La prueba positiva y su importancia

El diligenciamiento de la carga probatoria y la discriminación detallada de la misma con el fin de conocer cada elemento presentado y su posterior asidero ante el magistrado actuante, es un elemento esencial a la hora de entablar

Hugo Lemos

Hugo Lemos

una demanda. Cuando el abogado quiere probar algo que está reclamando, debe apostar a contar con elementos positivos, que demuestren lo que quiere hacer valer ante el juez, porque de lo contrario, irá hacia una sentencia que en en grandes probabilidades tenga un resultado negativo.
Aunque esto que parece tan simple y en el abc de lo que le enseñan a los estudiantes en los cursos de Derecho Procesal y en las clases de Técnica Forense de cualquier Facultad de Derecho, la cosa no es tan simple ni tan sencilla.
Muchísimos abogados presentan una demanda, buscando hacer valer su pretensión con pruebas muy básicas como las testimoniales, incluso con testigos que solamente se limitan a decir lo negativo: el no la conozco, no conozco el caso, no conocía los hechos, no conocía la situación anterior, etc., etc.
Pero lo más importante es aportar prueba positiva, alguien que diga que “sí conocía los hechos y que eran de tal o cual manera”. O mejor aún y acaso hasta la más sólida en algunos casos, la prueba documental. Donde se comprueba que el bien de la vida que se quiere hacer valer ante un juez, realmente es tangible y ocurrió de determinada forma, como para que sea el propio juez quien (al menos por ahora) valore la prueba con un “sí”, entre tantos “no”.
La prueba positiva, esa que parece fácil, la más obvia, la de cajón, la que tiene que estar, muchas veces es la más difícil de conseguir y es la que hace que el abogado tenga mérito de seguir peleando un caso hasta el final y aún así, solamente con probabilidades de poder ganar. Porque nada se gana, hasta que se termina.