Llega a Salto “Guerra Mundial Z”, donde el carilindo Brad Pitt intentará salvar al mundo de los zombis

Pretender, a esta altura del partido, hacer una película original sobre zombis es un desafío difícil de enfrentar; más aún, creer encima que se saldrá airoso de las comparaciones con alguna de las películas sobre muertos vivos que han sido filmadas en la historia del cine o incluso en series de televisión (como la exitosa “The Walking Dead” o el fracaso de “Zombyland” que fue cancelada con solo un capítulo al aire) se nos ocurría imposible, hasta que llegó esta película con algunas cuestiones al menos interesantes.
Recordemos que en la búsqueda de hacer algo distinto, en otra película de reciente estreno (“Memorias de un zombi adolescente”, 2013) se da un paso de comedia romántico donde se muestra cómo a través del amor los zombis pueden recobrar la vida, lo que termina siendo toda una metáfora en este mundo materialista y poco afecto a las cuestiones espirituales y mimosas.
Pero este no es el caso, así que la producción se dirige a las proporciones, pues si bien siempre, en cada película, se daba a entender que la invasión de los zombis se producía a escala mundial, nunca se mostraba por una cuestión de presupuesto y se iba a la anécdota concreta de un grupo de sobrevivientes tratando de escapar al arañazo o mordisco que lo terminara transformando.
En esta película no se andan con chiquitas, es así que se filmó en ambientes naturales de Malta, Londres, Budapest y Escocia, además de no escatimar presupuesto en la producción de la película, ya no solo en los efectos especiales digitalizados –que los hay y muy buenos-, sino en cuestiones logísticas como aviones, helicópteros y la destrucción masiva de vehículos.
Lo otro que se buscó dentro de ciertos márgenes de originalidad tiene que ver con el ritmo trepidante de algunas escenas claves –que es más de acción y ciencia ficción que del género de terror- además de la velocidad misma en la que se desplazan los propios zombis, que asemejan más a una invasión gigantesca de hormigas en una marabunta que a los zombis a los que estábamos acostumbrados a ver que se desplazan eterna y cansinamente en cámara lenta.
Como se seguía buscando la excelencia en este tipo de películas además de cierto aire de originalidad, se le dio el protagónico a un actor taquillero y carilindo como es Brad Pitt y a un muy buen director de cine, Marc Foster, que tuvo un magnífico comienzo en el 2001 con “Monster’s ball”, que nos deleitara a todos con la historia de J.M. Barrie, creador de Peter Pan en su película “Finding Neverland” (2004) con la maravillosa actuación de Johnny Depp y Kate Winslet, y que en el 2008 nos atrapara con una nueva aventura de James Bond, “Quantum of Solace”. Así que queda claro que tanto Pitt como Foster son dos tipos talentosos que saben lo que quieren.
Tan es así que esta película iba a estrenarse hace seis meses, el 21 de diciembre de 2012, pero debido a varios inconvenientes surgidos durante el rodaje –revisiones del guión causadas por las diferencias creativas entre el director y los productores, por considerar la parte final del guión como incongruente y carente de sentido- se tuvo que volver a filmar casi toda la película de nuevo a partir del tercer acto, por lo que su estreno debió postergarse hasta estos días.
Incluso antes del estreno mundial de “Guerra Mundial Z” trascendió que ya se estaba trabajando en la producción de una secuela, por lo que se desprende que finalmente los productores de la película deben haber quedado bastantes conformes con el resultado final. La película tuvo un presupuesto de 190 millones de dólares y viene arrasando en la taquilla mundial, por lo que las conclusiones son más que obvias. De la historia, ¿qué le voy a decir? Nada, que se trata de zombis…

Pretender, a esta altura del partido, hacer una película original sobre zombis es un desafío difícil de enfrentar; más aún, creer encima que se saldrá airoso de las comparaciones con alguna de las películas sobre muertos vivos que han sido filmadas en la historia del cine o incluso en series de televisión (como la exitosa “The Walking Dead” o el fracaso de “Zombyland” que fue cancelada con solo un capítulo al aire) se nos ocurría imposible, hasta que llegó esta película con algunas cuestiones al menos interesantes.

Recordemos que en la búsqueda de hacer algo distinto, en otra película de reciente estreno (“Memorias de un zombi adolescente”, 2013) se da un paso de comedia romántico donde se muestra cómo a través del amor los zombis pueden recobrar la vida, lo que termina siendo toda una metáfora en este mundo materialista y poco afecto a las cuestiones espirituales y mimosas.

Pero este no es el caso, así que la producción se dirige a las proporciones, pues si bien siempre, en cada película, se daba a entender que la invasión de los zombis se producía a escala mundial, nunca se mostraba por una cuestión de presupuesto y se iba a la anécdota concreta de un grupo de sobrevivientes tratando de escapar al arañazo o mordisco que lo terminara transformando.

En esta película no se andan con chiquitas, es así que se filmó en ambientes naturales de Malta, Londres, Budapest y Escocia, además de no escatimar presupuesto en la producción de la película, ya no solo en los efectos especiales digitalizados –que los hay y muy buenos-, sino en cuestiones logísticas como aviones, helicópteros y la destrucción masiva de vehículos.

Lo otro que se buscó dentro de ciertos márgenes de originalidad tiene que ver con el ritmo trepidante de algunas escenas claves –que es más de acción y ciencia ficción que del género de terror- además de la velocidad misma en la que se desplazan los propios zombis, que asemejan más a una invasión gigantesca de hormigas en una marabunta que a los zombis a los que estábamos acostumbrados a ver que se desplazan eterna y cansinamente en cámara lenta.

Como se seguía buscando la excelencia en este tipo de películas además de cierto aire de originalidad, se le dio el protagónico a un actor taquillero y carilindo como es Brad Pitt y a un muy buen director de cine, Marc Foster, que tuvo un magnífico comienzo en el 2001 con “Monster’s ball”, que nos deleitara a todos con la historia de J.M. Barrie, creador de Peter Pan en su película “Finding Neverland” (2004) con la maravillosa actuación de Johnny Depp y Kate Winslet, y que en el 2008 nos atrapara con una nueva aventura de James Bond, “Quantum of Solace”. Así que queda claro que tanto Pitt como Foster son dos tipos talentosos que saben lo que quieren.

Tan es así que esta película iba a estrenarse hace seis meses, el 21 de diciembre de 2012, pero debido a varios inconvenientes surgidos durante el rodaje –revisiones del guión causadas por las diferencias creativas entre el director y los productores, por considerar la parte final del guión como incongruente y carente de sentido- se tuvo que volver a filmar casi toda la película de nuevo a partir del tercer acto, por lo que su estreno debió postergarse hasta estos días.

Incluso antes del estreno mundial de “Guerra Mundial Z” trascendió que ya se estaba trabajando en la producción de una secuela, por lo que se desprende que finalmente los productores de la película deben haber quedado bastantes conformes con el resultado final. La película tuvo un presupuesto de 190 millones de dólares y viene arrasando en la taquilla mundial, por lo que las conclusiones son más que obvias. De la historia, ¿qué le voy a decir? Nada, que se trata de zombis…

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