“No debe haber nada que nos separe, mientras estemos en la tierra, todos tenemos que tratar de entendernos”

Entrevista con Carlos Etchevers

Carlos Etchevers es montevideano, pero con profundas raíces salteñas. De niño vino a Salto en 1968 porque su padre fue Jefe de Regimiento (hoy Brigada) desde mayo de 1967 hasta mayo de 1969, cuando fallece. Hizo 2º año de liceo en “el viejo Osimani”. Sus hijos (dos mujeres y un varón) se casaron con salteños. Se radicó definitivamente con su esposa en Salto en 2010 para estar cerca de sus nietos. Pero además, es el creador de la bandera de Salto, que elpasado 30 de julio cumplió 20 años. Con él dialogamos sobre ese trozo de historia personal que pertenece también a los salteños.

Perfil de Carlos Etchevers Casado. Tiene 3 hijos, 8 nietos y uno en camino. Es del signo de Capricornio. Es hincha de Peñarol. ¿Una asignatura pendiente? Me gustaría leer más de historia.  ¿Una comida? El asado.  ¿Un libro? En este momento sobre mi mesa de luz tengo como siete u ocho libros, unos más empezados que otros.  ¿Un hobby? Salir a caminar.  ¿Qué música escucha? Clásica y folklórica.  ¿Qué le gusta de la gente? La solidaridad.  ¿Qué no le gusta de la gente? No debe haber nada que nos separe de la gente, mientras estemos en la tierra, todos tenemos que tratar de entendernos.

Perfil de Carlos Etchevers
Casado. Tiene 3 hijos, 8 nietos y uno en camino. Es del signo de Capricornio. Es hincha de Peñarol.
¿Una asignatura pendiente? Me gustaría leer más de historia.
¿Una comida? El asado.
¿Un libro? En este momento sobre mi mesa de luz tengo como siete u ocho libros, unos más empezados que otros.
¿Un hobby? Salir a caminar.
¿Qué música escucha? Clásica y folklórica.
¿Qué le gusta de la gente? La solidaridad.
¿Qué no le gusta de la gente? No debe haber nada que nos separe de la gente, mientras estemos en la tierra, todos tenemos que tratar de entendernos.

- ¿Veinte años no son nada?
– Mire, si le digo la verdad, no son nada, porque cuando mucha gente se enteró de este reconocimiento que se iba a hacer me dijo, “¿ya veinte años?” Y es cierto…

- Cuando le avisaron que le iban a hacer este reconocimiento, ¿cómo lo tomó?
– Fue un edil de la Junta a hablar conmigo a casa, Gustavo Bentos Pereira, que lo conozco del año 2011. Yo me radiqué definitivamente en Salto en 2010, y en 2011 arrancamos a trabajar con la Asociación de Amigos del Patrimonio, que ya lo había integrado en el año 97, soy socio fundador, se creó ese año cuando empezamos a trabajar con La Redota, y él era uno de los involucrados en las aparcerías, “Vaimaca Pirú”. De ese conocimiento, él me llamó hará dos meses y medio para ir a hablar conmigo. En casa me explica cuál era la intención que había surgido en la Comisión de Cultura, querían hacer un reconocimiento. Íntimamente me chocó porque querían saber si yo no tendría problema. Claro, uno pedir un reconocimiento no es muy modesto, pero quizás él me vio alguna expresión en la cara y me dice, “mire que todos los integrantes de la Comisión de Cultura de los tres partidos tuvimos de acuerdo, y además vamos a invitar al escribano Malaquina”, “entonces diga lo siguiente, yo no me opongo”.

- De los 387 proyectos de bandera que se presentaron usted presentó dos, ganó el que tenemos hoy como bandera de Salto, ¿cómo hubiese sido la bandera si ganaba su otro proyecto?
– Distinta. El fondo era con los colores artiguistas, y tenía en el medio una pluma como símbolo de cultura, justamente representando la tradición cultural que tiene Salto, cruzada con una lanza, representando los ricos hechos históricos que se habían dado acá, sobre todo en la época artiguista. O sea, ya que no había podido tomar la bandera artiguista de Arerungúa (por ser la base de la bandera de Paysandú), pensé en poner una lanza cruzada con esta pluma, con el fondo de los colores artiguistas.

