Llegó a Salto la esperada “Rogue One”, precuela del Episodio IV de “La Guerra de las Galaxias”

¿Cómo llegaron los planos de la Estrella de la Muerte a manos de la Princesa Leia en el inicio de “Una Nueva Esperanza”?  Responder a esa interrogante es el propósito de “Rogue One”, una historia que llega para tapar ese vacío y contar una gesta épica con una narrativa congruente, escenas intensas y referencias nostálgicas, conectando perfectamente con la película original de “Star Wars” de 1977.star wars.3
“Rogue One” es sin lugar a dudas la precuela perfecta que los fans más rabiosos de la primera Star Wars hubieran querido ver sin tener que esperar casi 40 años. Es, además, la primera película autónoma del universo Star Wars tras la adquisición de la franquicia por los estudios Disney. Se trata de una historia, entre los episodios III y IV, en que un grupo de soldados rebeldes intenta robar los planos de la Estrella de la Muerte, con cameos de algún personaje de las otras entregas.
Los guionistas Chris Weltz y Tony Gilroy han sabido cómo tejer a la perfección los caminos que llevan a la destrucción de la malvada Estrella en el filme que inició la franquicia, por lo que el clásico de George Lucas de 1977 funciona de maravilla como continuación.
Pero es indudable que las cosas han cambiado mucho desde entonces, no sólo en Hollywood sino también en la forma en la que se concibe a los personajes que habitan en una galaxia muy, muy lejana. La protagonista, Felicity Jones, no sólo es mujer, sino también británica. Su padre es encarnado por el danés Mads Mikkelsen. El coprotagonista es el mexicano Diego Luna y el villano de turno ha quedado a cargo del australiano Ben Mendelsohn. También integran el elenco un inglés de origen paquistaní, el flamante nominado al Globo de Oro por la serie The night of, Riz Ahmed, la figura del cine de artes marciales de Hong-Kong Donnie Yen y la estrella del cine chino Wen Jiang, además del retorno del norteamericano James Earl Jones aportando la icónica voz de Darth Vader.
Ni un episodio pleno como los siete que integran la historia oficial ni una historia aislada, desgajada del resto. “Rogue One” es una pieza clave en el engranaje temporal que los herederos de George Lucas se han resuelto a armar con paciencia y dedicación a casi 40 años de la aparición de la saga. Ya sabemos que “Rogue One” relata un episodio decisivo de esta cronología: un grupo de rebeldes quiere asestarle al Imperio un golpe decisivo robando los planos de la Estrella de la Muerte. Estamos, según el reloj, en el momento exacto que precede al Episodio IV, el primero que rodó Lucas en 1977.
Pero, además de enriquecer ese extenso calendario, “Rogue One” desde su aparente (y equívoco) aislamiento frente al resto de la historia orgánica de Star Wars no hace más que potenciar y perfeccionar el camino de regreso a las fuentes que J. J. Abrams inició con el Episodio VII, sobre todo para la generación que creció en paralelo con la evolución de la saga.
En “Rogue One” las preguntas sobre el despotismo del Imperio y la justificación de las operaciones rebeldes star warsadquieren más relevancia que nunca. Estamos ante un relato bélico liso y llano, el más crudo y de mayor acción de toda la historia de Star Wars, en el que los combatientes usan armas de fuego en vez de sables luminosos y casi no hay lugar para Jar Jar Binks, los robots o los aliens, aunque el androide K-2 (un brillante Alan Tudyk) se roba varias escenas.
Más humana y menos especulativa que sus predecesoras, “Rogue One” es el relato de una misión tan arriesgada como la que podrían enfrentar en otra dimensión los “indestructibles” de Stallone, aunque en este caso el sostén fundamental del heroísmo del grupo está marcado por el liderazgo de una joven mujer, Jin Erso, construida a pura convicción y entereza por Felicity Jones.
Hay elementos más viejos (la compleja relación entre padres e hijos) y más nuevos (la presencia de un elenco multirracial) de la saga que funcionan bien porque se ponen siempre al servicio de una constante tensión narrativa entre secretos develados y estallidos de acción pura manejada con pulso firme por Gareth Edwards, sobre todo a lo largo de la extensa y notable batalla final.
Es cierto que no faltan ni Darth Vader ni los stormtroopers. Tampoco algún villano resucitado digitalmente (el Tarkin de Peter Cushing, fallecido en 1994).
Pero todas estas marcas se ponen al servicio de un entretenimiento sin pausas y de un gran personaje femenino, cuyo valor está a la altura de un Han Solo.







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