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María del Rosario Bocking de Moor, formadora de generaciones de jóvenes

Formadora de generaciones de jóvenes en un terreno tan especial como lo es el religioso; nuestra entrevistada es, sin lugar a dudas, un ejemplo cabal, de que la entrega a una convicción, en tiempos en los que dicha virtud escasea a montones; no es nada más que una cuestión de fe. 

¿Cuándo adoptó a Salto como su hogar?
La vida me llevó por muchos caminos. De haberme criado y formado en Montevideo, donde hice mi carrera de profesorado de historia, terminé viniéndome a vivir a Salto en 1994, pero al medio del campo, pasando Cuchilla de Guaviyú; fueron 14 años en los cuales estuve circunscripta pura y exclusivamente a mi familia, mi esposo y mis cuatro hijos. Por supuesto que mi título de Profesora de Historia quedó guardado; pero, siempre me dije que, el día que volviera a vivir en una ciudad, sería Montevideo, donde quizás retomaría mi actividad.
Así lo hice. Un año antes de la fecha en la que volveríamos, ya sabiendo inclusive al colegio al que quería enviar a mis hijos, al Jesús María, fui a inscribirlos y me dijeron que podían ingresar solamente dos de ellos; eso cambió todo. Me fui a casa de mi madre y le dije; ¿qué estoy haciendo aquí? No puedo quedarme; me vuelvo a Salto.
Tomé el teléfono, llamé al Colegio Crandon y los inscribí. Queríamos que fueran a un lugar chico y con buena carga horaria, teniendo en cuenta que venían de criarse en campaña; en ese momento, creo que Jesús fue quien me mostró el camino a seguir. Y desde entonces, me afinqué con mi familia definitivamente en Salto. Fue lo mejor. Hubiese sido una disgregación muy fuerte de la familia; mi esposo trabajando en Guaviyú de Arapey, y mis hijos y yo en Montevideo. No era lo mismo estar, como estuvimos, a unos 180 kilómetros de distancia que a 500. Y sabe qué: valió la pena.

¿Por qué catequista?
Es difícil de explicar qué me llevó a ser catequista. Creo que los caminos los vamos haciendo a medida que el Señor nos va llevando de la mano. Siempre tuve adentro mío, la conciencia y la seguridad de que tenía que dar algo, pues había recibido mucho (una familia, padres que me querían mucho); basada, claro está, en una educación fuertemente cristiana, por lo tanto, comprometida.
Me formé desde muy pequeña en el Colegio del Sagrado Corazón en Montevideo, el cual lamentablemente luego se vendió (fuimos la última generación), a la Escuela Italiana. Allí tuve una educación muy abierta, moderna, con una sensación de que uno pisaba la tierra; eso me indicó que, algo iba a hacer en algún momento.
Un buen día una amiga me dijo que tenía que ser catequista, más que nada de Comunión, ya que siempre concurría a misa y era tan creyente. Me pareció una buena idea; hablé con el Padre Emilio Ghidotti, le pareció bien, y ahí me largué al agua, sin tener más formación que la que había recibido desde chica.

¿Cómo fueron los primeros pasos?
Siempre me gustó relacionarme mucho con los jóvenes. Pensando en su momento, me dije a mi misma que, trabajar de profesora de historia, no iba a poder, porque me cortaría la libertad de poder irme para afuera con mi familia; por lo tanto, mi opción de vida fue volcar todo el conocimiento que recibí tanto del Estado en la formación pedagógica, sumado a la religiosa, a la catequesis.
A los dos o tres años de dar clases para tomar la Comunión, el Padre Emilio (Ghidotti), me llamó y pidió que acompañara a Mirtha Goursing que preparaba para la Confirmación, y comprobé que era lo que me gustaba más. La verdad es que fueron unos cuantos años. Comencé como catequista en 1996; en 1998 empecé con Confirmación y cuando Mirtha dejó el curso, me hice cargo del mismo.

¿Fue difícil abordar una temática tan particular como la fe?AL DORSO [1]
Cuando comencé teníamos una muy buena preparación en el oficio catequístico. Todos los lunes teníamos cursos de profundización y preparación, con un equipo bárbaro, con el cual me fui formando más a fondo. Muchos chicos pasaron por nuestros cursos, varias generaciones. A veces, si ya venían con una preparación, comenzado el camino al tomar la Comunión, se preparaban para la Confirmación; si no se hacía la preparación para los tres sacramentos (Bautismo – Comunión – Confirmación). Era una preparación casi de adulto; venían personas adultas, también. Durante esos años puedo decir que fui feliz, muy afortunada. Ese ida y vuelta con los jóvenes, me permitió ir viviendo la ebullición del futuro.

Actualmente, ¿qué actividad desempeña dentro de la vida parroquial?
En estos momentos, después de tantos años trabajando con los chicos en la Confirmación, estamos trabajando con los equipos de bautismo, algo que es muy lindo y es tan importante para el cristiano. Formar parte del mismo me da la posibilidad de acercarme de nuevo a las generaciones de mis hijos, quienes vienen con sus bebés y sus niños para prepararse para el Bautismo. Ese es un gran desafío; el ver cómo te acercás a ellos, cómo les despertás el interés y las ganas de acercarse a Jesús. Es también una manera de estar en contacto con las familias, con los jóvenes; creo que es algo importante, lo reitero, y que hay que decirlo, por lo lindo que es esa etapa de preparación de ese primer sacramento. Es un volver a pasar por el corazón; retrotraernos a todas esas cosas lindas que aprendimos de chicos, y que ahora, son los hijos, los que hacen que nuevamente haya un acercamiento a la fe.

