“La Segunda Guerra Mundial tuvo un contenido muy dramático por el ensañamiento con los niños”

El Ing. Ruperto Long durante 13 años fue la cara visible del LATU. Pero desde muy joven se inició en periodismo junto a Wilson Ferreira Aldunate. Luego con el devenir de su carrera profesional, escribió y coescribió libros técnicos. Más recientemente se dedicó a escribir libros con historias dignas de ser contadas. Es así que su último libro, “La niña que miraba los trenes partir”, que ha sido un éxito editorial que va por su cuarta edición en tan solo tres meses desde su lanzamiento, fue presentado la semana pasada en nuestra ciudad por el propio Long, con quien dialogamos para conocer la historia real que inspiró a su libro.
- ¿Cuándo despertó en usted la veta literaria?
– Le diría que hay dos etapas, una inicial de joven, tendría 18 años más o menos, cuando empecé a escribir artículos en semanarios, en diarios, después artículos técnicos en revistas, en libros colectivos, siempre de temas vinculados al desarrollo, a la tecnología. Pero luego, a partir de unos 15 años atrás, es que realmente surge más un gusto por la ruperto long (2)literatura, en el sentido de que hasta dónde las palabras pueden llegar a reflejar ciertos mundos, a veces reales, a veces más ficcionales, y en general, en mi caso, una mezcla de las dos cosas. El primer libro que escribí en esa línea apareció en 2002, que fue “Che Bandonéon”, que tenía por subtítulo, “por el cielo que soñamos juntos”, que es una frase de ese tango, de “Che Bandoneón”, pero no es un libro sobre tangos, es un libro que es mezcla de algunos relatos autobiográficos, algunas cosas de ficción, otros temas de reflexión. Luego, el libro “Hablando claro”, más de pensamiento y de ideas.
Más tarde, estos tres últimos de 2012, 2014 y 2016, editados ya con Penguin Random House. Uno de ellos es sobre el Conde de Lautréamont, que es un personaje mitad verídico, tanto que nació en Uruguay y vivió aquí la mayor parte de su vida, pero otra mitad de él es un personaje mítico, del cual se dicen muchas cosas.
Luego en 2014 vino “Piantao”, que ahí si es más una biografía con algunas partes noveladas, pero biografías al fin de Horacio Ferrer, ese reformador extraordinario de la cultura rioplatense junto a Astor Piazzola. Y finalmente ahora, este libro que también está inspirado en hechos reales…
- De hecho, el personaje principal de su libro aún está vivo.
– Exactamente. El personaje, la niña que miraba a los trenes partir, que está en la tapa en una imagen realmente muy tierna, una niña que perdió todo, su ropa, sus juguetes, sus cosas personales, pero que increíblemente conservó dos fotos de la época previa a la guerra. Una es esta, que es más o menos la edad cuando comienza la historia, unos 8 años, tal vez algún año menos. Y esa niña hoy día es una mujer de 83 años, que es la directora general de la universidad ORT, a quien conocía de hace unos 20 años, más o menos, por diversas actividades, como la conoce mucha gente.
Pero un buen día, casi por el azar, me invita a la casa junto a otras personas, soy el primero en llegar y se me ocurre preguntarle cuando vino a Uruguay, “vine después de la guerra”, me respondió, qué edad tenía, de dónde era. Bueno, era de Bélgica, “vine cuando tenía veinte y pico de años”, entonces le pregunté si pasó la guerra en plena Europa, me dijo que si, parte en Bélgica, en Francia, después un intento de escape a Suiza escondida, con papeles falsos. ¿Cómo puede ser eso? Y escondida, ¿dónde? Entonces me cuenta que estuvo un año en Lyon escondida dentro de un ropero, esa fue para mí una frase muy fuerte porque se trataba de una persona que uno conoce y de repente se da cuenta que no la conoce. Porque conoce una vida, pero esa persona tuvo otras vidas que uno desconoce plenamente. Entonces, allí emergió el escritor que se dio cuenta que ahí había una historia, que además merecía ser contada…
- A veces, cuando uno termina de leer la dramática y corta vida de Ana Frank se termina preguntando, ¿qué sería de Ana si hubiese sobrevivido a la barbarie de la guerra? Y al leer este libro suyo, se permite -quizás en forma equivocada- extrapolar las historias y pensar que bien podría ser la respuesta a esa pregunta.
– Sí, creo que no es de forma equivocada. Encabecé con cuatro epígrafes la novela, una es muy conocida, que dice que cuando uno olvida la historia está condenado a repetirla, una verdad terriblemente cierta, pero también incluí una que es de una persona que se llamaba Ana Vinocur y que escribió un libro que se llama, “Sin título”, sobre su experiencia en Auschwitz, y ahí se pregunta de una niña, que era compañerita de ella que también estaba en Auschwitz, que le gustaba bailar y soñaba que iba a actuar en el ballet, pero se enferma y muere. Y ella se pregunta, ¿qué será de los sueños de Andia? ¿Se podrían haber realizado? Y creo que es así. El hecho de quienes sobrevivieron, de alguna forma nos lleva a pensar en eso, ¿qué habría pasado con Ana Frank si hubiera seguido? ¿Cuántas cosas podría haber hecho en la vida, para sí misma y para la sociedad?
