MIRTHA LEGRAND: LA SRA. DE LOS ALMUERZOS

Se encuentra en actividad hasta hoy en día. Su carrera fue tocada por la varita mágica. Actriz, Presentadora, Empresaria. De éxito, mucho éxito. Popular. Admirada por la mayoría, criticada por algunos. Un personaje que despierta sentimientos encontrados entre la gente, por ser mediática y por su influencia en la opinión pública. Ella misma reconoció en algún momento: “Hay mucha gente que me quiere bien, y otros, un poco menos. Son las reglas del juego, siempre. Pero, en los momentos más difíciles me han respondido, y con afecto…”. Una dama emprendedora como pocas. Transformada en diva ha sabido a través de largos años mantenerse en la ruta con infinidad de sucesos, que seguramente perdurarán, quizás hasta ser recordada eternamente, como las estrellas, otorgando su brillo y luminosidad.   Coqueta, bonita y seductora, aparece por la pantalla chica, o se muestra por las calles bonaerenses,  muy producida. Ayudada por varias cirugías: “Me hice un par en toda mi vida. Sólo dos liftings…” dijo. Y en cuanto al paso del tiempo y al deterioro cerebral, “Es lo que me da mucho miedo. Por eso pongo al día mi memoria haciendo palabritas cruzadas. Ejercito la memoria y el cerebro, pero nunca hice gimnasia. Es que de tantos esfuerzos te arrugás la cara. No, no, eso no es para mí…”, culminó.  En el momento, tiene 86 años; se llama Rosa María Juana Martínez Suárez y se le conoce bajo el nombre fantasía de Mirtha Legrand. También la llaman, “Chiquita” o “La Chiqui”. La señora de los almuerzos televisados.
A 200 KM. DE ROSARIO
En la mañana del 23 de febrero de 1927, en medio de un tremendo calor típico de la época, llegaba a este mundo Rosa María Juana Martínez Suárez, al hogar de una familia humilde, en la localidad de la provincia de Santa Fé, Villa Cañás, pueblo ubicado a 200 kilómetros de Rosario. El parto, no fue fácil, su madre Rosa Suárez –maestra de profesión- luchó denodadamente para que naciera, hecho que no fue sencillo,  ya que en aquel instante tanto su padre, José Martínez –comerciante-  como la partera y su asistente notaron con infinita sorpresa que se estaba dando a luz a dos criaturas. Así fue que aparecieron las lindas gemelas Rosa María Juana, que luego sería Mirtha Legrand, y María Aurelia, que más tarde pasaría a llamarse Silvia Legrand.  Ambas, ya tenían un hermano dos años mayor que ellas, José Martínez Suárez, quien supo acompañarlas y brindarles su afecto, y que con los años se convertiría en un destacado director cinematográfico.  Su infancia la vivieron cursando la Escuela Fiscal No. 178 de Santa Fé, lugar donde son apodadas “Chiquita” y “Goldi”. Pero, los buenos momentos en familia poco durarían, ya que mientras las pequeñas estaban aún en primaria, sus padres decidieron separarse, y Rosa, la madre, resolvió trasladarse a Rosario para ofrecerle a sus hijos, mejores oportunidades en cuanto a la educación. Es entonces cuando las hermanas toman cursos infantiles en el Teatro Municipal y estudian canto, danzas clásicas, recitado, piano y zapateo americano, disciplinas muy practicadas en aquella época. En su tiempo libre, solían pasear alrededor de la plaza 9 de Julio, concurrían al cine o frecuentaban una laguna cercana. En ese clima, Mirtha fue avizorando su vocación, y demostrando ante la mirada de sus maestros, las muy buenas cualidades innatas que poseía para la actuación y el movimiento en el escenario. Próximo destino: Buenos Aires, pero antes ocurriría un lamentable hecho, su padre José Martínez muere luego de una operación de úlcera, el 19 de enero de 1937.
LOS SUEÑOS CRECÍAN…
EN LA CAPITAL
Después de la irreparable pérdida, la familia decidió radicarse en forma definitiva en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires, donde las gemelas continuaron con su educación en la Escuela Provincia de Mendoza y desarrollaron sus dotes artísticas. Fueron desarrollando un talento que evidentemente clamaba por ser expresado.  Mientras tanto, en casa el dinero no sobraba, y las chicas debieron salir a ganarse el pan. Intentaron por todos los medios conseguir un trabajo relacionado a lo suyo, a lo que llevaban en el corazón. Después de mucho andar, el director Luis César Amadori, las contrató como extras y un pequeño diálogo, para el filme “Hay que educar a Niní”, de 1939, con la desopilante Niní Marshall, debutando de ésta forma Mirtha y Silvia en el cine.  Los meses fueron pasando, y tanto en los ensayos como el desarrollo de los pequeños papeles que las hermanas lograban conseguir, desde un principio fue notoria la diferencia en la personalidad de ambas, que con el tiempo se haría más trascendente, llevando a “Chiquita” a un sitial más importante que el que lograría su hermana Silvia.
“LOS MARTES ORQUÍDEAS”: COPROTAGONISTA
CON 14 AÑOS
Su consagración se produciría en 1941, cuando se estrena la cinta “Los martes, orquídeas”, en el género comedia-romance.  Tenía apenas catorce años y la trama indicaba que debía besar a Juan Carlos Thorry, de 33 años, fue ahí cuando, según Legrand, aprendió “Cómo era eso…” Legrand obtuvo su papel ahí luego de que Gonzalo Palomero, ayudante de dirección, viera publicada en “Crítica” la fotografía de ella cuando había ganado un concurso de carnaval poco antes y la citara a una prueba escénica.  La premiére fue en el cine Broadway, y Mirtha, ya mayor, recordaría: “¡Llegué al cine en tranvía y me fui en un Cadillac! No sé de quién era, pero me acompañaron mi madre y mis hermanos…” El largo-metraje convertiría a Mirtha Legrand en una de las revelaciones del cine argentino de entonces. A poco del estreno, el gran público consagró a la angelical muchacha tierna que lograba emocionar a la platea, en medio de una hilarante comedia. Inmediatamente, los principales de la Lumiton deciden contratar a Mirtha para ser protagonista de sus películas durante cinco años, llegando a ser una de las actrices más destacadas de la industria cinematográfica porteña. Su rostro y su voz apabulló la pantalla grande: “Safo”, “La casta Susana”, “El viaje”, “Un beso en la nuca”, “Mi novia es un fantasma”, “La pequeña Sra. de Pérez”, y más. En 1945, durante el rodaje de “Cinco besos”, conoció al director franco-argentino Daniel Tinayre. Contrajeron matrimonio, meses después, el 18 de mayo de 1946, cuando ella tenía 19 años y él, 36. El hecho fue tan importante que la revista “Radiolandia”, que llegó a vender 40.000 ejemplares, compró los derechos para tener en exclusiva todos los detalles y características de la boda. En 1948, nació su primer hijo, Daniel Andrés, y en 1950, su única hija, Marcela. Su esposo e hijo, fallecieron, en 1994 y 1999, respectivamente. Tinayre la dirigió en el recordado filme “La patota”, en 1960. Los famosos almuerzos de la tele nacieron el 3 de junio de 1968 y se mantienen hasta el presente. Mirtha Legrand definió su trayectoria de más de setenta años con una frase: “Les he dado mi vida… Todo lo que hice fue porque soy una luchadora. No me arrepiento de nada…”
juanjoalberti@hotmail.com                                                                                  www.losfavoritosdejuanjo
alberti.blogspot.com

