Nelson Méndez y su vocación de servicio

Nació el 9 de enero de 1932, y lleva toda una vida dedicada a la mecánica y a su vocación de servicio. Fue fundador del Club de Leones Salto Ayuí  y preside desde hace 5 años de la Comisión  Pro Ayuda del Hospital Regional Salto, aunque para él los principales motivos para conocerlo distan mucho de esta presentación, por eso comenzó la presente entrevista remarcando con una gran sonrisa “nací en el Cerro y soy de Nacional”.

¿Como fueron sus inicios en la
mecánica?
Yo era para ser  tornero como mi padre (que fue jefe de tornería en los astilleros Mihanovich), pero él no me dejó. Pero me encantaba la mecánica de chico y bueno, seguí mecánica nomás. Mi hermano me decía ¡vos vas a ser siempre un mameluco sucio!- y acá estoy, dijo haciendo ademanes con sus manos a los lados como mostrando su taller, mientras permanecía sentado en su escritorio rodeado de cuadros y reconocimientos algunos ya amarillentos de tantos años de estar allí colgados.
Su pasaje fue por la mecánica de varias marcas importantes, trabajé en la Chevrolet, después me fui a Montevideo a trabajar en John Deere con la mecánica agrícola, después me iba para Brasil, pero frené en Artigas y ahí me casé y tuve 3 hijas. Artigas no me gustaba mucho, había mucha competencia con Brasil en la parte mecánica así que nos mudamos al Cerro acá en Salto, hasta que salió la compra de este galpón (ubicado en 19 de abril casi Amorim donde actualmente tiene su taller) y empezamos a atender todo de Nissan. Después Santa Rosa nos ofreció el service oficial de Renault y Nissan y es lo que tenemos hasta ahora. Y no quiero más complicaciones que esa, dijo entre risas, mientras se recostaba en el respaldo de su silla y cruzaba los brazos.
¿Hay muchos cambios en la mecánica de los autos de antes a los de ahora?
Yo repito seguido que la mecánica es siempre lo mismo, un cilindro, pistón, biela, o algo así. Desde que me conozco es algo de eso. Lo que ha cambiado es la velocidad de los motores, sobre todo en la parte electrónica, eso si ha cambiado. Incluso precisamos la computadora para detectar muchas fallas.
Dijo que iba a Brasil y frenó en Artigas, de ahí ya se vino con su señora y sus hijas…
En Artigas no estuve mucho tiempo, nos vinimos con mi señora Mirtha Severo y ya teníamos las 3 nenas. Con ella teníamos repuestos para vender y después cuando falleció (hace 9 años), dejamos eso y los repuestos quedaron ahí y son los que usamos para reparar los autos acá. Justo cuando ella estaba para disfrutar los nietos tuvo una enfermedad que no la conocían acá, fibrosis pulmonar, y después de casi 3 años de luchar, falleció. Pero ella era una mujer muy luchadora.
Tiene una fotografía muy bien
enmarcada en la pared de un bote de remo, ¿es usted quien se ve en ella?
Si, soy yo, fui campeón nacional de remo durante dos años consecutivos. Hice mucho deporte. Me crié en Nacional, jugué al fútbol ahí. También hice natación. De ahí que me decían -el flaco Méndez-. Es sacrificada la vida del deportista porque no hay que tomar ni fumar, hay que acostarse temprano y todo eso. Fue una época muy linda también.
¿Cuando comienza a sentir el rugir de los Leones?
El vínculo con los Leones surge cuando yo tenía en el Cerro un taller. Vino a hablarme Galvalisi con Finali. Me preguntaron si quería integrarme y mi señora y yo no sabíamos de que se trataba eso y ellos nos dijeron mirá, es para ayudar a los necesitados- y bueno, dijimos, vamos a integrarla. Cuando arrancamos el Club de Leones Salto Centro nos apadrinó, eso fue el 10 de junio de 1981, dijo mientras leía otro de los tantos recuerdos y conocimientos que exhibe con orgullo en la pared de su escritorio.
Al principio no teníamos local propio y nos reuníamos en la sede del Club de Leones Salto Centro, hasta que conseguimos una casa en calle Julio Delgado entre Paraguay y Bella Vista. Ahí empezamos a luchar. Nosotros teníamos a Finali que era increíble lo que trabajaba ese hombre, él y su señora. Ese espíritu nos llevaba a todos. Me acuerdo que un día se prendió fuego una vivienda muy modesta en la Colonia 18 de Julio y ahí nos llevó él. Vimos una situación muy difícil, criaturas chiquitas apenas tapadas con una frazadita y eso nos movilizó mucho, casi que enfurecimos. Y empezamos a movernos por todos lados, le conseguimos el techo completo y ellos se comprometieron a hacer la pared. Esa fue la obra en la que empezamos a sentir lo que era el leonismo. Otra de las obras que recuerdo ya más adelante fue la donación de la ambulancia a Pueblo Belén, la trajimos de Brasil, completa. Y todavía está. Todo lo hacíamos con mucho trabajo, con rifas y donaciones, y pedíamos en distintos lugares y comercios y la gente daba, porque Salto en ese sentido se destacó siempre. Son obras que le quedan a uno.
