Llegan dos buenas películas argentinas con “Al final del túnel” y “Kóblic”. Para gente menuda: “Capitán América 3”

Mientras toda la parafernalia de superhéroes continúa desembarcando en las grandes salas de cine mundial, incluida Salto, en este caso con “Capitán América: Guerra Civil”, llegan dos grandes producciones argentinas con la participación de la dupla Echarri y Sbaraglia con “Al final del túnel”, y la de Darín con Martínez en “Kóblic”.

AL FINAL DEL TÚNEL
Se trata de una coproducción argentino española, donde el galán Pablo Echarri produce su primera película para el séptimo arte, actuando además junto a su amigo Leonardo Sbaraglia, quien termina protagonizando un thriller tunelatrapante, junto a la bella española Clara Lago, una de las caras más conocidas y cotizadas de la Península Ibérica debido a haber participado en la película más vista de la historia de España (“8 apellidos vascos”, 2014).

Sinopsis . Joaquín (Sbaraglia), un hombre en silla de ruedas, vive en su oscura y fúnebre casa, un lugar que conoció tiempos mejores. Por eso decide poner un anuncio para alquilar una habitación, al que responde la bailarina de striptease Berta (Lago), que se muda allí con su hija Betty. Gracias a su presencia la casa cobra alegría, así como la vida de Joaquín.

Pero una noche, mientras repara ordenadores en su sótano, Joaquín escucha un tenue ruido que le hace descubrir que la banda de atracadores Galereto (Echarri) está construyendo un túnel que pasa bajo su casa para robar un Banco. De esta forma empieza a espiar a los ladrones para intentar frustrar sus planes, y así descubre que Berta no es quien dice ser y que en realidad colabora con la banda.

Rodrigo Grande escribe y dirige este thriller, y que además de las figuras de Sbaraglia, Echarri y Lago, reaparece en un interesante papel Federico Luppi.

KÓBLIC
A nadie escapa que Sebastián Borensztein es ya uno de los grandes directores del cine argentino y que en los últimos tiempos venía matizando con unas interesantes comedias, lo que hizo creer que tal vez continuaría por ese camino. Sin embargo, con “Kóblic” da un giro de 180 grados en su propuesta, adentrándose a uno de los tiempos más oscuros de la historia latinoamericana, situando su nueva película en el oscuro período que abarcó la última dictadura militar que asoló a Argentina entre los años 1976 y 1983.koblic

El Kóblic del título es Tomás (Ricardo Darín), un piloto de la Armada que decide desertar de la fuerza tras participar de uno de los tristemente célebres vuelos de la muerte, y que huye a un pueblo del interior del país llamado Colonia Santa Elena, donde un amigo lo refugia y le da trabajo mientras piensa en un destino mejor.

Sin embargo, Kóblic no tarda en entrar en contacto con Velarde (Oscar Martínez), el comisario local, tan corrupto como desagradable, y que se obsesiona muy pronto con descubrir qué es lo que hace ese porteño en sus dominios.

Si bien el argumento suena sencillo, a poco de comenzar la película la intriga se hace con el dominio de la pantalla y tiende lazos por aquí y por allá, sobre todo con la inclusión de Nancy, una poco atípica «damisela en desgracia» que interpreta la española Inma Cuesta y que despierta en Kóblic algo de la humanidad que ha adormecido en su interior.

Pero a no engañarse, puesto que el que en un primer momento puede parecer el héroe del film, se revela en su accionar como una persona fría que por momentos hiela la sangre con sus decisiones.

Más allá de la gran actuación a la que nos tiene acostumbrados Darín, si hay una actuación por la que vale la pena ver este filme –al decir del crítico de cine argentino Hernán Khatchadourian- es por la impresionante caracterización de Oscar Martínez. El hombre de la sonrisa hosca, no se reconoce a primera vista gracias a las capas de maquillaje, peluquín y hasta unos horribles dientes postizos que se complementan con su gestualidad y un acento verdaderamente pueblerino. Una maravilla que deja de lado la imagen clásica de los personajes que le han tocado en suerte a lo largo de toda su carrera y que le abre una nueva puerta de acá al futuro.

En el plano técnico, Borensztein consigue crear climas y momentos de gran tensión con planos e iluminación correctos, sin contar con una gran cantidad de tomas aéreas realizadas «a la vieja usanza» que le imprime al producto un dejo de clasicismo.

Hay además, una oscura escena que recrea un «vuelo de la muerte» que provoca una sensación que oscila entre la desesperación y la angustia más profunda.

En definitiva, nos encontramos ante un gran filme de manufactura rioplatense, pues la historia también nos toca de cerca a los uruguayos. Muy buena.







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