Se encuentra en actividad hasta hoy en día. Su carrera fue tocada por la varita mágica. Actriz, Presentadora, Empresaria. De éxito, mucho éxito. Popular. Admirada por la mayoría, criticada por algunos. Un personaje que despierta sentimientos encontrados entre la gente, por ser mediática y por su influencia en la opinión pública. Ella misma reconoció en algún momento: “Hay mucha gente que me quiere bien, y otros, un poco menos. Son las reglas del juego, siempre. Pero, en los momentos más difíciles me han respondido, y con afecto…”. Una dama emprendedora como pocas. Transformada en diva ha sabido a través de largos años mantenerse en la ruta con infinidad de sucesos, que seguramente perdurarán, quizás hasta ser recordada eternamente, como las estrellas, otorgando su brillo y luminosidad.   Coqueta, bonita y seductora, aparecepagepor la pantalla chica, o se muestra por las calles bonaerenses,  muy producida. Ayudada por varias cirugías: “Me hice un par en toda mi vida. Sólo dos liftings…” dijo. Y en cuanto al paso del tiempo y al deterioro cerebral, “Es lo que me da mucho miedo. Por eso pongo al día mi memoria haciendo palabritas cruzadas. Ejercito la memoria y el cerebro, pero nunca hice gimnasia. Es que de tantos esfuerzos te arrugás la cara. No, no, eso no es para mí…”, culminó.  En el momento, tiene 86 años; se llama Rosa María Juana Martínez Suárez y se le conoce bajo el nombre fantasía de Mirtha Legrand. También la llaman, “Chiquita” o “La Chiqui”. La señora de los almuerzos televisados.