¿Ahora ya está retirado del club?
Yo fui presidente por dos temporadas y hace un tiempo empezamos a ver que el club estaba empezando a tener cada vez menos movimiento, menos gente joven, y con el Zulo Molteni, decidimos organizar algo para que se sumara la gente joven. Propusimos que cada uno de nosotros debía presentar un nuevo futuro León de 20 a 25 años y así todos hicimos eso. Fuimos haciendo Leones nuevos y con ganas de trabajar. Ahora yo me quedo atrás, los miro y a veces si me preguntan algo, opino, pero son chicos muy trabajadores.
¿Como se vincula a la comisión del hospital y al hogar de ancianos?
Yo integro la Comisión Pro Ayuda al Hospital, desde el año 1992, actualmente somos 8 los que la integramos, y yo soy el presidente hace 5 años. Yo soy un puente del Club (de Leones) al Hospital y al Hogar de Ancianos, cuando falta algo, buscamos la forma de colaborar. Por ejemplo, cuando se necesitaban sillas de ruedas, el club vino y me dijo -mirá te vamos a ayudar- y así se donó 10 sillas de ruedas y 10 sillas comunes. Después el director (del Hospital) nos dijo, -che estamos necesitando sillas para emergencia porque se nos están rompiendo todas- y yo le digo bueno, ¿cuantas necesitas?- y él me dice -4- y yo voy y le digo al club -¡miren que necesitamos 5 sillas!- y ahí trajeron las sillas. Después faltaban los bastones y el andador porque el que no puede caminar tiene que andar con la enfermera o un familiar del brazo y bueno, se pidió y se trajo y esa fue la última donación que hicimos. Nosotros (la Comisión Pro Ayuda al Hospital) tiene una obligación y es que se tiene que respaldar al Director del Hospital. Si el Director viene y dice tenemos que reparar tal o cual pared, ASSE manda la plata y la Comisión la administra, ahí hacemos el llamado a licitación para hacer la obra.
¿Como está la situación en el hospital?
El hospital va marchando, lo que pasa es que  hay mucha gente. En la época que el Director era el Dr Richard Boucq impulsamos el desarrollo de las policlínicas para descongestionar un poco de tanta gente, y eso marcha bastante bien, pero se sigue necesitando personal. El gran problema es que se precisa mucho más  personal del que hay. Porque, ¡es grande el Hospital!, y va mucha gente. Por lo menos unas 3000 personas por día pasan por ahí y no da abasto, ni farmacia ni médicos.
¿Se puede decir que la mecánica y la solidaridad marcaron su vida?
Las dos cosas siempre me gustaron. Y yo digo, cuando uno da una mano desinteresadamente a un tipo que está necesitado, es muy reconfortante, hay obras que son increíbles y ayudan mucho. Algo que no me voy a olvidar nunca es lo que pasó con un niño en una escuela cuando se estaba trabajando en la atención a la vista de los niños. Uno de ellos no conocía los cables de la luz y nos decía, -¿eso que es?-, y lo que pasaba es que el niño no veía casi nada, cada vez menos y yo no te puedo explicar como cambió la vida para ese niño. Y esas cosas a uno le quedan. El club es muy lindo y se aprenden muchas cosas que uno a veces ignora.
¿Ha venido decayendo la colaboración de la gente?
Me parece que es un poco culpa de nosotros que bajamos los brazos y no le damos la energía que necesita. Uno ve las cosas y las entrevera con el espíritu del tren del que las trae y ahí te acompaña todo el mundo. Tenés que mirar hacia adelante para que el tipo que realmente necesita tenga las cosas. Mirá, me pasa esto con el Hogar de Ancianos, yo a veces voy , me doy una vuelta por allá y charlo con la gente y por ahí me retan, me dicen -¡pero che, vos viniste ayer y hoy estas de nuevo acá!. Pero uno se da cuenta que necesitan eso, que uno los visite, les pregunte como están, puedan charlar, que vean que hay gente que se interesa por ellos. Todo eso es muy valioso y hay poca gente. Yo siempre puse arriba de la mesa en el club lo siguiente: en Salto hay 100.000 habitantes, ¿como vamos a ser 25 leones?, ¡no puede ser! Pero la gente no se involucra, van a algunas reuniones y por ahí ven que no les sirve porque dicen que no los ayuda, pero es todo lo contrario, ¡tenes que integrarte para ayudar! Yo digo que uno nace con eso, no mirar para sacar sino mirar para dar.

