Lo bueno de ser distintos

Quizás sea difícil comprenderlo y mucho más difícil explicarlo pero las cosas que pasan en nuestra sociedad pueden transformar nuestra vida en un minuto. Y es por eso que debemos saber vivir, asumiendo las cosas que hacemos y sobre todo las que quisiéramos hacer, porque de esa manera sabremos cómo desenvolvernos y lograr nuestras metas, con respeto, honor, libertad, tolerancia e igualdad.
Quizás este tipo de cosas solamente parezcan conceptos vacuos a la hora de leerlo y no circunscribirse en ninguna situación que pueda entenderse en ese contexto, pero no lo son, se trata de una mirada retrospectiva de lo que hemos hecho y sobre todo de lo que queremos hacer, para andar en este camino que es la vida.
Como padres debemos saber transmitir a nuestros hijos los mejores valores para que ellos aprendan a construir con sus propias manos los caminos hacia una sociedad mejor. Sin embargo, muchas veces cuando estamos en pleno proceso de hacerlo y peleamos porque eso suceda nos preguntamos. Si justamente esto no es lo que queremos. ¿Porqué lo estamos haciendo entonces?
El fin de semana participé de la primera conferencia  nacional de periodismo de investigación, donde al conversar con un colega sobre las investigaciones que se han realizado en materia de Derechos Humanos a nivel periodístico, debatimos acerca de los motivos que lo llevaron a efectuar tales investigaciones periodísticas.
Él me sostuvo en varias oportunidades, que lo que había hecho, fue motivado por la búsqueda de la verdad, porque los familiares de los uruguayos que fueron desaparecidos en la dictadura, necesitan saber la verdad de lo que pasó con sus hijos. Y luego de esto, tienen que tener un lugar para llevar una flor. Y después la sociedad debe enjuiciar a quienes cometieron semejante delito, sean civiles o militares, sean adultos o ancianos, para eliminar de raíz la cultura de la impunidad que pervive en nuestra sociedad como  uno de los peores resabios de la dictadura.
Compartí la afirmación de ese colega, porque como uruguayo siento que todo aquel que levante la mano contra otro uruguayo, debe ser castigado para que no vuelva a hacerlo. Pero hay una línea muy delgada entre esto, entre generar el sentimiento de justicia, de que las cosas malas deben ser penalizadas y por otro lado, generar rencor y odio. Pasarse de la raya, que se nos vaya la moto y sembrar en las nuevas generaciones, consideraciones de odio y de repudio hacia otros uruguayos que no actuaron como debieron, para pelear por los principios que hicieron grandes a nuestra patria, los de libertad y democracia.
En ese aspecto, quienes somos formadores de opinión, quienes tenemos hijos pequeños a nuestro cargo, sean estos niños o adolescentes, los que se están desarrollando y fogueando cada día para salir adelante, tenemos una responsabilidad enorme por encima de los temas cotidianos, de los temas económicos que nos corresponden, de las distintas situaciones del diario vivir, sino que tenemos una responsabilidad tremenda en aspectos en los que realmente nos va la vida.
Y no son otros que no sembrar el odio, la intolerancia, la discriminación, la falta de respeto, la soberbia, el rencor y la mezquindad hacia nuestros semejantes, porque estas cosas suceden a diario en todas las familias de nuestra sociedad, sea cual sea su nivel económico, sea cual sea su estatus social, su formación académica, su estándar de vida, sus creencias y sus preferencias políticas.
Este tipo de cosas que pasan todos los días, como participar de los debates públicos sobre los distintos temas que hacen a la vida de la sociedad, deben ayudarnos a reflexionar por encima de nuestras ideas, sino que como padres debemos servirnos de este tipo de casos para saber educar a nuestros hijos, haciéndolos crecer con la apertura mental que necesitan, para que ellos sean mejores que nosotros y no repitan los mismos errores que hemos cometido, sino generar a su vez mejores condiciones de vida para sus propios hijos .
Debemos enseñarles que ser solidarios no es darle a los pobres un kilo de arroz al mes y entregarles lo peor que tenemos, sino generales condiciones de acceso para que logren por su esfuerzo el mismo lugar en el que nos posicionamos los que tenemos un mejor pasar. Enseñarles a respetar las distintas creencias religiosas, más allá de que nos las compartamos, sobre todo si nuestra educación fuera del hogar proviene de una institución donde se paga para aprender valores cristianos tan caros como el respeto, el acogimiento a todas las personas y el compartir desde el corazón, pero sobre todo la tolerancia y la paz. Por más que eso sea solo un eslogan, podrían esforzarse en tratar de lograrlo.
Pero sobre todas las cosas, debemos ocuparnos de enseñarles a nuestros hijos que las diferencias entre las personas que componen un mismo grupo social, son las que nutren a esa sociedad en la que vivimos, donde todos aportamos lo mejor desde nuestro puntos de vista, y esa diversidad de pareceres sin mezquindades ni odios, son las que nos enriquecen y nos harán llegar a ser mejores como personas.
Ese es el verdadero legado que quiero para nuestros hijos, y creo que si todos ponemos un poquito de esfuerzo, pero con seriedad y con el mismo empeño que le dedicamos a aquello que más nos gusta, seguramente ellos conquistarán lo que nosotros por ahora solamente soñamos.