A 200 KM. DE ROSARIO

En la mañana del 23 de febrero de 1927, en medio de un tremendo calor típico de la época, llegaba a este mundo Rosa María Juana Martínez Suárez, al hogar de una familia humilde, en la localidad de la provincia de Santa Fé, Villa Cañás, pueblo ubicado a 200 kilómetros de Rosario. El parto, no fue fácil, su madre Rosa Suárez –maestra de profesión- luchó denodadamente para que naciera, hecho que no fue sencillo,  ya que en aquel instante tanto su padre, José Martínez –comerciante-  como la partera y su asistente notaron con infinita sorpresa que se estaba dando a luz a dos criaturas. Así fue que aparecieron las lindas gemelas Rosa María Juana, que luego sería Mirtha Legrand, y María Aurelia, que más tarde pasaría a llamarse Silvia Legrand.  Ambas, ya tenían un hermano dos años mayor que ellas, José Martínez Suárez, quien supo acompañarlas y brindarles su afecto, y que con los años se convertiría en un destacado director cinematográfico.  Su infancia la vivieron cursando la Escuela Fiscal No. 178 de Santa Fé, lugar donde son apodadas “Chiquita” y “Goldi”. Pero, los buenos momentos en familia poco durarían, ya que mientras las pequeñas estaban aún en primaria, sus padres decidieron separarse, y Rosa, la madre, resolvió trasladarse a Rosario para ofrecerle a sus hijos, mejores oportunidades en cuanto a la educación. Es entonces cuando las hermanas toman cursos infantiles en el Teatro Municipal y estudian canto, danzas clásicas, recitado, piano y zapateo americano, disciplinas muy practicadas en aquella época. En su tiempo libre, solían pasear alrededor de la plaza 9 de Julio, concurrían al cine o frecuentaban una laguna cercana. En ese clima, Mirtha fue avizorando su vocación, y demostrando ante la mirada de sus maestros, las muy buenas cualidades innatas que poseía para la actuación y el movimiento en el escenario. Próximo destino: Buenos Aires, pero antes ocurriría un lamentable hecho, su padre José Martínez muere luego de una operación de úlcera, el 19 de enero de 1937.

LOS SUEÑOS CRECÍAN… EN LA CAPITAL

Después de la irreparable pérdida, la familia decidió radicarse en forma definitiva en el barrio de La Paternal, en Buenos Aires, donde las gemelas continuaron con su educación en la Escuela Provincia de Mendoza y desarrollaron sus dotes artísticas. Fueron desarrollando un talento que evidentemente clamaba por ser expresado.  Mientras tanto, en casa el dinero no sobraba, y las chicas debieron salir a ganarse el pan. Intentaron por todos los medios conseguir un trabajo relacionado a lo suyo, a lo que llevaban en el corazón. Después de mucho andar, el director Luis César Amadori, las contrató como extras y un pequeño diálogo, para el filme “Hay que educar a Niní”, de 1939, con la desopilante Niní Marshall, debutando de ésta forma Mirtha y Silvia en el cine.  Los meses fueron pasando, y tanto en los ensayos como el desarrollo de los pequeños papeles que las hermanas lograban conseguir, desde un principio fue notoria la diferencia en la personalidad de ambas, que con el tiempo se haría más trascendente, llevando a “Chiquita” a un sitial más importante que el que lograría su hermana Silvia.

“LOS MARTES ORQUÍDEAS”: COPROTAGONISTA CON 14 AÑOS

Su consagración se produciría en 1941, cuando se estrena la cinta “Los martes, orquídeas”, en el género comedia-romance.  Tenía apenas catorce años y la trama indicaba que debía besar a Juan Carlos Thorry, de 33 años, fue ahí cuando, según Legrand, aprendió “Cómo era eso…” Legrand obtuvo su papel ahí luego de que Gonzalo Palomero, ayudante de dirección, viera publicada en “Crítica” la fotografía de ella cuando había ganado un concurso de carnaval poco antes y la citara a una prueba escénica.  La premiére fue en el cine Broadway, y Mirtha, ya mayor, recordaría: “¡Llegué al cine en tranvía y me fui en un Cadillac! No sé de quién era, pero me acompañaron mi madre y mis hermanos…” El largo-metraje convertiría a Mirtha Legrand en una de las revelaciones del cine argentino de entonces. A poco del estreno, el gran público consagró a la angelical muchacha tierna que lograba emocionar a la platea, en medio de una hilarante comedia. Inmediatamente, los principales de la Lumiton deciden contratar a Mirtha para ser protagonista de sus películas durante cinco años, llegando a ser una de las actrices más destacadas de la industria cinematográfica porteña. Su rostro y su voz apabulló la pantalla grande: “Safo”, “La casta Susana”, “El viaje”, “Un beso en la nuca”, “Mi novia es un fantasma”, “La pequeña Sra. de Pérez”, y más. En 1945, durante el rodaje de “Cinco besos”, conoció al director franco-argentino Daniel Tinayre. Contrajeron matrimonio, meses después, el 18 de mayo de 1946, cuando ella tenía 19 años y él, 36. El hecho fue tan importante que la revista “Radiolandia”, que llegó a vender 40.000 ejemplares, compró los derechos para tener en exclusiva todos los detalles y características de la boda. En 1948, nació su primer hijo, Daniel Andrés, y en 1950, su única hija, Marcela. Su esposo e hijo, fallecieron, en 1994 y 1999, respectivamente. Tinayre la dirigió en el recordado filme “La patota”, en 1960. Los famosos almuerzos de la tele nacieron el 3 de junio de 1968 y se mantienen hasta el presente. Mirtha Legrand definió su trayectoria de más de setenta años con una frase: “Les he dado mi vida… Todo lo que hice fue porque soy una luchadora. No me arrepiento de nada…”

juanjoalberti@hotmail.com

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