Mayo, mes del libro

Pasado mañana se celebra en nuestro país el Día del Libro.
En los últimos años son varias las instituciones que intentan promover esta celebración con diversas actividades, en diferentes días del mes de mayo, por lo que este se ha ido convirtiendo poco a poco en el «mes del libro».
Un poco de historia: Se recuerda así el 26 de mayo de 1816, fecha en que se fundó la primera Biblioteca Pública del país, hoy Biblioteca Nacional.
La  propuesta surgió de parte del Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, quien incluso donó una buena parte de sus libros para dar inicio a la institución.
El proyecto de Larrañaga se presentó al Cabildo con la inmediata aprobación de éste. Comunicado el General José Gervasio Artigas, también alentó con entusiasmo la iniciativa.
Entre las personalidades que realizaron donaciones de libros para que la biblioteca comenzara su función debe destacarse a José Raimundo Guerra y Pérez Castellano.
Alrededor de 5000 volúmenes eran los que ofrecía en su inicio.
Estaba situada en la Casa de Gobierno de aquel entonces (ubicada en Plaza Zabala) y fue su primer Director el propio Dámaso Antonio Larrañaga.

Pasado mañana se celebra en nuestro país el Día del Libro.

En los últimos años son varias las instituciones que intentan promover esta celebración con diversas actividades, en diferentes días del mes de mayo, por lo que este se ha ido convirtiendo poco a poco en el «mes del libro».

Un poco de historia: Se recuerda así el 26 de mayo de 1816, fecha en que se fundó la primera Biblioteca Pública del país, hoy Biblioteca Nacional.

La  propuesta surgió de parte del Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga, quien incluso donó una buena parte de sus libros para dar inicio a la institución.

El proyecto de Larrañaga se presentó al Cabildo con la inmediata aprobación de éste. Comunicado el General José Gervasio Artigas, también alentó con entusiasmo la iniciativa.

Entre las personalidades que realizaron donaciones de libros para que la biblioteca comenzara su función debe destacarse a José Raimundo Guerra y Pérez Castellano.

Alrededor de 5000 volúmenes eran los que ofrecía en su inicio.

Estaba situada en la Casa de Gobierno de aquel entonces (ubicada en Plaza Zabala) y fue su primer Director el propio Dámaso Antonio Larrañaga.

Una reflexión sobre el libro, por Leonardo Garet

En estos días de celebrar el libro, EL PUEBLO solicitó al escritor salteño y miembro de la Academia Nacional de Letras,Dibujo1Leonardo Garet, una reflexión al respecto. A continuación transcribimos su aporte:

«Recuerdo una celebración del día del libro hace como veinticinco años en el liceo IPOLL. Los alumnos hicieron afiches y cubrieron ventanas con frases alusivas a la importancia del libro. Un cartel largo sobre la puerta de la sala de profesores decía: «El libro es la memoria de la humanidad. Bernard Shaw.» A mí me había parecido que era la más contundente declaración del valor del libro. Esa misma oración la leo hoy con incredulidad y me suena vacía de contenido.

La computadora relega inconteniblemente al libro cuando un pendrive del tamaño de un grillo es más efectiva e invencible memoria. ¿Qué queda pues del libro? Los servidores de Internet nos proveen de lo que deseamos saber en forma inmediata. ¿Cuál es entonces hoy, la importancia del libro? No es el mejor informativo, ni el mejor  almacén de datos, pero impulsa al individuo a elevarse sobre sí mismo. No será una insustituible herramienta de la ciencia, pero el libro que contiene una creación literaria sigue vivo y debe dársele el lugar que le corresponde. No es más la memoria, es la mano, los ojos y el corazón.

Hay quienes tendrían que defenderlo y sin embargo, en nombre de un mal entendido ánimo «facilitador de las cosas», aconsejan y distribuyen fotocopias, o mandan por e-mail las páginas que se deben leer.

Están privando así al supuestamente favorecido del contacto con una obra literaria completa. Es muy distinto el libro que ocupa un lugar en el espacio, que puedo tocar y acariciar, que el libro que se despliega en una pantalla. El estudiante puede informarse en Internet, pero no sentir el calor de la comunicación personal que trasmiten las páginas. Un poema en la pantalla pierde su aroma.

Prueben a leer el Poema XX de Neruda en la pantalla y léanlo después en el libro viejo que estaba en la casa de los abuelos, ese con páginas amarillentas y lomo descolado.

Leonardo Garet

Palabras de Federico García Lorca

«Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que Dibujo2sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos…No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida…».

Federico García Lorca

(En inauguración de una biblioteca en Granada, en 1931)

Palabras de Jorge Luis Borgues
«De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo.Dibujo3 El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono, de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo.
Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y de la imaginación».
Jorge Luis Borges