Obama elogió la capacidad de los estadounidenses para recuperarse

Barack Obama habló de Nueva Orleans, pero hablaba de todo Estados Unidos. Citó la capacidad de la ciudad para recuperarse tras el huracán Katrina, pero se refería también a la de los estadounidenses para superar la recesión de 2008. El presidente lamentó el papel de Gobierno federal en la tragedia de hace diez años y elogió su papel en la recuperación posterior.
«Es la historia de Nueva Orleans, pero también es la historia de América», dijo.
El presidente visitó este jueves Nueva Orleans. Se paseó por los barrios. Degustó la comida local. Habló con los vecinos. Y, en un discurso que pronunció en el nuevo centro comunitario del distrito 9, el más dañado por el huracán Katrina hace diez años, celebró la recuperación. “Sois un ejemplo de lo que el posible”, dijo.
El espíritu de Nueva Orleans es el de la resistencia ante la adversidad y la capacidad para levantarse tras la desgracia. Nueva Orleans, dijo Obama, es un ejemplo de todo lo bueno que tiene este país.
Pero el presidente evitó caer en el triunfalismo. No declaró la misión cumplida. La recuperación económica de EE UU no ha beneficiado a todos los estadounidenses. Lo mismo ocurre en Nueva Orleans. Las desigualdades sociales, la pobreza infantil y el paro persisten.
«Nuestro trabajo no está hecho cuando en esta ciudad casi un 40% de niños vive todavía en la pobreza», dijo. «Nuestro trabajo no estará acabado cuando un hogar negro medio gana la mitad de ingresos que los hogares blancos en esta ciudad».
El Katrina no fue sólo una catástrofe natural: los errores de los poderes públicos propiciaron la catástrofe. El huracán dejó tocada la presidencia del republicano George W. Bush. Aunque él no fue el único en cometer errores, se convirtió en un símbolo de la torpeza de las autoridades.
Bush, que se prodiga poco en público desde que abandonó el poder, acudirá hoy a Nueva Orleans. Su antecesor, el demócrata Bill Clinton, lo hará mañana. Tres presidentes y un aniversario. El Katrina —la lección por los errores y el temor a que se repitan— estará ligado para siempre a la institución presidencial.