¿Nos vamos quedando vacíos de análisis en el fútbol salteño?

Ocurrió hace algunos días atrás. El Director Técnico de un equipo salteño, le confió a EL PUEBLO. “Antes leía los diarios y escuchaba algunas audiciones deportivas. Ahora no hago ni una cosa ni la otra. Me harté que se hable de situaciones que no tienen relación con el juego. Pero también me harté de los errores que se dicen y que se escriben, con el agravante que parecen no darse cuenta”.
El hecho es concreto. Es puntual. Ese enfoque del entrenador, por lo menos debiese generar una puesta a punto en materia de reflexión. Saber qué somos y hacia dónde vamos, en el campo de la evaluación de aspectos que surgen. No faltan quienes coinciden en que en el fútbol de Salto, SE JUZGA SIN ANALIZAR y todo lo que es materia de juego pasa de largo, priorizándose otros aspectos.
Por ejemplo: la venta de entradas, la respuesta del aficionado, el estado de los campos de juego, los gabinetes higiénicos, las cuestiones inherentes a la Liga y a la clase dirigencial, etc. Pero sobre todo, un renglón se fue potenciando en el tiempo: LOS ÁRBITROS.
En el fútbol salteño, la actuación de los jueces ha tendido a polarizar la información. Ese antes en que acuden los especuladores en función del árbitro designado. Y tras ello, las consecuencias.
Más se acentúa el error del juez que el error del futbolista. La furia del hincha contra quien asume el rol central en la terna y la contemplación ante quien malogra un gol debajo del arco.Pero cierto es también que en este medio parecemos HABER RESIGNADO LA COSTUMBRE DE HABLAR O ANALIZAR EL JUEGO LLAMADO FÚTBOL.
Todo tiene que ver con todo. Años atrás por ejemplo, fue designado un Director Técnico para dirigir a la selección mayor. Al presidente de la Liga se le interrogó sobre las razones que afloraron a cuenta de esa nominación.
El presidente guardó silencio. Sin respuesta a mano.
No supo que exponer. Fue entre irrisorio y vergonzoso. Pero parte misma de esa realidad dominante. La capacidad de debate se nos fue haciendo añicos. El desencanto de no poder cotejar posturas analíticas, porque antes que nada arremetemos con la calificación.Y para colmo de males, no faltan los sensibles a las críticas. Entonces, ¿cómo reconocer fines superiores o vientos de dignidad, si a veces no somos capaces de reconocer lo que no somos o por qué fracasamos cuando fracasamos?

ELEAZAR JOSÉ SILVA-







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