La victoria de los que no quieren

El hecho producido fue notorio, cuando en la jornada del viernes pasado, hinchas identificados con la causa de Nacional, invadieron literalmente la sede de la Asociación Uruguaya de Fútbol, en la calle Guayabos de Montevideo.
Más allá de los cánticos de ocasión, pancartas alusivas a recientes situaciones producidas en una cancha de fútbol, cuando la terna fue duramente cuestionada en el juego ante Fénix.
Tras los 90′ desde la dirigencia tricolor, la descarga sobre la cabeza de los jueces. Munición gruesa.
Por eso la semana se tapizó de polémicas 500 kilómetros al sur, con el estallido de última, en el propio ámbito de la asociación.
En la noche del viernes, la gremial de los jueces votó permanecer al margen del fútbol. Parálisis de fin de semana.
Los jueces respondieron sin más trámite.
El silbato en el cajón.
DESDE TANTAS VECES
En los últimos años, la asociación de jueces de OFI que preside el maragato Walter Brajús, plantó bandera frente a determinadas agresiones o insucesos algo menores: deciden al toque, no arbitrar.
Silencian TODO el fútbol.
Todos en la misma bolsa. Todas las confederaciones pagan lo que no hicieron.
Como si no existiesen tribunales que no sancionasen a quienes incurren en el pecado más artero: violentar las normas que hacen al deporte en general y en este caso al fútbol en particular.
A nivel de la Liga Salteña, no faltan realidades.
Y no se trata de cuestiones episódicas.
Más bien la que hacen a una determinada continuidad: no poder jugar en algunos escenarios (Gladiador sabe bien de qué se trata), por la imposibilidad de sostener o aplicar estrategias de seguridad.
LOS QUE PUEDEN MÁS
Paralizar el fútbol, es la victoria justamente de los que no quieren el fútbol. Por eso, este fin de semana a nivel del fútbol profesional, o antes OFI y en la Liga Salteña de Fútbol, NO JUGAR POR CULPA DE LOS MENOS, es un acto de blandura y vulnerabilidad.
Clausurar las canchas es la recompensa de los cultores de la intolerancia, de los que no admitirán la esencia del deporte como juego, como disfrute, como pasión, como sentimiento.
No jugar no soluciona.
Tampoco se transforma en “jornada para reflexionar” porque los que debiesen recapacitar no lo hacen. Al contrario, asistan fortalecidos en la batalla de ese justamente no querer. Parar el fútbol, es conceder, otorgar. Es ausencia de escala de valores, compromisos, vitalidad de fines y coherencia. No jugar es retroceder.
A la violencia se la debiese enfrentar con fortaleza y no bajar la cortina, para que la ordinariez sepa que ganó otra vez.
Como tantas veces. Como tantas.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-