Nuevo sospechoso y la familia fuera del foco de la investigación policial

Todos los manuales y la lógica apuntaban a la madrina y su esposo pero ahora van por un hombre ajeno a la joven. No importa la circunstancia, ni la clase social, ni la edad; cuando una persona es asesinada sin testigos, al primer lugar que debe apuntar la Policía es a la familia. Primero para buscar información de la víctima y luego para descartar que el asesino sea uno de sus integrantes. Hace mucho tiempo que los criminólogos del mundo (llevados a la TV por series como CSI o Criminal Minds) tienen estudiada la conducta humana cuando esta se encamina a eliminar a uno de su misma especie. Pero esos estudios y estadísticas recopilados y analizados en las mejores universidades, a veces se cruzan con un giro del destino y todo lo que parece ser, en realidad no es.¿Pudo un rapiñero violento o un psicópata aislado y ajeno a la familia haber asesinado a la quinceañera argentina Lola Chomnalez?
Parecía posible, pero lucía muy improbable no solo en Valizas, también en Nueva York o Moscú. Lola fue ahogada por alguien que le empujó la cabeza contra la arena, que le colapsó los pulmones y provocó en su cara efectos tan espeluznantes que sería de mal gusto escribir. Lo importante para la Policía era que, luego de muerta por asfixia, el o la o los asesinos le cortaron la vena yugular (algo que no necesariamente es mortal) con un cuchillo de poco filo.  Los estudios y la lógica indican que la mayor parte de las rapiñas terminan con un muerto cuando la víctima se resiste. ¿Hay de los que llegan matando? Hay. Y a pesar de los resultados que arroje este caso, son ínfimos en las estadísticas. Porque, se supone, si mata, luego huye, no se queda a propinarle más heridas a un cadáver. Para eso, se supone, tiene que haber rabia. Y la rabia solo es posible por la hipótesis del psicópata o porque hubo una historia previa donde se gestó ese sentimiento.
Eso solo puede pasar entre personas que frecuenta. Esa forma de matar en un contexto estadístico que dice que la mayor parte de los asesinatos son cometidos por personas cercanas, fueron los que encaminaron a la Policía hacia el pequeño núcleo de gente conocida de Lola que estaba con ella en Uruguay: su madrina o el esposo de ella. Si a esto se le suma que en sede policial el matrimonio no mostró mayores signos de dolor, las contradicciones en que incurrió y en que ninguno se quiso someter al polígrafo ni ser filmado en sus declaraciones, la teoría se consolidó.¿El asesino está en la familia? La lógica y la academia indicaban que sí. Claro, siempre estaba el giro en la trama y por eso la Policía no pudo dejar de interrogar a todo el que fue señalado con algún grado de racionalidad.
Un hurgador que pasaba por ahí puede ser un testigo, un trabajador que a esa hora faltó y volvió con dinero, etc, etc, tiene que ser interrogado. La cuestión es que cuando el convocado a sede judicial aparece bajo los focos y entra y sale al juzgado y su nombre circula por todos lados, es difícil manejar una opinión pública que ve todo eso como un vals desprolijamente bailado.
Ahora, sería grave que por evitar eso, la Policía dejara de citar a todo el que deba citar. En esa línea, en las próximas horas otro hombre será llamado a declarar. Otra vez la estadística acumulada tras millones y millones de muertos en condiciones violentas, acá y en extranjero: existen 10 veces más chances de que a Lola la haya matado un hombre que una mujer. Lo primero que indica la suma de estadísticas sobre el perfil de los asesinos, la forma de morir de la víctima y el instinto criminal entre machos y hembras, obligaría a poner especialmente la lupa en un hombre.
Pero los giros del destino están siempre a la vuelta de la esquina. En las horas en que Lola estaba desaparecida, un oficial le preguntó a la madrina si la joven tenía algún tatuaje, y la mujer respondió: “¿Eso para qué es? ¿Para identificar el cadáver?”. El interrogador le preguntó si ya sabía que estaba muerta y tras recibir asistencia legal, la mujer cambió su talante al declarar.¿Era lógico con todo esto entre manos que no se pensara en la familia?
La Policía cuestiona que la actitud de los familiares hizo difuminar las fuerzas de la investigación, porque los agentes estaban muy influenciados por esas declaraciones erráticas. A pesar de las estadísticas, los estudios de la conducta humana y las apariencias, algunos indicios de último momento, vinculados a que a la joven le robaron dos mil pesos que llevaba en su mochila, hicieron que la Policía pusiera el foco en otra pista.¿Otro cambio? Otro. Lo peor que puede pasar en una investigación es que el tema quede congelado. Fuentes oficiales se negaron a dar datos de los nuevos indicios, pero sí se animaron a decir que la familia ya no es el foco principal de la indagatoria. “Un 99,9% que no fueron ellos”, dijo otra fuente desde Rocha, departamento donde ocurrió el asesinato, confirmando lo que dijo el integrante del gobierno. Si este nuevo indicio se confirma, entonces la última cara que vio Lola no sería conocida y a la pobre joven pudo tocarle morir violentamente en uno de esos giros del destino, que destruyen la lógica y los manuales, y que hacen que la ficción no pueda, por más que se esfuerce, superar a la realidad.
(Análisis de Gabriel Pereyra en “El Observador” Digital 16/01/2015).

