“No me quedé con nada; di todo”

Agustín Moreira. El mejor salteño en la Vuelta. Con EL PUEBLO y esta confesión para admitir la realidad que gratifica y sueña

-Se sabe cuando se alcanza lo que se quiere o queda alguna deuda pendiente. ¿De acuerdo?
“Claro. Porque uno evalúa y sabe si respondió o no”.
-En tu caso, después de la Vuelta del Uruguay, ¿qué queda en claro?
“Que no me quedé con nada; di todo lo que tenía. Incluso cuando finalizó la contrarreloj, por primera vez tuve esa conformidad conmigo mismo. No hablo de límites en el esfuerzo o en la búsqueda que uno pueda plantearse, pero si reconocer que en esto del ciclismo hay registros que se pueden y otros que no”.
-¿Qué valor tiene haber sido el mejor uruguayo?
“Partamos de la base que aquí tenemos dos pruebas fuertes: Rutas y la Vuelta. La mente de uno, pero también la conciencia bien abierta también, tiene que ver con las dos. En el caso de la Vuelta, quizás mucho más. Yo había ganado la Vuelta Chaná, pero no tiene la dimensión de las dos más tradicionales. Entonces, haber figurado en el podio, por supuesto que hace a la alegría y al orgullo que va más allá de uno, porque soy parte de un equipo. Cerro Largo tiene que ver en todo esto, porque el ciclismo es parte de sumas. Nada se puede solo, por si mismo. La alegría pasa a ser grupal. Eso también está bueno”.
“ES EL MEJOR AÑO”
La identidad propia. Porque después de todo a los 24 años, AGUSTÍN MOREIRA es sembrador de su tiempo. Nació el 23 de julio de 1993. Reconocerá en EL PUEBLO que no le pesa ser el hijo de Federico Moreira, “desde el momento que hay aspectos en lo que me fui forjando solo. Tengo una independencia a otros niveles de vida que también me fueron madurando”.
-Pero en algún momento de la Vuelta, seguro que alguna opinión intercambiaron…
“Lo que ocurre es que estamos en roles distintos. Bien paralelos. El como Presidente de la Federación Uruguaya de Ciclismo y yo arriba de la chiva. Cada cual en lo suyo. Si, se dio algún diálogo, pero lo normal. Cómo venía sintiéndome, como estaba…. pero no más allá de eso. El hecho es que además los dos tenemos una característica en común: somos poco demostrativos”.
-No te obliga en la acción, “ser el hijo de…”?
“Para nada, por lo que decía. A veces es inevitable que se diga: ese es el hijo de Federico. A mi no me molesta ni me obliga más. ¿Cómo molestarme como hijo, después de la carrera intachable de él y por tantos años?”
-Lo tomás con naturalidad.
“Claro. Como debe ser. Una cosa no cambia la otra. No hay mezclas. ¿Se entiende?”
-El hecho es que fuiste parte del podio.
“Esa fue la recompensa, porque además hubo equipos con capacidad de respuesta. En una Vuelta nada es fácil. Ser uno de los tres, claro que no deja de ser un estímulo, porque no dejo de convencerme que este ha sido mi mejor año”.
-Ese mejor año, ¿es la síntesis de qué?
“De la superación, del crecimiento, de no dejar de creer que es posible seguir mejorando. El ciclismo plantea exigencias y la primera es desde uno”.
-Desde Agustín Moreira o desde “el hijo de Federico”…?
“Lo bueno es que me sienta apto por lo que soy y puedo dar lo mejor sin guardarme nada. Creo que eso es lo que sigue importando, lo que importa de verdad”.
-ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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