- Cuando se enteró que se presentaba usted junto a otros 385 proyectos, ¿pensó que podía ganar el concurso?
– Nadie sabía cuántos proyectos se habían presentado hasta que salió el fallo. Cuando lo presenté, no tenía una expectativa de que saliera elegido alguno de los proyectos que había presentado, pero se dio una instancia en que el jurado determinó que habían cuatro trabajos que merecían mención honorífica, dos de esos trabajos por unanimidad y los otros dos por mayoría, le digo porque me mandaron las actas al igual que a los otros participantes. Nos llamaron a los cuatro un sábado de junio donde era la Casa de los Asesores en calle Brasil, y nos dieron dos semanas para entregar los trabajos definitivos.

Según nos explicaron, el jurado había seleccionado estos cuatro trabajos con mención honorífica y todos coincidían con algo, los cuatro tenían el escudo, pero los cuatro coincidían en no tener el escudo exactamente igual al de Heriberto Pratts. En mi caso, el escudo había sido escaneado de un folleto de la Dirección de Turismo municipal, entonces claro, estaba muy esbozado. Ni me había dado cuenta de ese detalle, o sea, lo tomé como que ese era el escudo de Salto. Ese es mi caso, los otros desconozco, porque nos dieron cerrado cada proyecto, y nos dijeron, “señores, nadie puede modificar nada, salvo poner el escudo que corresponde”.
El lunes inmediatamente me puse a averiguar dónde estaba el escudo. Así que ahí si uno ya podía pensar que podía llegar a tener alguna expectativa. Entonces, lo ubiqué en la intendencia, en el despacho del intendente estaba el escudo original, y un fotógrafo fue a sacar fotos del escudo original para mandarlo a Montevideo.

- ¿Por qué a Montevideo?
– Le explico. Yo había decidido que el proyecto fuese ploteado, y eso se lograba por computadora, y yo en eso no soy muy ducho. Entonces decidí enviárselo a mi hermano menor, también militar, que se daba maña para estas cosas. Pero mi hermano no era muy ágil (risas), lo que nos llevó a vivir una aventura. Ya con la expectativa que podía competir con posibilidades que mi trabajo saliese elegido, mi hermano me termina mandando el escudo un viernes, el mismo día que vencía el plazo para entregar el proyecto definitivo a las seis de la tarde. No sé si demoró con el ploteo, pero fue a la terminal de Tres Cruces a ver qué ómnibus salía para Salto. Habló con un muchacho a ver si podía traer eso en un tubo para alguien que lo iba a estar esperando en Salto, ya que se iba a bajar en la terminal.
Entonces me avisa mi hermano que un ómnibus llegaría a Salto sobre las cinco con el escudo, dejando poco margen con la hora de cierre de la entrega. Pero cuando él me avisa le preguntó, “¿en qué terminal, la de Cerrito o en la que está al lado del cementerio?”, no sabía. Con mi señora tuvimos que dividirnos, ella quedó en la terminal del cementerio y yo en la de Cerrito. Ella fue la que identificó a un muchacho que bajó con un tubo en la mano. Y ahí rescatamos el escudo casi sobre la hora…

- ¿Cómo se comunicaron de una terminal a la otra para avisarse que había ya tenían el escudo?
– No nos comunicamos. Pero además, yo todavía tenía que poner el escudo sobre una base rígida, que fue lo que nos pidieron. Además, había que presentar dos láminas, una era el escudo en sí, y la otra lámina era la representación de las tres banderas, la Nacional, la de Artigas, la de los Treinta y Tres, con esa bandera incluida para que el jurado pudiera mirar cómo armonizaban los símbolos.
La base rígida ya la tenía preparada, la cuestión era pegar eso y anexarle algo que ya tenía también hecho, la explicación. Era opcional ponerle una explicación, algo que para mí era esencial. Luego, gente que participó nos comentó que había participado, y una persona en particular me comentó que habían presentado cinco trabajos en familia, que él se había puesto a hacer unos dibujos sobre una base de color naranja…

- ¿Por qué no hizo la bandera sobre color naranja?
– En las ideas muy iniciales, algo que no duró más de un día, pensé también en el color naranja, pero pensé que si Salto en el futuro dejaba de ser productor de naranja por equis causa, sería algo que no mantendría vigencia.

