Llega a Salto la última película de Batman:  “El Caballero de la Noche Asciende”

Recuerdo la salida de la primera función nocturna del Cine Metropol en el año 1997 al estrenarse la película “Batman y Robin”, bajo la dirección del alemán Joel Schumacher, me encontraba en la cola de quienes ingresaríamos a la nueva función y un viejo y querido amigo, arquitecto de cultura de cinemateca él, me ve, se acerca y me dice al oído “estos yanquis son de lo peor, pero vaya que saben cómo divertir”.
Dicen que todos llevamos un niño adentro, el que fuimos o el que quisimos ser. Las películas de superhéroes nos pueden a todos quienes de chiquitos nos deleitábamos con las revistas de historietas de Batman, Superman, Tarzán, el Príncipe Valiente, Patoruzú y Patoruzito (más nuestro aunque argentino) y un larguísimo e interminable etcétera…
También es cierto que con el correr de los años uno va madurando (sin dejar de tener adentro a aquel niño que fuimos), y con el transcurrir del tiempo, aquello que nos gustó en nuestra infancia debió evolucionar junto a nosotros porque la candidez de los superhéroes de las décadas anteriores a los 70, dejaron de ser atractivos para una sociedad que evolucionó y comenzó a preferir más a los antihéroes, quizás un poco de la mano de actores que hicieron de su vida un personaje (o varios), como por ejemplo Clint Eastwood, que pasó del italianísimo western spaghetti de Sergio Leone al típico policía sucio de Don Siegel.
La cuestión es que los héroes también debieron adaptarse a los tiempos y tuvieron que evolucionar. Batman es un claro ejemplo de cómo ha sabido adaptarse a estos nuevos tiempos, con algún traspié en el camino, pero que en los últimos años ha logrado resurgir o “ascender” de entre las cenizas.
Es así que de aquel Batman gordito de la televisión de Adam West (1966-1968), donde la caricaturización de los personajes con el consabido golpe y porrazo multicolor, digno de la incipiente cultura hippie de aquellos años, tuvo una metamorfosis casi kafkiana con la película de Tim Burton, quien acercó al héroe a una imagen más moderna y oscura, la que tuvo una secuela en 1992 que mantuvo esas características góticas de la anterior, lo que la hizo un éxito de taquilla y la batimanía resurgió inesperadamente.
Posteriormente se le pasa la batuta a Schumacher, quien con Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997), pareció intentar retornar al personaje de la vieja tira semanal de televisión de los años 60. Fracaso asegurado.
Hasta que llegó en el 2005 el británico Christopher Nolan quien retoma lo oscuro de Batman y nos cuenta con detalle sus comienzos como vengador nocturno con Batman Begins (Batman Comienza), seguido tres años después por la brillante The Dark Knight (El Caballero Oscuro o de la Noche) y culminando su trilogía este año con The Dark Knight: Rises (El Caballero Oscuro: Asciende), película que llega a las pantallas salteñas este sábado.
Decir que Nolan se ha transformado en uno de los directores más requeridos en los últimos tiempos por películas como estas, que dicho sea de paso, lo han llevado a producir y escribir el guión de la nueva película de Superman a quien intentarán resucitar –como hicieron con Batman-, el año próximo con “El Hombre de Acero” (Man of Steel), además de ya haber disfrutado en la gran pantalla de películas como “Memento” (2000), “Insomnia” (2002), “The Prestige” (2007) o “Inception” (2010).
Nolan nos ha mostrado con sutiles pinceladas, dignas de un artista, algunas nuevas dimensiones del séptimo arte, fundamentalmente las psicológicas de los protagonistas de sus películas, porque no solo el perturbado Bruce Wayne que compone magistralmente el creíble Christian Bale, que de niño ve cómo un delincuente asesina a sus padres. También los personajes de sus otras películas juegan con el cerebro, en el caso de “Memento” con la amnesia. En “Insomnia”, un policía perturbado por haber matado por accidente a su compañero es extorsionado por el único testigo, el asesino serial al que estaba persiguiendo. En “The Prestige” muestra la competencia enfermiza entre dos magos amigos que devienen en enemigos a muerte, mostrándonos la degradación de ambos. Y en “Inception”, toda la película es un gran laberinto mental.
No vamos a descubrir entonces quién es el director de esta película, un bicho raro que se mete en temas oscuros de la psiquis de los personajes de sus películas y no solo logra salir airoso del intríngulis que él mismo se mete sino que además lo hace con éxito taquillero.
Más allá del morbo trágico que rodea a esta nueva película de Batman por lo sucedido en Denver en la noche de su estreno en Estados Unidos, lamentamos que ya hayan dicho que se trata de la última, porque en verdad queda claro que aún hay Batman para rato. Y por cierto, lamento discrepar con el gran Jackie Rodríguez Stratta, a quien veíamos anoche entrevistando a un fan disfrazado de Batman con un Robin al lado haciendo cola para ingresar en una avant premiere cuando dijo que en esta película no había Robin… pues bien, los invito a ver esta película de 2 horas y 35 minutos hasta el final, y después me cuentan.