¿Como fueron sus inicios en la mecánica?

Yo era para ser  tornero como mi padre (que fue jefe de tornería en los astilleros Mihanovich), pero él no me dejó. Pero meAL DORSO NELSON MENDEZ 2encantaba la mecánica de chico y bueno, seguí mecánica nomás. Mi hermano me decía ¡vos vas a ser siempre un mameluco sucio!- y acá estoy, dijo haciendo ademanes con sus manos a los lados como mostrando su taller, mientras permanecía sentado en su escritorio rodeado de cuadros y reconocimientos algunos ya amarillentos de tantos años de estar allí colgados.

Su pasaje fue por la mecánica de varias marcas importantes, trabajé en la Chevrolet, después me fui a Montevideo a trabajar en John Deere con la mecánica agrícola, después me iba para Brasil, pero frené en Artigas y ahí me casé y tuve 3 hijas. Artigas no me gustaba mucho, había mucha competencia con Brasil en la parte mecánica así que nos mudamos al Cerro acá en Salto, hasta que salió la compra de este galpón (ubicado en 19 de abril casi Amorim donde actualmente tiene su taller) y empezamos a atender todo de Nissan. Después Santa Rosa nos ofreció el service oficial de Renault y Nissan y es lo que tenemos hasta ahora. Y no quiero más complicaciones que esa, dijo entre risas, mientras se recostaba en el respaldo de su silla y cruzaba los brazos.

¿Hay muchos cambios en la mecánica de los autos de antes a los de ahora?

Yo repito seguido que la mecánica es siempre lo mismo, un cilindro, pistón, biela, o algo así. Desde que me conozco es algo de eso. Lo que ha cambiado es la velocidad de los motores, sobre todo en la parte electrónica, eso si ha cambiado. Incluso precisamos la computadora para detectar muchas fallas.

Dijo que iba a Brasil y frenó en Artigas, de ahí ya se vino con su señora y sus hijas…

En Artigas no estuve mucho tiempo, nos vinimos con mi señora Mirtha Severo y ya teníamos las 3 nenas. Con ella teníamos repuestos para vender y después cuando falleció (hace 9 años), dejamos eso y los repuestos quedaron ahí y son los que usamos para reparar los autos acá. Justo cuando ella estaba para disfrutar los nietos tuvo una enfermedad que no la conocían acá, fibrosis pulmonar, y después de casi 3 años de luchar, falleció. Pero ella era una mujer muy luchadora.

Tiene una fotografía muy bien enmarcada en la pared de un bote de remo, ¿es usted quien se ve en ella?

Si, soy yo, fui campeón nacional de remo durante dos años consecutivos. Hice mucho deporte. Me crié en Nacional, jugué al fútbol ahí. También hice natación. De ahí que me decían -el flaco Méndez-. Es sacrificada la vida del deportista porque no hay que tomar ni fumar, hay que acostarse temprano y todo eso. Fue una época muy linda también.

¿Cuando comienza a sentir el rugir de los Leones?

El vínculo con los Leones surge cuando yo tenía en el Cerro un taller. Vino a hablarme Galvalisi con Finali. Me preguntaron si quería integrarme y mi señora y yo no sabíamos de que se trataba eso y ellos nos dijeron mirá, es para ayudar a los necesitados- y bueno, dijimos, vamos a integrarla. Cuando arrancamos el Club de Leones Salto Centro nos apadrinó, eso fue el 10 de junio de 1981, dijo mientras leía otro de los tantos recuerdos y conocimientos que exhibe con orgullo en la pared de su escritorio.

Al principio no teníamos local propio y nos reuníamos en la sede del Club de Leones Salto Centro, hasta que conseguimos una casa en calle Julio Delgado entre Paraguay y Bella Vista. Ahí empezamos a luchar. Nosotros teníamos a Finali que era increíble lo que trabajaba ese hombre, él y su señora. Ese espíritu nos llevaba a todos. Me acuerdo que un día se prendió fuego una vivienda muy modesta en la Colonia 18 de Julio y ahí nos llevó él. Vimos una situación muy difícil, criaturas chiquitas apenas tapadas con una frazadita y eso nos movilizó mucho, casi que enfurecimos. Y empezamos a movernos por todos lados, le conseguimos el techo completo y ellos se comprometieron a hacer la pared. Esa fue la obra en la que empezamos a sentir lo que era el leonismo. Otra de las obras que recuerdo ya más adelante fue la donación de la ambulancia a Pueblo Belén, la trajimos de Brasil, completa. Y todavía está. Todo lo hacíamos con mucho trabajo, con rifas y donaciones, y pedíamos en distintos lugares y comercios y la gente daba, porque Salto en ese sentido se destacó siempre. Son obras que le quedan a uno.

