Llega a Salto una versión más oscura del clásico cuento de los Hermanos Grimm con “Blancanieves y el Cazador”

“La ópera prima del director Rupert Sanders destaca por su diseño de arte y sus efectos visuales; es oscura y entretenida, aunque predecible y poco novedosa”, establece la crítica. Pero claro que es predecible, si ya hace 75 años que Disney nos contó la versión rosa de Blancanieves y de allí en más hemos podido observar múltiples versiones del cuento de los Hermanos Grimm tanto en cine como en televisión.
Lo cierto es que los cuentos de hadas han pasado por varias etapas en la historia. Los originales, algo oscuros y creados para mantener apaciguados a los niños a través de una pizca de miedo, se tornaron color de rosa cuando las niñas mostraron gran interés por las princesas. Ahora, con nuevos bríos, regresan las historias infantiles un tanto descarnadas.
“Blancanieves y el Cazador” es una de estas versiones oscuras del cuento escrito por los hermanos Grimm hace casi 200 años. Aunque no es un filme sorprendente ni revolucionario, la adaptación del clásico tiene más puntos a favor que en contra. Los efectos visuales y el arte en general están realizados con creatividad y perfección; la actuación de Charlize Theron, como siempre, es bien recibida; y el estilo sombrío se conserva durante toda la cinta, no dejando espacio para traiciones de la cursilería.
“Blancanieves y el Cazador” se apega bastante al cuento original. El rey queda viudo y se casa con una mujer de belleza inigualable, Ravenna, que resulta ser una bruja malvada (Theron). La única hija, la princesa Blancanieves (Kristen Stewart), permanece encerrada en una torre durante años, mientras un espejo mágico le sigue diciendo a Ravenna que ella es la más bonita del reino.
Cuando Blancanieves crece, su belleza rebasa la de la reina. En la película, la joven escapa antes de que ésta le saque el corazón, por lo que la cruel mujer contrata a un cazador (Chris Hemsworth, que interpreta en otra serie de películas a Thor) para que la capture en el bosque. De ahí en adelante, la historia muestra cómo el cazador ayuda a Blancanieves a reunirse con su pueblo. Aunque también aparecen los siete enanos, la manzana envenenada y el beso del ser amado con el que la princesa despierta de la maldición.
¿Qué es lo que falla en “Blancanieves y el Cazador”? Para empezar, el filme no ofrece nada nuevo. Todos conocemos al dedillo el cuento de Blancanieves y esto, sumado al gran apego del director Rupert Sanders a la historia original, dio como resultado una cinta completamente predecible. Hay quien dice que lo importante no es el destino, sino el recorrido. Y si bien todos sabemos cómo termina la historia, en esta película tampoco el camino ofrece grandes sorpresas.
Hay, sin embargo, dos giros que debemos suponer inesperados, aunque no le quitan lo predecible a la trama. El primero es que Blancanieves termina envuelta en un triángulo amoroso con su amigo de la infancia (Sam Claflin) y el cazador contratado para capturarla. El segundo es que la princesa del cuento no esperará a que un príncipe la rescate. Ella misma se monta en su blanco corcel, enfundada en una tosca armadura, para pelear por el trono con la reina usurpadora.
Las actuaciones —salvo la de Theron— cumplen pero no sorprenden. Stewart sigue siendo Bella Swan (“Crepúsculo”) en muchas de las escenas y Hemsworth sigue siendo Thor, pero ahora con un hacha en lugar de un martillo mágico.
“Blancanieves y el Cazador” tiene bastantes inconsistencias, a las que se pueden agregar dos o tres incongruencias, como el hecho de que la princesa escape del castillo y justo en la orilla del mar se encuentre, sin razón alguna, un caballo blanco esperándola; o que, después de haber pasado una década postrada en un calabozo, la heroína se convierta en una diestra guerrera de la noche a la mañana. Cosas de la matiné que le dicen.
Pero entonces, ¿cuáles son los puntos a favor? Por lo pronto, la cinta vale la pena por su maravilloso diseño de arte y demás aspectos técnicos, como efectos visuales, vestuario, maquillaje y edición de sonido. Hay un bosque tenebroso repleto de ingenio, así como un bosque bondadoso igual de interesante y bello, dos escenarios casi surrealistas. Charlize Theron complementó con su magnífica actuación un personaje cargado de transformaciones. Envejece, rejuvenece, sufre y ríe por sus maldades. Todo esto, con matices profundos que revelan un alma torturada desde la niñez y condenada a la belleza eterna.
Hace unos días se anunció que “Blancanieves y el Cazador” tendrá una secuela. En ella Sanders —otra vez al mando de la dirección de la película— no podrá repetir la misma historia del cuento de hadas de la que ya echó mano, será quizás esa su verdadera prueba de fuego. Pero veamos primero ésta película y luego esperemos a la que vendrá. Se trata de una propuesta más interesante que la anterior sobre similar historia.

