Las leyes se hicieron para todos y también para Goncálvez

El artículo 8º de la Constitución establece el principio de igualdad, al señalar que “Todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”. Este precepto constitucional establece, entre otras cosas, que si en nuestro país se sanciona una ley, a no ser que haya excepciones legalmente previstas, la misma es aplicable a todos los habitantes de la República.

Hugo Lemos

Hugo Lemos

En ese marco, es que la Ley Nº17.897 conocida como Ley de “Humanización” del sistema carcelario, señala en su artículo 13º los parámetros de la redención de la pena por estudio o trabajo de cualquier procesado y/o penado. La norma establece que “el Juez concederá la redención de pena por trabajo a los condenados a pena privativa de libertad. A los procesados y condenados se les conmutará un día de reclusión por dos días de trabajo. Para estos efectos no se podrán computar más de ocho horas diarias de trabajo (…)”.
“(…) El Juez concederá la redención de pena por estudio a los condenados a pena privativa de libertad. A los procesados y condenados se les abonará un día de reclusión por dos días de estudio. Se computará como un día de estudio la dedicación a dicha actividad durante seis horas semanales, así sea en días diferentes. Para esos efectos, no se podrán computar más de seis horas diarias de estudio. (…) Las disposiciones de este artículo también serán aplicables a las personas que se encuentren en régimen de salidas transitorias”.
Este es uno de los fundamentos básicos en los que el sistema funda su derecho para conceder el cumplimiento de la condena de un encausado, llámese Pablo Goncálvez o cualquier otro recluso que posea antecedentes similares y aún en hechos cometidos en formas más violentas, que los hay en las cárceles uruguayas.
No me gusta nada que Goncálvez ande por la calle sin ser una persona que quiera reinsertarse en la sociedad en forma armónica y pacífica, lo que no significa ser oveja y sumarse a la claque, pero sí compartir los códigos de convivencia de los demás. Pero más me molesta saber que por más que haya pasado más de dos décadas en un sistema carcelario como el nuestro, el mismo no le garantiza de ninguna forma, la posibilidad de rehabilitación. Aunque como enseña el destacado profesor de Criminología, Germán Aller, la prisonización tampoco garantiza absolutamente nada.







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