¿Ahora ya está retirado del club?

Yo fui presidente por dos temporadas y hace un tiempo empezamos a ver que el club estaba empezando a tener cada vez menos movimiento, menos gente joven, y con el Zulo Molteni, decidimos organizar algo para que se sumara la gente joven. Propusimos que cada uno de nosotros debía presentar un nuevo futuro León de 20 a 25 años y así todos hicimos eso. Fuimos haciendo Leones nuevos y con ganas de trabajar. Ahora yo me quedo atrás, los miro y a veces si me preguntan algo, opino, pero son chicos muy trabajadores.

¿Como se vincula a la comisión del hospital y al hogar de ancianos?

Yo integro la Comisión Pro Ayuda al Hospital, desde el año 1992, actualmente somos 8 los que la integramos, y yo soy el presidente hace 5 años. Yo soy un puente del Club (de Leones) al Hospital y al Hogar de Ancianos, cuando falta algo, buscamos la forma de colaborar. Por ejemplo, cuando se necesitaban sillas de ruedas, el club vino y me dijo -mirá te vamos a ayudar- y así se donó 10 sillas de ruedas y 10 sillas comunes. Después el director (del Hospital) nos dijo, -che estamos necesitando sillas para emergencia porque se nos están rompiendo todas- y yo le digo bueno, ¿cuantas necesitas?- y él me dice -4- y yo voy y le digo al club -¡miren que necesitamos 5 sillas!- y ahí trajeron las sillas. Después faltaban los bastones y el andador porque el que no puede caminar tiene que andar con la enfermera o un familiar del brazo y bueno, se pidió y se trajo y esa fue la última donación que hicimos. Nosotros (la Comisión Pro Ayuda al Hospital) tiene una obligación y es que se tiene que respaldar al Director del Hospital. Si el Director viene y dice tenemos que reparar tal o cual pared, ASSE manda la plata y la Comisión la administra, ahí hacemos el llamado a licitación para hacer la obra.

¿Como está la situación en el hospital?

El hospital va marchando, lo que pasa es que  hay mucha gente. En la época que el Director era el Dr Richard Boucq impulsamos el desarrollo de las policlínicas para descongestionar un poco de tanta gente, y eso marcha bastante bien, pero se sigue necesitando personal. El gran problema es que se precisa mucho más  personal del que hay. Porque, ¡es grande el Hospital!, y va mucha gente. Por lo menos unas 3000 personas por día pasan por ahí y no da abasto, ni farmacia ni médicos.

¿Se puede decir que la mecánica y la solidaridad marcaron su vida?

Las dos cosas siempre me gustaron. Y yo digo, cuando uno da una mano desinteresadamente a un tipo que está necesitado, es muy reconfortante, hay obras que son increíbles y ayudan mucho. Algo que no me voy a olvidar nunca es lo que pasó con un niño en una escuela cuando se estaba trabajando en la atención a la vista de los niños. Uno de ellos no conocía los cables de la luz y nos decía, -¿eso que es?-, y lo que pasaba es que el niño no veía casi nada, cada vez menos y yo no te puedo explicar como cambió la vida para ese niño. Y esas cosas a uno le quedan. El club es muy lindo y se aprenden muchas cosas que uno a veces ignora.

¿Ha venido decayendo la colaboración de la gente?

Me parece que es un poco culpa de nosotros que bajamos los brazos y no le damos la energía que necesita. Uno ve las cosas y las entrevera con el espíritu del tren del que las trae y ahí te acompaña todo el mundo. Tenés que mirar hacia adelante para que el tipo que realmente necesita tenga las cosas. Mirá, me pasa esto con el Hogar de Ancianos, yo a veces voy , me doy una vuelta por allá y charlo con la gente y por ahí me retan, me dicen -¡pero che, vos viniste ayer y hoy estas de nuevo acá!. Pero uno se da cuenta que necesitan eso, que uno los visite, les pregunte como están, puedan charlar, que vean que hay gente que se interesa por ellos. Todo eso es muy valioso y hay poca gente. Yo siempre puse arriba de la mesa en el club lo siguiente: en Salto hay 100.000 habitantes, ¿como vamos a ser 25 leones?, ¡no puede ser! Pero la gente no se involucra, van a algunas reuniones y por ahí ven que no les sirve porque dicen que no los ayuda, pero es todo lo contrario, ¡tenes que integrarte para ayudar! Yo digo que uno nace con eso, no mirar para sacar sino mirar para dar.







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