Recuerdo la salida de la primera función nocturna del Cine Metropol en el año 1997 al estrenarse la película “Batman y Robin”, bajo la dirección del alemán Joel Schumacher, me encontraba en la cola de quienes ingresaríamos a la nueva función y un viejo y querido amigo, arquitecto de cultura de cinemateca él, me ve, se acerca y me dice al oído “estos yanquis son de lo peor, pero vaya que saben cómo divertir”.

Dicen que todos llevamos un niño adentro, el que fuimos o el que quisimos ser. Las películas de superhéroes nos pueden a todos quienes de chiquitos nos deleitábamos con las revistas de historietas de Batman, Superman, Tarzán, el Príncipe Valiente, Patoruzú y Patoruzito (más nuestro aunque argentino) y un larguísimo e interminable etcétera…

También es cierto que con el correr de los años uno va madurando (sin dejar de tener adentro a aquel niño que fuimos), y con el transcurrir del tiempo, aquello que nos gustó en nuestra infancia debió evolucionar junto a nosotros porque la candidez de los superhéroes de las décadas anteriores a los 70, dejaron de ser atractivos para una sociedad que evolucionó y comenzó a preferir más a los antihéroes, quizás un poco de la mano de actores que hicieron de su vida un personaje (o varios), como por ejemplo Clint Eastwood, que pasó del italianísimo western spaghetti de Sergio Leone al típico policía sucio de Don Siegel.

La cuestión es que los héroes también debieron adaptarse a los tiempos y tuvieron que evolucionar. Batman es un claropageejemplo de cómo ha sabido adaptarse a estos nuevos tiempos, con algún traspié en el camino, pero que en los últimos años ha logrado resurgir o “ascender” de entre las cenizas.

Es así que de aquel Batman gordito de la televisión de Adam West (1966-1968), donde la caricaturización de los personajes con el consabido golpe y porrazo multicolor, digno de la incipiente cultura hippie de aquellos años, tuvo una metamorfosis casi kafkiana con la película de Tim Burton, quien acercó al héroe a una imagen más moderna y oscura, la que tuvo una secuela en 1992 que mantuvo esas características góticas de la anterior, lo que la hizo un éxito de taquilla y la batimanía resurgió inesperadamente.

Posteriormente se le pasa la batuta a Schumacher, quien con Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997), pareció intentar retornar al personaje de la vieja tira semanal de televisión de los años 60. Fracaso asegurado.

Hasta que llegó en el 2005 el británico Christopher Nolan quien retoma lo oscuro de Batman y nos cuenta con detalle sus comienzos como vengador nocturno con Batman Begins (Batman Comienza), seguido tres años después por la brillante The Dark Knight (El Caballero Oscuro o de la Noche) y culminando su trilogía este año con The Dark Knight: Rises (El Caballero Oscuro: Asciende), película que llega a las pantallas salteñas este sábado.

Decir que Nolan se ha transformado en uno de los directores más requeridos en los últimos tiempos por películas como estas, que dicho sea de paso, lo han llevado a producir y escribir el guión de la nueva película de Superman a quien intentarán resucitar –como hicieron con Batman-, el año próximo con “El Hombre de Acero” (Man of Steel), además de ya haber disfrutado en la gran pantalla de películas como “Memento” (2000), “Insomnia” (2002), “The Prestige” (2007) o “Inception” (2010).

Nolan nos ha mostrado con sutiles pinceladas, dignas de un artista, algunas nuevas dimensiones del séptimo arte, fundamentalmente las psicológicas de los protagonistas de sus películas, porque no solo el perturbado Bruce Wayne que compone magistralmente el creíble Christian Bale, que de niño ve cómo un delincuente asesina a sus padres. También los personajes de sus otras películas juegan con el cerebro, en el caso de “Memento” con la amnesia. En “Insomnia”, un policía perturbado por haber matado por accidente a su compañero es extorsionado por el único testigo, el asesino serial al que estaba persiguiendo. En “The Prestige” muestra la competencia enfermiza entre dos magos amigos que devienen en enemigos a muerte, mostrándonos la degradación de ambos. Y en “Inception”, toda la película es un gran laberinto mental.

No vamos a descubrir entonces quién es el director de esta película, un bicho raro que se mete en temas oscuros de la psiquis de los personajes de sus películas y no solo logra salir airoso del intríngulis que él mismo se mete sino que además lo hace con éxito taquillero.

Más allá del morbo trágico que rodea a esta nueva película de Batman por lo sucedido en Denver en la noche de su estreno en Estados Unidos, lamentamos que ya hayan dicho que se trata de la última, porque en verdad queda claro que aún hay Batman para rato. Y por cierto, lamento discrepar con el gran Jackie Rodríguez Stratta, a quien veíamos anoche entrevistando a un fan disfrazado de Batman con un Robin al lado haciendo cola para ingresar en una avant premiere cuando dijo que en esta película no había Robin… pues bien, los invito a ver esta película de 2 horas y 35 minutos hasta el final, y después me cuentan.