Tenemos entendido que tuvo un intervalo en la catequesis en el cual dictó cursos sobre la Historia de la Iglesia, ¿es así?
Luego de mucho tiempo de trabajar con los jóvenes, como lo manifesté; consideré que había pasado el tiempo y que al ir aumentando de años, porque los chicos siempre tenían la misma edad, 17, 18 años, 19; llegó un momento en que vi que la brecha generacional era grande, y que tenía que aparecer gente joven, que le hablara a los muchachos con espíritu de joven. Si bien la maravilla de la vida es que podemos tener 80 años y sentirnos muy jóvenes, y yo me siento así; los años los tengo y la diferencia cultural influye. Entonces, decidí dar un paso al costado. Pero, el Padre Guillermo me invitó a dar unas charlas sobre la Historia de la Iglesia, lo que para mí fue un regalo del cielo. Me volví a preparar, esta vez sobre dicho tema, conjugando mi profesión de docente con las temáticas que me gustaban y en las que me formé.
Al principio de los cursos, que duraron tres años, la salvedad que hacía era que, no se trataba de historia como la conocemos, sino que de una historia que parte desde la subjetividad y se asienta en la fe de la Iglesia, ya que la historia de ésta, no se separa jamás de lo que es su fe. Mirar al pasado, reconociendo momentos que no fueron buenos, los que hay que saber juzgar y evaluar, pero a grandes rasgos, creer que en esa historia, estuvo la mano de Dios.

¿Ser cristiano es un compromiso?
Un buen cristiano, un buen católico, tiene que pisar la tierra y saber dónde está. Tiene que tratar de dar lo mejor de sí, tanto para su Iglesia, como para la sociedad, la comunidad en la que vive, para su país. El cristiano no puede estar separado de la realidad del mundo, dedicándose solamente a la parte espiritual; recordemos que Jesús fue un hombre comprometido con su tiempo, quien nos enseñó que hay que darse a sí mismo, pero también a los demás. Su venida al mundo cambió ese mundo, cambiando las relaciones entre los hombres. El valor que tuvo la semilla de los mártires que se desparramó como un fuego desde Jerusalén hacia todo el Imperio Romano, y más, es importante recordarlo.

Esa indiscutible fe que vemos le sale por los poros, ¿se encuentra pasando por un período de decaimiento o de mutación?
No sé si la fe; porque para mí ésta es personal. Lo que sí creo que está en crisis, son las religiones y las iglesias en general; moviéndonos el piso a los feligreses, como parte de las mismas que somos. Nos enfrentamos a una cultura relativista, de la pos verdad, donde cualquiera puede afirmar cualquier cosa y se lo toma como verdad revelada, sin ser objetiva. Existe un permanente enfrentamiento entre la Iglesia y la razón, cuando la fe de la Iglesia va de la mano de la razón. La fe no es solamente un sentimiento, sino que es algo mucho más profundo que se asienta en verdades del ser humano, inclusive científicas, aunque muchos puedan refutarla. El cuestionamiento moral de hoy en día, lleva a que la cultura dominante, se contraponga a lo que es la fe vista desde la óptica de la Iglesia, ya que ésta tiene unos valores inmutables y universales, como el valor de la dignidad del hombre; el valor de la familia tradicional conformada por un hombre y una mujer que se aman y tienen a sus hijos, la cual no puede ser ninguneada ni menospreciada, sino que continúa siendo la base de la sociedad, le pese a quien le pese, lo cual no va en detrimento de otras opciones; el valor y la dignidad del trabajo; valores que hoy se encuentran bombardeados por una cultura light, fácil. Por lo tanto no creo que sea la fe, sino que lo que está en declive es la cultura. La Iglesia se va adaptando a su tiempo, ante este nuevo mundo; nosotros, los adultos, nos vamos adaptando también, a nuestro tiempo, a este mundo.

Háblenos de su familia
Para mí es fundamental. La mía se conforma por cuatro hijos: dos varones: Juanca, de 34 años, casado, quien me dio dos nietos (Pilar y Manuel), es Agrónomo y vive acá, y Diego, que es el más chico, que se acaba de recibir de Licenciado en Gestión y Producción Agropecuaria y vive acá; y dos mujeres: Rosario, de 36 años quien hace 10 años vive en Barcelona, es Licenciada en Relaciones Internacionales, y Milagros que tiene 30 años, es Contadora y vive en Montevideo. Los hijos son lo mejor que nos puede dar la vida. Y mi esposo, Johnny, con quien estamos juntos hace casi 38 años, ha sido fundamental para mí.

¿Le queda alguna deuda pendiente?
Debo de darle gracias a la vida por todo lo que me ha dado. La experiencia de vivir en el campo, con todas sus dificultades; el haber criado bien a mis hijos; el de compartir toda una vida con mi esposo y poder hacer lo que me gusta, hoy ver crecer a mis nietos. Creo que estoy en paz con la vida y ella conmigo, y que uno debe darse más, agradecer más. Siempre me planteo cómo ser mejor persona, lo cual es difícil.