“Ninguna violencia social trasladada al fútbol; es solo que no se banca la decisión arbitral”

El lunes a la noche en el Consejo Superior de la Liga Salteña de Fútbol, el presidente Alan Kuchman reflexionó en voz alta sobre recientes situaciones de intolerancia y en especial, en el marco del juego ante Ferro Carril y Salto Nuevo. El presidente catalogó de “vergonzoso” lo vivido, sin apelar a cuestiones individuales. Generalizó en buen romance y dejando en claro que “quienes deben ser parte del ejemplo o del equilibrio, simplemente no lo hicieron”.
Para el presidente, “es la violencia social que se fue trasladando al fútbol”.
Este último apunte del Dr. Alan Kuchman, fue punto de partida para que la temática se prolongara en la semana, no solo a nivel de medios periodísticos y redes sociales, sino desde quienes guardan relación con el mando directriz en los clubes.
De todas las opiniones, bien que se podría rescatar una. Textualmente: “ninguna violencia se traslada al fútbol; es solo que no se banca la decisión arbitral”. El hecho es que una buena mayoría de incidentes que se generan dentro de la cancha, NACEN A PARTIR DEL RECHAZO A LAS RESOLUCIONES DE LA TERNA, tanto de jugadores como integrantes de las Direcciones Técnicas. Claro está que las excepciones existen, pero lo normal es que el reclamo se convierta en emperador, en lo de los trámites, ensucie la pretendida estética y el fútbol-fútbol se transfiera a un plano secundario.
¿QUÉ NOS PASA EN
SEGUNDOS TIEMPOS?
Es tan y no tan extraño lo que sucede en la Liga Salteña, en aquellos partidos en que van transcurriendo los segundos tiempos.
Es cuando la protesta arrecia y la ceremonia antes de ejecutarse un tiro libre, puede implicar de tres a cuatro minutos. En la mayoría de los segundos tiempos, el margen en que se juega, cada vez parece menor.
Suele establecerse a nivel de cronistas deportivos o simplemente aficionados al fútbol, que “frente a la impotencia de no poder surge la protesta y el traslado de culpa al juez, como si el juez fuese el factor desencadenante de los males de un equipo”.
Lo ocurrido el pasado domingo en el Dickinson fue lapidario como ejemplo. Las interrupciones azotaron y toda la expectativa de partido para disfrutar, se convirtió en un torrente de intolerancia, tarjetas amarillas, rojas, denuncias, amenazas, etc. El mejor partido de la fecha en resonancia, se convirtió en caldo de cultivo, para que ganase por muerte la sinrazón del fútbol.
Fue acaso la decepción mayor. Bien que en este caso no se trató de “ninguna violencia social trasladada al fútbol, sino más bien el no respeto a las decisiones del árbitro”. Así de simple.