de las grandes satisfacciones. Le dije: señora, usted me ha dado el Premio Nóbel”.

“Su clase era un ámbito de magia”:

“Una vez caminando por una calle de Pocitos, un hombre ya de pelo blanco me dice: usted es fulano de tal, yo soy fulano. Entonces ahí me cayó la ficha y le dije: fuiste mi alumno en tal liceo, en tal salón, te sentabas en tal fila… Debajo de esos cabellos blancos encontré esa mirada que me retrotrajo a aquel jovencito de diecisiete años que ahora tendría cincuenta. Y él me dijo una cosa fantástica: me dediqué al campo, a tareas agropecuarias, no tengo nada que ver con la literatura, pero he seguido su trayectoria y recuerdo que entrar a su clase era entrar a un ámbito diferente, un ámbito de magia. Y creo que lo que tenemos que poner en la vida es esa chispa de fantasía, de magia, de poesía”.

Un mensaje final para los jóvenes

Jorge Arbeleche finalizó sus palabras con un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes estudiantes:

“Cuando pasen los años, y ustedes hayan hecho sus vidas, sus estudios, sus trabajos, pensarán tal vez que todo tiempo pasado fue mejor. Y no todo tiempo pasado fue mejor. El tiempo mejor es el de cada uno a cada momento. Lo que sí hay que hacer es prepararse y hacer aquello para lo que uno se siente seguro. Nunca dejen de lado una vocación. Tener la claridad de una vocación es tener medio camino hecho. Es muy importante que si quieren ser pintores o escritores, o profesores, o torneros, o dedicarse a la herrería o a la doma de caballos, lo hagan. Y lo hagan con toda la entrega de la pasión, del entusiasmo, del fervor y de la alegría. Porque la alegría es más que una risa o una carcajada, es esa intensidad que está adentro y que uno siente cuando se ha encontrado con algo superior. Y algo superior es cuando uno percibe que ha tocado una zona de otra realidad, de lo sagrado, y esto se puede sentir ante un crepúsculo, un campo, una montaña o ante un ser humano”.







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