Masonería en Salto

La Masonería cumplió recientemente 160 años de presencia en Salto. Al respecto EL PUEBLO dialogó por extenso con el Dr. Néstor Albisu, quien ostenta uno de los grados mayores dentro de esa «Logia de la Escuela Hiram». A continuación transcribimos, como primera parte, algunos pasajes de la entrevista realizada. Quedan para una segunda entrega aspectos conversados especialmente sobre la relación de la Masonería con el poder político y económico de los países.
-Tenemos la sensación de que se ha dado una evolución en cuanto a que la Masonería antes era más oculta y ahora es más abierta, ¿está de acuerdo?
Es que con el tiempo la gente se ha ido interesando más por la Masonería. El vuelco hacia el exterior proviene fundamentalmente de la gente. Por ejemplo en Brasil se ponen todas las galas masónicas y forman hasta una comparsa. En Estados Unidos, en determinados Estados también lo hacen. Acá en Salto nunca tuvimos nada contario a esa apertura, en absoluto, aunque había una escuela femenina confesional, a la vuelta, que a las chiquilinas les pedían que no fueran por esa vereda (de la Escuela Hiram) porque de ahí salían los diablos, de eso hace como 60 años… Pero no había una lucha y nos llevábamos siempre absolutamente bien con todas las religiones. Cuando fui Jefe de Policía, te puedo decir que me ayudó la Masonería, pero también me ayudaron todas las confesiones religiosas y hablé en los púlpitos de todas ellas cuando hice aquella quijotesca lucha contra la droga. Fui apoyado por todos. No existe nada por lo que nos hubiéramos sentido perseguidos en algún momento, aunque hay lugares que sí. Una vez en la Argentina un masón me presentaba a los demás diciendo: «este hombre dirige una logia que tiene un cartel luminoso en la puerta», el cartel de la Escuela Hiram, porque no podía creer que se mostrara así, como un lugar de puertas abiertas donde la gente entra.
-Hay quienes identifican Masonería con Religión, ¿hasta dónde es o no un grupo religioso?
¿Qué quiere decir «religión»? Quiere decir «re-elegir»; es cuando el hombre se pone ante sí mismo y considera que no ha venido al mundo solo para vegetar sino que busca otros planos, algunos los buscan en Dios, otros en Buda, algunos en Alá…
-¿Y los masones en qué los buscan?
Nosotros decimos a los nuevos que entran: acá somos distintos; no decimos: ustedes tienen que creer en tal dios; son ellos los que tienen que llegar a creer en eso, lo único que hacemos es pulirlos, educarlos lo suficiente para que encuentren el camino, que sean ellos mismos los que lleguen, no imponérselos nosotros. Eso es lo único que tenemos distinto a otras religiones, de entrada no entran a adorar a un dios sino que entran en un camino para encontrar lo que ellos necesitan.
-¿Así que no es un error decir que la Masonería es una religión?
Es una religión, por supuesto. No es un error tampoco decir que las demás religiones también son corrientes filosóficas.
-¿Cualquier masón puede decir libremente que es masón o debe haber cierta reserva?
La discreción es un elemento fundamental. Hay lugares donde al masón se lo presenta públicamente, vistiéndose con las galas masónicas o con un cartel, depende de la idiosincrasia y del lugar, de la educación pública que tenga ese lugar. Pero nadie obliga al masón iniciado a que diga: «yo soy masón»; lo que sí se le pide es que no diga «fulano es masón», es decir que no señale a otros.
-La Masonería cumple 160 años en Salto, ¿y usted cuántos lleva ahí?
Y…unos 40 años. Yo tenía el antecedente del abuelo (Mtro. Anastasio Albisu); no me era extraño escuchar hablar de estas cosas. Él fallece y en esa época los masones utilizaban ir vestidos como masones a las exequias de un hermano masón.
-¿Cuál es esa gala, esa vestimenta?
Simplemente, según el grado que tenga es un pequeño delantal con distintos colores de acuerdo al grado. Pero lo más sencillo posible, para pasar lo más desapercibido. Me refiero a los uruguayos, porque hay otros lados donde se ponen adornos de todo tipo, como te decía, depende del lugar y la idiosincrasia.
-¿Ustedes aún utilizan esa indumentaria?
Sí, sí, es la vestimenta para trabajar como le llamamos nosotros, sin eso no podemos, nos encontramos desnudos.
-¿Su entrada a la Masonería tuvo que ver con la influencia de su abuelo?
No, no…
-¿Y cómo se entra?
La Masonería es elitista y no nos asusta decir elitismo, no es elitismo por color de piel, categoría social, cuentas bancarias, sino por aquella gente que uno encuentra en la sociedad, cada uno en su trabajo, en su labor, en su rango social, que es alguien que quiere saber algo más y que tiene ganas de conocer y que es un individuo que nosotros llamamos Justo y Perfecto, es decir, que no ha hecho ninguna macana grande desde el punto de vista moral, que tiene una compostura adecuada. A ese individuo se lo invita y una vez que acepta se lo pone en bolillero, primero en Salto se hace todo un estudio individual, que sea aceptado por todos y después se manda a Montevideo y en todos los departamentos se conoce su nombre y sus antecedentes. ¡Entra después que es aprobado por todos! Por eso yo siempre digo que lo difícil es entrar, no salir como a veces se cree.
-¿Es correcto decir que la Escuela Hiram es el templo de ustedes?
Nosotros no tenemos templo, para nosotros el templo se organiza cuando iniciamos con las palabras respectivas y cuando están los hermanos, es decir, los hermanos son los ladrillos que forman el templo masónico. Y duran mientras dura la reunión que se está llevando a cabo y así como se abrió se cierra con palabras y en ese momento desaparece el templo. Lo que hay sí es un recinto apropiado para reunirse…
-Ese recinto está dentro de la Escuela Hiram…
Sí.
-¿Y con qué se encuentra quien llega ahí?
Con lo que se encuentra es con la Escuela.
-¿Y una vez que sigue avanzando y cruza los salones de la Escuela?
Con el salón de ceremonias. Se encuentra con una serie de símbolos que si no los conocés no sabés… Pero hay joyas importantes, como las arañas que mandó Garibaldi después de haber estado en Salto. Mi abuelo fue uno de los que las recibió…







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