«No se olviden, que no los olvido»

«Por qué saben que pasa?…aquí nació mi amigo Pedro Rocha. Y entonces, solo el hecho de pensar, me emociona. La mente de uno, anda volando siempre por aquellos años, aunque tampoco me aparto del tiempo que vivo.
¿Qué se entienda, eh?….no hablo solo del ayer, pero lo que pasa es que la gente me pregunta. Yo contesto, yo opino, porque es el tiempo que viví. Uno pasa a ser un enamorado permanente de aquellos años, y no solo aparece lo de Peñarol, sino el primer paso por Universitario en Salto, la familia Gelpi que me tendió la primera mano, después Peñarol y dos capos en la dirigencia como Cataldi y Güelfi, aunque muchos de nosotros también teníamos un especial afecto por José Valverde, porque fue de esos dirigentes que siempre estaba al lado de uno y pasaba a ser parte del vestuario. El vestuario en el fútbol, yo digo que es mágico, ahí el fútbol respira de una manera especial, pero respira para adentro. No para la gente, no para el periodismo. Es lo que sentimos y palpitamos nosotros, los jugadores, los técnicos, los utileros, los masajistas, los kinesiólogos. Ese es el mundo íntimo del fútbol, el fútbol en ese caso no sale para afuera. ¿Me hago entender, o no?»

Pasarán los años, y se prolongará esa figura casi patriarcal de NÉSTOR GONCÁLVEZ, el «Tito» de la historia, de la leyenda, de tiempos épicos, de tiempos campeones.
De glorias encendidas.
Con Peñarol. Con la selección. El «Tito» universal.
El «Tito» bien cosmopolita.
De aquí y de allá.
Pero el «Tito» ES PEÑAROL. Fue la única camiseta que vistió a nivel de equipos y en una noche en el Estadio Centenario, frente a Cerro a principio de los 70, levantó las manos al cielo por última vez en calidad de jugador. Fue el chau definitivo al fútbol desde esa condición de jugador, de quien nació un 27 de abril de 1936. Llegó a los 79 años de vida. Goncálvez.
«Yo mencionaba a Rocha, porque eso fue un disparate de crack. Pero un fenómeno de verdad, eh? No digo lo que es. Lo tenía al lado en la mitad de cancha y con el «Pocho» Cortes por izquierda. Cuando Pedro avanzaba metiendo la gambeta, desde los rivales se trasmitía una duda: ¿Quién lo agarra? Bueno…no por nada fue lo que fue. Por eso, hablo de Salto y hablo de Rocha. Ustedes aquí, no se olviden que no los olvido. Es cierto que nací en mi viejo Cabellos en Artigas, pero esta tierra, sigue siendo una tierra especial donde los afectos no dejan de estar. Esos afectos van conmigo siempre, y por qué no decirlo?: también me ayudan a vivir».
La Copa que ganó Peñarol derrotando a Salto 3 a 0, el viernes a la noche, con el nombre de Néstor Goncálvez. Se la acreditó de sus propias manos al capitán Marcel Novick.
Después saludó. Después se fue yendo por el túnel. Es la magia del capitán, imperturbable en el tiempo. El linajudo capitán de la leyenda…
El «Tito». A secas.