Quizás sea difícil comprenderlo y mucho más difícil explicarlo pero las cosas que pasan en nuestra sociedad pueden transformar nuestra vida en un minuto. Y es por eso que debemos saber vivir, asumiendo las cosas que hacemos y sobre todo las que quisiéramos hacer, porque de esa manera sabremos cómo desenvolvernos y lograr nuestras metas, con respeto, honor, libertad, tolerancia e igualdad.

Quizás este tipo de cosas solamente parezcan conceptos vacuos a la hora de leerlo y no circunscribirse en ningunadiferentes situación que pueda entenderse en ese contexto, pero no lo son, se trata de una mirada retrospectiva de lo que hemos hecho y sobre todo de lo que queremos hacer, para andar en este camino que es la vida.

Como padres debemos saber transmitir a nuestros hijos los mejores valores para que ellos aprendan a construir con sus propias manos los caminos hacia una sociedad mejor. Sin embargo, muchas veces cuando estamos en pleno proceso de hacerlo y peleamos porque eso suceda nos preguntamos. Si justamente esto no es lo que queremos. ¿Porqué lo estamos haciendo entonces?

El fin de semana participé de la primera conferencia  nacional de periodismo de investigación, donde al conversar con un colega sobre las investigaciones que se han realizado en materia de Derechos Humanos a nivel periodístico, debatimos acerca de los motivos que lo llevaron a efectuar tales investigaciones periodísticas.

Él me sostuvo en varias oportunidades, que lo que había hecho, fue motivado por la búsqueda de la verdad, porque los familiares de los uruguayos que fueron desaparecidos en la dictadura, necesitan saber la verdad de lo que pasó con sus hijos. Y luego de esto, tienen que tener un lugar para llevar una flor. Y después la sociedad debe enjuiciar a quienes cometieron semejante delito, sean civiles o militares, sean adultos o ancianos, para eliminar de raíz la cultura de la impunidad que pervive en nuestra sociedad como  uno de los peores resabios de la dictadura.

Compartí la afirmación de ese colega, porque como uruguayo siento que todo aquel que levante la mano contra otro uruguayo, debe ser castigado para que no vuelva a hacerlo. Pero hay una línea muy delgada entre esto, entre generar el sentimiento de justicia, de que las cosas malas deben ser penalizadas y por otro lado, generar rencor y odio. Pasarse de la raya, que se nos vaya la moto y sembrar en las nuevas generaciones, consideraciones de odio y de repudio hacia otros uruguayos que no actuaron como debieron, para pelear por los principios que hicieron grandes a nuestra patria, los de libertad y democracia.

En ese aspecto, quienes somos formadores de opinión, quienes tenemos hijos pequeños a nuestro cargo, sean estos niños o adolescentes, los que se están desarrollando y fogueando cada día para salir adelante, tenemos una responsabilidad enorme por encima de los temas cotidianos, de los temas económicos que nos corresponden, de las distintas situaciones del diario vivir, sino que tenemos una responsabilidad tremenda en aspectos en los que realmente nos va la vida.

Y no son otros que no sembrar el odio, la intolerancia, la discriminación, la falta de respeto, la soberbia, el rencor y la mezquindad hacia nuestros semejantes, porque estas cosas suceden a diario en todas las familias de nuestra sociedad, sea cual sea su nivel económico, sea cual sea su estatus social, su formación académica, su estándar de vida, sus creencias y sus preferencias políticas.

Este tipo de cosas que pasan todos los días, como participar de los debates públicos sobre los distintos temas que hacen a la vida de la sociedad, deben ayudarnos a reflexionar por encima de nuestras ideas, sino que como padres debemos servirnos de este tipo de casos para saber educar a nuestros hijos, haciéndolos crecer con la apertura mental que necesitan, para que ellos sean mejores que nosotros y no repitan los mismos errores que hemos cometido, sino generar a su vez mejores condiciones de vida para sus propios hijos .

Debemos enseñarles que ser solidarios no es darle a los pobres un kilo de arroz al mes y entregarles lo peor que tenemos, sino generales condiciones de acceso para que logren por su esfuerzo el mismo lugar en el que nos posicionamos los que tenemos un mejor pasar. Enseñarles a respetar las distintas creencias religiosas, más allá de que nos las compartamos, sobre todo si nuestra educación fuera del hogar proviene de una institución donde se paga para aprender valores cristianos tan caros como el respeto, el acogimiento a todas las personas y el compartir desde el corazón, pero sobre todo la tolerancia y la paz. Por más que eso sea solo un eslogan, podrían esforzarse en tratar de lograrlo.

Pero sobre todas las cosas, debemos ocuparnos de enseñarles a nuestros hijos que las diferencias entre las personas que componen un mismo grupo social, son las que nutren a esa sociedad en la que vivimos, donde todos aportamos lo mejor desde nuestro puntos de vista, y esa diversidad de pareceres sin mezquindades ni odios, son las que nos enriquecen y nos harán llegar a ser mejores como personas.

Ese es el verdadero legado que quiero para nuestros hijos, y creo que si todos ponemos un poquito de esfuerzo, pero con seriedad y con el mismo empeño que le dedicamos a aquello que más nos gusta, seguramente ellos conquistarán lo que nosotros por ahora solamente soñamos.

Hugo Lemos