Omar Burutarán lo que fue el campo y lo que es hoy

Omar Burutarán es un conocido productor de nuestro departamento, directivo desde hace muchos años de la Asociación Agropecuaria de Salto, institución de la que llegó a ser presidente y fue además hace 24 años, uno de los impulsores de la nueva etapa de la Expo Salto donde fue director de exposiciones durante 17 años. Burutarán refleja 20161003_172018en sus palabras el amor y el gusto por lo que hace tanto en su labor diaria como productor, así como directivo de la Asociación Agropecuaria de Salto.
Se casó a los 20 años con Susana Franzoni con quien tuvo cuatro hijos, María Noel, Rafael, Sebastián y Matías. En diferentes eventos, exposiciones, etc. se lo ve siempre acompañado de su esposa. La unión a la familia la heredó de su padre. Cuenta Omar que su padre administraba un campo, cuando sacaba licencia, salía un mes, generalmente en enero, ocasión que “nos ponía a mi madre, a los seis hijos, a mi abuela Cata, a mi tía Elsa en una camioneta de tres asientos y marchábamos a Montevideo donde pasábamos un mes y donde fuera, íbamos todos; papá, mamá la abuela, la tía, y los seis hijos”.

¿Desde cuándo está vinculado a la Asociación Agropecuaria de Salto?
Hace 24 años. Fui durante 17 años director de exposiciones, y luego fui presidente de la Asociación Agropecuaria de Salto.
Entré con la directiva con Ernesto Chuy de presidente.Mi hermano, también Ernesto, integraba la Agropecuaria, fue director de exposiciones y presidente, y tras un período que hubo donde no se hizo la exposición durante algunos años, nos juntamos una barra de muchachos amigos, y cuando termina el período Chuy, asume Carlos Secco, yo fui de director de exposiciones, empezamos y ahí se realizó la primera fiesta de la producción.

¿Qué cambió a partir de entonces?
A la exposición ganadera se sumaron los stands, la exposición empezó a crecer y nos posicionamos muy bien.
Con orgullo digo que Carlos Secco, Walter Texeira y yo, fuimos los que de aquella época nos conservamos, estaba Alfredo Berreta, Martín Berretta en la secretaría y ahí empezamos y cuando quisimos acordar nos habíamos ido para arriba. Puedo afirmar que siendo director de exposiciones, escuché en el Prado de varios presidentes de la Asociación Rural del Uruguay e inclusive en este Prado, volvieron a decir que después del Prado, a nivel de categoría, y stand, estamos segundos; es el Prado y después Salto, no así en la parte ganadera, ya que otras exposiciones son mayores y tienen ventas, algo que acá ha caído, pero no hay que olvidar que acá tenemos 10-12 remates de cabañas.

¿Qué lo lleva a seguir luego de tantos años participando de esta actividad?
En este momento estoy apoyando a las nuevas generaciones, aunque trato de ir a todas las reuniones, charlas, trato de ir a Montevideo. Lo hago porque me gusta y me hago mi tiempo que hoy en día dispongo más. Asimismo cuando estaba al frente de Limitour, que era una empresa que requería de mucha dedicación, había que hacerse un tiempo, y estar. Pero es porque te gusta, sino, no lo podes hacer. Al igual que el trabajo en el campo; yo voy para afuera y disfruto de ver el trabajo.

Sus hijos siguen sus pasos…
Sí, es lo mejor que me pudo haber pasado. Rafael con el centro de toros, administrando una estancia grande en Paysandú, y prácticamente al frente de cabaña La Elisa, y le pone todo. Matías (el menor), está tatuando para la Sociedad de Criadores de Hereford, está asesorando cabañas de la zona, y más allá de lo económico, los dos disfrutan lo que hacen.

¿Cuáles son los principales cambios que nota desde que comenzó su vínculo con la Agropecuaria?
Muchos cambios, el primer cambio que veo es que antes hablábamos el mismo idioma que las autoridades y hoy lamentablemente no lo estamos haciendo, se usan las tribunas nosotros para exponer lo que pensamos y la parte ejecutiva para decir también su punto de vista; me parece muy bien, toda la vida se usaron las tribunas para decir las cosas, pero antes me parece que siempre llegábamos a un punto donde se juntaban las partes y hoy no me está gustando que no solo no se están juntando las partes, sino que se está formando como un muro entre medio y que está llevando a que no sea la misma relación que había que se trasluce hasta con la gente en los pueblos de campaña, en el personal de campo y para mi esto es lamentable, porque yo me crié en la zona de Belén, y con 17 años me fui a Colonia Lavalleja, a los 20 años me casé, luego vinieron los hijos, que fueron a la escuela en Colonia Lavalleja, y en Colonia Lavalleja conozco gente que he recomendado en varios lugares, cuando voy me encuentro con gente que me trata muy bien pero las nuevas generaciones están con una mentalidad totalmente distinta, estamos perdiendo la confianza, el amiguismo que teníamos con la gente.

