Marcas de tortura y desaparición en la mirada de niño de dictadura uruguaya

Federico Anfitti Montevideo, 27 jun (EFE).-

La vida de Sandro Soba quedó marcada a sus 8 años de edad, cuando vio por última vez a su padre, Adalberto, detenido y torturado en Buenos Aires por la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985), imágenes que quedaron plasmadas en su memoria hasta hoy. La familia Soba fue una de las tantas que sufrieron con las torturas y desapariciones forzadas todavía sin solucionar, consecuencias del Gobierno dictatorial que comenzó hace 45 años, un 27 de junio de 1973, cuando el entonces presidente Juan María Bordaberry disolvió el Parlamento uruguayo. Sandro compartió con Efe la historia de la desaparición de su padre, que lo convirtió en un activista y estudioso de la temática, pero también la visión de un niño que, 42 años después, espera por respuestas. Adalberto era un militante de izquierda que tuvo que escapar de su país hacia la vecina orilla ante el riesgo de ser capturado. “Se estaba poniendo bastante bravo acá (en Uruguay), había muchos compañeros que estaban requeridos y tomaron la decisión de irse a Buenos Aires”, dijo Sandro. En tierras argentinas Adalberto continuó con la militancia de forma clandestina y participó en la creación del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que hoy integra la coalición de izquierdas que gobierna Uruguay, el Frente Amplio (FA). En su residencia, en el barrio Palermo de la capital argentina, Sandro no recuerda hechos extraños, ya que su padre intentó siempre que tanto su esposa como sus hijos no estuvieran involucrados en su actividad. Sin embargo, de a poco, las fuerzas de seguridad de la dictadura cívico-militar tanto de Argentina como de Uruguay, que trabajaron juntas durante esta época, en lo que se denominó como “Plan Cóndor”, fueron encontrando y deteniendo personas en ambos países. Por ello, se mudaron al barrio Haedo, a una casa que tenía una imprenta que Adalberto comenzó a usar para continuar los trabajos del PVP. El 27 de septiembre de 1976, el padre de Sandro fue a encontrarse con un compañero a un bar y nunca volvió. A las pocas horas, llegaron a la casa los militares, golpearon a los hombres que trabajaban en la imprenta y le dijeron a la madre de Sandro que tenían algo para ella. “Mi madre corre hacia el fondo de la casa donde había una camioneta, yo voy corriendo detrás de ella y cuando la abren tenían a mi viejo totalmente desnudo, tirado arriba de la camioneta, mojado, totalmente torturado. Apenas podía hablar”, narró Sandro.
Él recuerda cosas puntuales de la tarde que los detuvieron y una de las imágenes que permanece en su memoria fue la de ver a sus dos hermanos pequeños y a su madre llorar. Todos fueron llevados a Automotores Orletti, un centro clandestino de detención y torturas ubicado en el barrio La Floresta de la capital argentina. En la planta baja estaba Sandro junto a su madre y hermanos mientras que en el primer piso estaban los detenidos sufriendo torturas constantes. “Los recuerdos míos de Orletti son las fotografías que me quedaron en los momentos más dramáticos (…) de sentir los gritos de arriba y tratar de ir a ver qué estaba pasando”, subrayó. Con la intriga de un niño, Sandro logró pasar desapercibido y subir al primer piso y vio a decenas de personas sentadas en el suelo semidesnudas. Pasados tres días, José Nino Gavazzo, uno de los militares que actualmente se encuentra en prisión domiciliaria por múltiples delitos de violación a los Derechos Humanos durante la dictadura, decidió que Sandro junto a su madre y sus hermanos debían volver a Montevideo. EFE 







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