El pasado sábado 23, en el salón de conferencias del Hotel Horacio Quiroga en Paso de Frontera, con una sala colmada de público entusiasta, el Ing. Ruperto Long presentó su último libro “No dejaré memorias. El Enigma del Conde de Lautréamont”.
Un video, de pocos minutos y muy buena calidad, introdujo al público en ambiente. Ruperto Long y el Conde de Lautréamont coparon la sala y a partir de ahí todo fue atención y emoción.
¿Por qué Lautréamont?
Long comparte con el público cómo llegó él a interesarse con el personaje. Cuando era un adolescente, un día su padre le trajo de regalo un libro de Albert Camus. “Se titulaba La sangre de la libertad. Su prosa irresistible me capturó por completo. Bebí de esas páginas con devoción, fascinado por el idealismo libertario que las iluminaba, a medida que se sucedían las dolorosas interrogantes de la guerra, la respiración contenida de la noche de la liberación (´La noche de la verdad´)y las miserias materiales y morales de la posguerra.
Ya en el tramo final, un capítulo de unas cuarenta páginas, ´Cartas sobre la rebeldía´, daba cuenta de una apasionada e inmisericorde discusión que había tenido como epicentro un cierto personaje de leyenda, entre mítico y real, quien ha entrado a la historia con el nombre de Lautréamont, y que por una de esas misteriosas coincidencias que los poetas aman y los lógicos abominan, había nacido en la mismísima ciudad de Montevideo, y a unas pocas cuadras de mi casa.”
“Debo decir con franqueza que ver a figuras que han recibido toda clase de honores, como Albert Camus, Jean Paul Sartre, André Breton y Octavio Paz, discutiendo entre ellos sin piedad acerca de quien en otro tiempo fue un imberbe vecino de mi barrio, no hizo más que obrar de acicate para que procurara saciar mi sed de conocer más y más sobre el personaje.”
1868 – 1968
Long plantea un paralelismo entre Lautréamont y su personaje Maldoror y los sucesos que, cien años después, derivaron en una explosión que trajo aparejada muchas cosas malas y también buenas.
“¿Acaso aceptaremos con resignación, como una ´mera casualidad´, que exactamente un siglo después que el conde de Lautréamont y su supuesto (siniestro) personaje Maldoror conocieran la luz del día en París, su poesía se escapara de los libros y derrocara la realidad, primero en la capital cultural del mundo, y luego en el planeta entero?
¡Como no coincidir -entonces- con los cuarenta y cinco intelectuales que por estos días han publicado una Declaración en todos los diarios de París, en la cual explican la causa de los fantásticos sucesos que están aconteciendo de manera por demás concluyente!”
Long señala el párrafo final de la Declaración publicada el 15 de diciembre de 1967: “Es el dedo de Lautréamont, que se ha posado sobre la carta de los Océanos, tal cual si fuera la sien donde nace una arteria que no está hecha de otra cosa que de fuego.”
El pasado sábado 23, en el salón de conferencias del Hotel Horacio Quiroga en Paso de Frontera, con una sala colmada de público entusiasta, el Ing. Ruperto Long presentó su último libro “No dejaré memorias. El Enigma del Conde de Lautréamont”.
Un video, de pocos minutos y muy buena calidad, introdujo al público en ambiente. Ruperto Long y el Conde de Lautréamont coparon la sala y a partir de ahí todo fue atención y emoción.
¿Por qué Lautréamont?
Long comparte con el público cómo llegó él a interesarse con el personaje. Cuando era un adolescente, un día su padre le trajo de regalo un libro de Albert Camus. “Se titulaba La sangre de la libertad. Su prosa irresistible me capturó por completo. Bebí de esas páginas con devoción, fascinado por el idealismo libertario que las iluminaba, a medida que se sucedían las dolorosas interrogantes de la guerra, la respiración contenida de la noche de la liberación (´La noche de la verdad´)y las miserias materiales y morales de la posguerra.
Ya en el tramo final, un capítulo de unas cuarenta páginas, ´Cartas sobre la rebeldía´, daba cuenta de una apasionada e inmisericorde discusión que había tenido como epicentro un cierto personaje de leyenda, entre mítico y real, quien ha entrado a la historia con el nombre de Lautréamont, y que por una de esas misteriosas coincidencias que los poetas aman y los lógicos abominan, había nacido en la mismísima ciudad de Montevideo, y a unas pocas cuadras de mi casa.”
“Debo decir con franqueza que ver a figuras que han recibido toda clase de honores, como Albert Camus, Jean Paul Sartre, André Breton y Octavio Paz, discutiendo entre ellos sin piedad acerca de quien en otro tiempo fue un imberbe vecino de mi barrio, no hizo más que obrar de acicate para que procurara saciar mi sed de conocer más y más sobre el personaje.”
1868 – 1968
Long plantea un paralelismo entre Lautréamont y su personaje Maldoror y los sucesos que, cien años después, derivaron en una explosión que trajo aparejada muchas cosas malas y también buenas.
“¿Acaso aceptaremos con resignación, como una ´mera casualidad´, que exactamente un siglo después que el conde de Lautréamont y su supuesto (siniestro) personaje Maldoror conocieran la luz del día en París, su poesía se escapara de los libros y derrocara la realidad, primero en la capital cultural del mundo, y luego en el planeta entero?
¡Como no coincidir -entonces- con los cuarenta y cinco intelectuales que por estos días han publicado una Declaración en todos los diarios de París, en la cual explican la causa de los fantásticos sucesos que están aconteciendo de manera por demás concluyente!”
Long señala el párrafo final de la Declaración publicada el 15 de diciembre de 1967: “Es el dedo de Lautréamont, que se ha posado sobre la carta de los Océanos, tal cual si fuera la sien donde nace una arteria que no está hecha de otra cosa que de fuego.”