“La ópera prima del director Rupert Sanders destaca por su diseño de arte y sus efectos visuales; es oscura y entretenida, aunque predecible y poco novedosa”, establece la crítica. Pero claro que es predecible, si ya hace 75 años que Disney nos contó la versión rosa de Blancanieves y de allí en más hemos podido observar múltiples versiones del cuento de los Hermanos Grimm tanto en cine como en televisión.

Lo cierto es que los cuentos de hadas han pasado por varias etapas en la historia. Los originales, algo oscuros y creados parapage mantener apaciguados a los niños a través de una pizca de miedo, se tornaron color de rosa cuando las niñas mostraron gran interés por las princesas. Ahora, con nuevos bríos, regresan las historias infantiles un tanto descarnadas.

“Blancanieves y el Cazador” es una de estas versiones oscuras del cuento escrito por los hermanos Grimm hace casi 200 años. Aunque no es un filme sorprendente ni revolucionario, la adaptación del clásico tiene más puntos a favor que en contra. Los efectos visuales y el arte en general están realizados con creatividad y perfección; la actuación de Charlize Theron, como siempre, es bien recibida; y el estilo sombrío se conserva durante toda la cinta, no dejando espacio para traiciones de la cursilería.

“Blancanieves y el Cazador” se apega bastante al cuento original. El rey queda viudo y se casa con una mujer de belleza inigualable, Ravenna, que resulta ser una bruja malvada (Theron). La única hija, la princesa Blancanieves (Kristen Stewart), permanece encerrada en una torre durante años, mientras un espejo mágico le sigue diciendo a Ravenna que ella es la más bonita del reino.

Cuando Blancanieves crece, su belleza rebasa la de la reina. En la película, la joven escapa antes de que ésta le saque el corazón, por lo que la cruel mujer contrata a un cazador (Chris Hemsworth, que interpreta en otra serie de películas a Thor) para que la capture en el bosque. De ahí en adelante, la historia muestra cómo el cazador ayuda a Blancanieves a reunirse con su pueblo. Aunque también aparecen los siete enanos, la manzana envenenada y el beso del ser amado con el que la princesa despierta de la maldición.

¿Qué es lo que falla en “Blancanieves y el Cazador”? Para empezar, el filme no ofrece nada nuevo. Todos conocemos al dedillo el cuento de Blancanieves y esto, sumado al gran apego del director Rupert Sanders a la historia original, dio como resultado una cinta completamente predecible. Hay quien dice que lo importante no es el destino, sino el recorrido. Y si bien todos sabemos cómo termina la historia, en esta película tampoco el camino ofrece grandes sorpresas.

Hay, sin embargo, dos giros que debemos suponer inesperados, aunque no le quitan lo predecible a la trama. El primero es que Blancanieves termina envuelta en un triángulo amoroso con su amigo de la infancia (Sam Claflin) y el cazador contratado para capturarla. El segundo es que la princesa del cuento no esperará a que un príncipe la rescate. Ella misma se monta en su blanco corcel, enfundada en una tosca armadura, para pelear por el trono con la reina usurpadora.

Las actuaciones —salvo la de Theron— cumplen pero no sorprenden. Stewart sigue siendo Bella Swan (“Crepúsculo”) en muchas de las escenas y Hemsworth sigue siendo Thor, pero ahora con un hacha en lugar de un martillo mágico.

“Blancanieves y el Cazador” tiene bastantes inconsistencias, a las que se pueden agregar dos o tres incongruencias, como el hecho de que la princesa escape del castillo y justo en la orilla del mar se encuentre, sin razón alguna, un caballo blanco esperándola; o que, después de haber pasado una década postrada en un calabozo, la heroína se convierta en una diestra guerrera de la noche a la mañana. Cosas de la matiné que le dicen.

Pero entonces, ¿cuáles son los puntos a favor? Por lo pronto, la cinta vale la pena por su maravilloso diseño de arte y demás aspectos técnicos, como efectos visuales, vestuario, maquillaje y edición de sonido. Hay un bosque tenebroso repleto de ingenio, así como un bosque bondadoso igual de interesante y bello, dos escenarios casi surrealistas. Charlize Theron complementó con su magnífica actuación un personaje cargado de transformaciones. Envejece, rejuvenece, sufre y ríe por sus maldades. Todo esto, con matices profundos que revelan un alma torturada desde la niñez y condenada a la belleza eterna.

Hace unos días se anunció que “Blancanieves y el Cazador” tendrá una secuela. En ella Sanders —otra vez al mando de la dirección de la película— no podrá repetir la misma historia del cuento de hadas de la que ya echó mano, será quizás esa su verdadera prueba de fuego. Pero veamos primero ésta película y luego esperemos a la que vendrá. Se trata de una propuesta más interesante que la anterior sobre similar historia.