- Cuando hoy ve a la bandera de Salto flamear junto a los pabellones patrios en los actos patrióticos, ¿qué siente?
– Si en ese momento tengo presente que la hice yo, obviamente que satisfacción. Muchas veces me ha sucedido que alguien me ha dicho, “mirá, tu bandera”, pero le aclaro que no es mi bandera, es la de Salto, porque en las bases del concurso decía bien claro que el proyecto que fuera seleccionado, el autor perdía todos los derechos. Eso lo tuve claro, como también tengo claro que detrás de toda obra hay un autor.

- ¿Y cuando lo ve a Cavani, que anda por Francia o con la selección uruguaya y lo primero que agarra es la bandera de Salto como sentido de pertenencia a su terruño?
– Siento algo personal. Como destacó el secretario Fabián Bochia en la Intendencia en la mañana y se destacó luego en la Junta a la noche, compartiendo con todos, realmente es bonita. Recuerdo que el manual de vexilología (que estudia las banderas) decía que la bandera tiene que tener sencillez, claridad y distinción. Mirándolo de afuera, un poco ajeno, lo decía Fabián Bochia muy bien, que se podía decir que es linda, sencilla y dice mucho. Creo que es así. En la Junta también, recuerdo que el edil (Carlos) Beasley lo destacaba con otros términos, pero también diciendo que la bandera era linda. Lo importante en estos veinte años es que se arraigó, y diría que eso pasó muy rápido en el salteño.

¿Y cuál es la diferencia entre los símbolos? Porque no es más mérito un símbolo que otro, es la practicidad. Una bandera es una tela que lleva toda esa simbología, se transporta fácil. Uno no puede andar con un escudo llevándolo de aquí para allá. O sea, no es que sea más famosa o más importante, aunque en la gradación de los símbolos el primero es la bandera nacional, pero no existe una gradación de símbolos departamentales, así que tiene eso nada más, la practicidad de transportarla y lucirla, y de salir corriendo con ella, llevarla en la mano, sacudirla, mostrarla con orgullo. Eso en lo que hace al soporte práctico del símbolo, no al autor.

- ¿Qué tanto influyen las raíces históricas de los pueblos en el presente y en el futuro?
– Son muy importantes porque nosotros no nos desprendemos de nuestra historia, de nuestra tradición. Lo importante es mantener las raíces. Le nombraba que integro la Asociación de Amigos del Patrimonio, que trabajamos en lo que este año será la 21ª recreación de La Redota. Ahí ve una actividad que se hace aquí en Salto que procura rescatar las raíces de cuando los orientales éramos un solo pueblo, o mejor dicho, éramos un pueblo unido, donde nace la identidad oriental. Identificados por objetivos comunes y los mismos valores.

- Si ahora salimos a la calle y paramos a cualquier persona, sin importar la edad, casi seguro que no tenga idea de las fechas históricas de nuestro país ni su significado, ¿estamos hipotecando el futuro?
– Creo que sí, estamos hipotecando identidad. Si queremos reconocernos por una identidad común, es muy importante conocer nuestras raíces. Yo tengo 63 años y me acuerdo de todas las fechas patrias, recuerdo cuando era feriado e íbamos a la escuela con nuestra túnica, había un acto con varias instancias de recitado, cada clase había preparado algo, y así en todas las fechas patrias.
Hoy eso se ha perdido porque la enseñanza lo ha descuidado, desconozco cuáles designios son los que han manejado esta situación para que sea así, de falta de veneración de nuestras fechas patrias.
Los símbolos como tales merecen veneración, pero lo merecen por la historia que tienen atrás.







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