“Partes de una mística de selección”

El tiempo de Tacuarembó

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La copa al vicecampeón. Valoración, más allá de la caída

Cuando Tacuarembó eliminó a Salto en categoría de mayores, los colegas expulsaron todo pretendido sentido de la objetividad, para transformarse ellos desde sus micrófonos, en batientes hinchas del combinado.
La pilcha del cronista en cada caso, a un plano secundario. Mandó el frenesí de la ocasión, pese que el seleccionado en manos de Armando Duarte, había padecido vacilaciones de todo tipo y color. Pero ese gol en el final, casi un regalo del cielo para ellos, arruinó la ilusión de Salto.
Potenció a Tacuarembó finalista de zona, para que el crédito a cuenta del actual Campeón del Interior, no se pierda o se resigne. El avance a la final con Rivera.
El sábado que pasó tras los penales, Tacuarembó se convirtió en monarca regional. Es la vigencia de la rojiblanca.
UNA RAZÓN
DE MÍSTICA
En aquella noche fatídica para Salto en el Parque Ernesto Dickinson, un colega tacuaremboense le dio vuelo a una certeza: “somos parte de una mística de selección, donde existe un respeto hacia la idea, a partir de la estabilidad de un cuerpo técnico. Es muy difícil que el Interior se deje de hablar de un día para el otro de Tacuarembó”. Palabras más, palabras menos.
Pero ahí está la verdad de ese pensamiento, que se asocia a la realidad que vive el fútbol de aquel departamento.
Tacuarembó pasa a transformarse en un caso especial. Sucede que el equipo profesional que alista en la Segunda División, no disminuyó potencialmente a la selección. El fútbol tacuaremboense pelea en dos frentes de batalla.
Es protagonista. Deja la huella.
Campeones zonales y del Interior. Y con un equipo en el esquema profesional.
Ellos pueden. Salto no. Cabe preguntarse si solamente es cuestión de mística o también de mentalidad.







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