La vida sin fútbol

«Al fútbol lo echamos tanto de menos cuando para porque nos deja desnudos. Normalmente el fútbol lo utilizamos a modo de tapadera a través de la cual canalizamos muchas emociones y sentimientos que tienen menos que ver de lo que pensamos con lo que ocurre en el terreno de juego. Estas se relacionan mucho más con nuestra vida diaria», explica Manuel Beltrán, periodista de la Revista Panenka. «Cuando desparece, no te queda otra que afrontar la realidad, la cual además ahora se presenta especialmente atroz y jodida de gestionar», añade.
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«Es curioso, porque más que la competición en sí, los partidos, echo de menos ilusionarme con ella», admite Enrique Ballester, autor de ‘Barraca y Tangana’ (Libros del KO). «Los seres humanos y la sociedad tenemos una necesidad de entretenimiento. En este sentido, el fútbol es un entretenimiento que está organizado y que nos exime de pensar qué tenemos que hacer hoy, algo que no se nos puede hacer una montaña durante estos días», afirmó.
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«Quien más y quien menos ha jugado a fútbol o ha querido jugar a fútbol. Y este querer ser, querer imitar a un referente, acaba provocando que cada uno haga un relato soñador y personal del fútbol que le alimenta en el día a día. Para nosotros el fútbol es primordialmente una actividad social y cultural, una reunión de comunidades para la disputa de un encuentro deportivo. Si eliminamos a las comunidades del partido de fútbol, entonces este pierde su sentido. La globalización y la masificación, que son aspectos que ahora justamente facilitan la propagación de la enfermedad, caracterizan los grandes eventos deportivos. Por este motivo, cuando se puedan volver a celebrar con normalidad querrá decir que la conexión social, económica y cultural entre los diferentes puntos del planeta, así como la concentración de grandes cantidades de personas, ya no será un peligro».