Todos los manuales y la lógica apuntaban a la madrina y su esposo pero ahora van por un hombre ajeno a la joven. No importa la circunstancia, ni la clase social, ni la edad; cuando una persona es asesinada sin testigos, al primer lugar que debe apuntar la PolicíaLola es a la familia. Primero para buscar información de la víctima y luego para descartar que el asesino sea uno de sus integrantes. Hace mucho tiempo que los criminólogos del mundo (llevados a la TV por series como CSI o Criminal Minds) tienen estudiada la conducta humana cuando esta se encamina a eliminar a uno de su misma especie. Pero esos estudios y estadísticas recopilados y analizados en las mejores universidades, a veces se cruzan con un giro del destino y todo lo que parece ser, en realidad no es.¿Pudo un rapiñero violento o un psicópata aislado y ajeno a la familia haber asesinado a la quinceañera argentina Lola Chomnalez?

Parecía posible, pero lucía muy improbable no solo en Valizas, también en Nueva York o Moscú. Lola fue ahogada por alguien que le empujó la cabeza contra la arena, que le colapsó los pulmones y provocó en su cara efectos tan espeluznantes que sería de mal gusto escribir. Lo importante para la Policía era que, luego de muerta por asfixia, el o la o los asesinos le cortaron la vena yugular (algo que no necesariamente es mortal) con un cuchillo de poco filo.  Los estudios y la lógica indican que la mayor parte de las rapiñas terminan con un muerto cuando la víctima se resiste. ¿Hay de los que llegan matando? Hay. Y a pesar de los resultados que arroje este caso, son ínfimos en las estadísticas. Porque, se supone, si mata, luego huye, no se queda a propinarle más heridas a un cadáver. Para eso, se supone, tiene que haber rabia. Y la rabia solo es posible por la hipótesis del psicópata o porque hubo una historia previa donde se gestó ese sentimiento.

Eso solo puede pasar entre personas que frecuenta. Esa forma de matar en un contexto estadístico que dice que la mayor parte de los asesinatos son cometidos por personas cercanas, fueron los que encaminaron a la Policía hacia el pequeño núcleo de gente conocida de Lola que estaba con ella en Uruguay: su madrina o el esposo de ella. Si a esto se le suma que en sede policial el matrimonio no mostró mayores signos de dolor, las contradicciones en que incurrió y en que ninguno se quiso someter al polígrafo ni ser filmado en sus declaraciones, la teoría se consolidó.¿El asesino está en la familia? La lógica y la academia indicaban que sí. Claro, siempre estaba el giro en la trama y por eso la Policía no pudo dejar de interrogar a todo el que fue señalado con algún grado de racionalidad.

Un hurgador que pasaba por ahí puede ser un testigo, un trabajador que a esa hora faltó y volvió con dinero, etc, etc, tiene que ser interrogado. La cuestión es que cuando el convocado a sede judicial aparece bajo los focos y entra y sale al juzgado y su nombre circula por todos lados, es difícil manejar una opinión pública que ve todo eso como un vals desprolijamente bailado.

Ahora, sería grave que por evitar eso, la Policía dejara de citar a todo el que deba citar. En esa línea, en las próximas horas otro hombre será llamado a declarar. Otra vez la estadística acumulada tras millones y millones de muertos en condiciones violentas, acá y en extranjero: existen 10 veces más chances de que a Lola la haya matado un hombre que una mujer. Lo primero que indica la suma de estadísticas sobre el perfil de los asesinos, la forma de morir de la víctima y el instinto criminal entre machos y hembras, obligaría a poner especialmente la lupa en un hombre.

Pero los giros del destino están siempre a la vuelta de la esquina. En las horas en que Lola estaba desaparecida, un oficial le preguntó a la madrina si la joven tenía algún tatuaje, y la mujer respondió: “¿Eso para qué es? ¿Para identificar el cadáver?”. El interrogador le preguntó si ya sabía que estaba muerta y tras recibir asistencia legal, la mujer cambió su talante al declarar.¿Era lógico con todo esto entre manos que no se pensara en la familia?

La Policía cuestiona que la actitud de los familiares hizo difuminar las fuerzas de la investigación, porque los agentes estaban muy influenciados por esas declaraciones erráticas. A pesar de las estadísticas, los estudios de la conducta humana y las apariencias, algunos indicios de último momento, vinculados a que a la joven le robaron dos mil pesos que llevaba en su mochila, hicieron que la Policía pusiera el foco en otra pista.¿Otro cambio? Otro. Lo peor que puede pasar en una investigación es que el tema quede congelado. Fuentes oficiales se negaron a dar datos de los nuevos indicios, pero sí se animaron a decir que la familia ya no es el foco principal de la indagatoria. “Un 99,9% que no fueron ellos”, dijo otra fuente desde Rocha, departamento donde ocurrió el asesinato, confirmando lo que dijo el integrante del gobierno. Si este nuevo indicio se confirma, entonces la última cara que vio Lola no sería conocida y a la pobre joven pudo tocarle morir violentamente en uno de esos giros del destino, que destruyen la lógica y los manuales, y que hacen que la ficción no pueda, por más que se esfuerce, superar a la realidad.

(Análisis de Gabriel Pereyra en “El Observador” Digital 16/01/2015).