¿A qué cree que se debe ese distanciamiento?
Tenemos que tener claro que hubo gente que nos dimos cuenta de que el personal de campo, era humano igual que nosotros, cuando no se usaba, dimos baño con agua caliente, cama tendida, pusimos televisión en los establecimientos, los ayudamos a financiar motos, pero hubo productores que hasta hace muy poco tiempo se mantuvieron con otro trato como si el personal quería comer galleta tenía que pagarla, la carne se pesaba para poner de acuerdo a la cantidad de gente que había, no se daba cama tendida, no había agua caliente, entre otras y por lo tanto los productores agropecuarios tenemos que hacer mea culpa y decir; “no vimos la realidad que se nos venía. Son pocos los que están quedando (con ese criterio) pero quedan.
Nos tenemos que dar cuenta que esa obligación la tenemos, tenemos que saber transmitir que para llegar a ese tipo de cosas, la persona tiene que tener responsabilidad, seriedad, cumplir con las actividades, y reenganchar aquella amistad que había. Yo me crié en la cocina del personal jugando al truco con el personal de los establecimientos que no eran pocos.

¿Qué destaca de esos momentos?
Llegué a tener hasta cien personas a mi cargo, e iba a pagar los sueldos en efectivo, y nunca tuve un problema. Todos los respetábamos. Cuando me quedé a trabajar solo, a los 18 años, a un mes de comenzar la esquila cuando se esquilaba 8 mil ovejas, tenía el respaldo de un capataz que nos había visto nacer, yo tenía ciega confianza en él, y él en mi al punto que sus ahorros estaban a mi nombre en el antiguo Banco Caja Obrera. Hasta el día de hoy me sigo encontrando con las hijas de ese hombre y tenemos una amistad más que de patrón a empleado, de amigos.
La señora de ese hombre era muy rústica, pero muy cariñosa y se desvivía por mandarle regalos a mis hijos, por tejerles una prenda, hacerles un dulce. Eso era así y hoy lamentablemente ya no se ve.

¿Por qué entiende que se llegó a eso?
Primero, no es de ahora, sino de muchos gobiernos, la educación por ejemplo en Colonia Lavalleja o en Guaviyú de Arapey, no era la misma que en Salto, ahí comenzaron las diferencias.
También ahora se le ha hecho creer a la gente que se puede vivir sin trabajar, y eso es un error.
No hay cosa más digna que exigirle al patrón que le pague lo que corresponde, pero también hay que fomentar la capacitación. Hoy se brindan muchos cursos y el consejo es que hay que ser cada vez más profesionales.

¿Y a nivel de la ganadería, cuáles son los mayores cambios que nota?
Hoy tenemos muchas herramientas como por ejemplo en la cría, manejamos EPD, ganancia, medimos grasa, carcasa, todo se mide, hay ecografías, respecto a la reproducción hay técnicas de inseminación a tiempo fijo, inseminación artificial tradicional, hay trasplante de embriones y hasta clonación.
Otro de los cambios es la forma en que se trabaja, antes se decía que la gente era campera porque tiraba el lazo y pialaba, hoy en día si hacemos eso, somos retrógrados, porque machucamos el animal, o se nos quiebra un animal que puede costar mucho, no con esto quiero decir que no hay que saber enlazar, pero la técnica de trabajo pasa por tener buenas herramientas, buenos bretes, mangas, personal que trabaje con banderitas sin perros y sin gritar.

¿Cuáles son los beneficios de estas herramientas?
Pienso que los EPD como toda evaluación, es un apoyo, hay que saberla usar. En Estados Unidos es impensable seleccionar un animal sin pasar primero por un escritorio donde se vean los números, Creo que Uruguay tiene la gran virtud de tener el mejor Hereford del mundo, y lo ha logrado con grandes visionarios, con grandes cabañeros que a la larga fueron grandes genetistas, que hicieron todo el trabajo mirando en los bretes, seleccionando toros y vacas, y cuando aparecieron los EPD, supieron apoyarse en ellos. Acá hay cabañas que valen la pena resaltarlas, dentro de la raza Hereford una autoridad no solo a nivel de nosotros, sino a nivel mundial, es Germán Morixe, fue un adelantado en saber aplicar eso. También en Aberdeen Angus hay gente que lo ha usado muy bien, concretamente el ingeniero Julio Mattos (padre de María Mattos), fue un adelantado de América y no en vano Bayucuá ocupa los puestos que ocupa y hay un banco genético que es realmente muy importante.







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