Qué terrible cómo se truncan las vidas, sobre todo en el caso de la Segunda Guerra Mundial, que tiene un contenido muy dramático por el ensañamiento con los niños, que eso es atípico en cualquier guerra, en cualquier situación represiva, digo porque a pesar de lo terrible, suele haber una lógica. ¿Qué lógica hay en perseguir a los niños? Ninguna, es un tema ideológico, de decir que esa raza hay que eliminarla de la faz de la tierra, entonces tienen que perseguir a los niños que serán justamente quienes continuarán con esa raza. Es muy terrible y eso le dio un contenido muy dramático, porque en una guerra los niños pueden morir en un bombardeo, por el hambre o por lo que sea, pero acá no, acá eran buscados.
Esta niña de nuestra historia está escondida, después en algunos lugares la dejan salir, cuando sale vive con esa expectativa de si se darán cuenta de lo que es. Y si uno mira la foto de la tapa verá que simplemente es una niña, como cualquier niña, pero ella tiene la sensación de que es diferente y que pueden descubrirla…
- Lo que termina hablando de la condición humana, lo que llegamos a hacer para sobrevivir, mientras hay otros que hacen cosas tremendas para quitar vidas.
– Si. El nazismo si algo tuvo, es que descubrió todo lo mejor y lo peor de los seres humanos. Recordemos también que el nazismo no fue solo abrazado por los alemanes…
- En América Latina tuvo y tiene sus adeptos.
– También, hubo en todo el mundo, por supuesto. Y en los países ocupados ni qué hablar, los hubo en Francia, en Polonia, en Bélgica, algunos que fueron muy importantes. Y como usted bien dice, los sigue habiendo, es una forma de ver la vida en base al odio, de eliminación, que no era solo con los judíos, que fueron los más detestados y perseguidos, pero también persiguieron a las personas con discapacidad, a los homosexuales, a los gitanos y por supuesto, cualquier a opositor, pero eso va de suyo en los regímenes totalitarios.
Pero volviendo al tema, es también interesante la aproximación que hace el libro, que no lo hace desde el relato de las grandes batallas o de los grandes personajes sino, de personas muy terrenales como nosotros que de repente se ven metidos en el medio de ese fenómeno tremendo, y cada uno lucha por salvar a su familia y a sus amigos, donde surge una dosis extraordinaria de amor, que se opone a ese odio extraordinario también, y que es una de las grandes cosas porque eso permitió sobrevivir a muchísima gente, mantener historias y tradiciones, y también recordar a los que no sobrevivieron. En este libro, algunos personajes sobreviven pero otros no.
- ¿Ella se enteró que usted iba a escribir este libro?
– Sí, sí, por supuesto.
- ¿Lo leyó? ¿Qué comentarios le ha hecho?
– Si, si. Me ha hecho muchísimos comentarios en este tiempo. Primero, porque estuvimos dos años charlando, porque de acuerdo a la charla que tuvimos y que le comenté, me entusiasmé con la historia y le pregunto si me la relataría porque me gustaría tomarlo como base para un libro, hay otras historias, pero esa es la central. Y me dice que no puede porque de eso no habló nunca ni con su esposo, ni con sus hijos, sus nietos no saben nada, entonces, “¿cómo puedo ahora salir a contar todo esto?”, me dijo. Es increíble, pero pasa mucho en los sobrevivientes. Entonces, me tomó bastante tiempo, estuvimos durante dos años reuniéndonos una hora y media por mes, tomando notas, preguntándole cosas y mientras tanto, yo leyendo. De modo que hablamos muchísimo…
- La crítica a su libro dice que está muy bien documentado, basado evidentemente en hechos reales, pero aparecen algunos fragmentos de la historia en que hay vacíos que tratan de ser llenados con su arte literario. ¿Qué tanto de verídico y de ficción tiene el libro?
– Digamos que los ejes cardinales son esencialmente verídicos. Pasa que los recuerdos de una niña de 8 años que vivía escondida hace más de 70 años bajo una condición de terror extremo, son pantallazos, ciertos momentos con mucha fuerza pero que son como incompletos, van quedando huecos vacíos en los cuales, es verdad, es necesario llenar y sobre la base de leer mucho, de visitar mucho los museos y los lugares de preservación de la memoria, uno va entendiendo cómo funcionaba todo.
Le daré un ejemplo. Ella recuerda el momento que cayó todo, donde la única prensa que había era de propaganda y no se sabía realmente lo que pasaba, la gente ignoraba lo que pasaba, y la única red que queda es la red de cafés y bares. Ahí iba la gente de la Resistencia, la gente que estaba escapando y los mozos, que cumplieron una función extraordinaria de comunicar a unos y a otros y mantener viva las pocas noticias que se sabían. Eso ella me lo dijo, porque además iba a ahí porque era la oportunidad que tenía de ir al baño, aunque parezca mentira, lo que era una tortura cotidiana, cuando iba con sus papás cada tanto a un café, ahí tenía la oportunidad de esas pequeñas cosas y ver un poco de luz y de movimiento. Y bueno, hasta ahí llegan los datos. Luego uno en visitas a esos mismos cafés, puede ver cómo eran, qué gente iba y esos mozos-personajes que habían. Eso lo recreo con mi imaginación.







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