Pasadas las cinco del té

na compleja interpretación de la historia de Gran Bretaña, acompañada de una excelsa banda sonora, inauguraron de forma oficial los Juegos Olímpicos. A casi dos horas del desfile apareció la delegación uruguaya, liderada por Rodolfo Collazo, con visible y manifiesta alegría.
Bradley Wiggins, el reciente ganador del Tour de France, primer británico en hacerlo, fue el que hizo sonar la campana y abrió así la ceremonia inaugural, que continuó con un coro de niños que interpretó canciones de las cuatro naciones que integran Gran Bretaña: Irlanda del Norte, Escocia, Gales e Inglaterra.
El director y actor Kenneth Branagh interpretó al ingeniero que lideró la Revolución Industrial, quien recitó un fragmento de “La tempestad”, de William Shakespeare, para darle cierre a la imagen apacible de la campiña y de los hombres jugando al cricket al ruido, las máquinas y el trabajo que vino acarreado con el cambio histórico que marcó la mencionada revolución.
Mientras algunos recogían el pasto, desde debajo de la cancha comenzaron a salir enormes chimeneas. Al mismo tiempo, las mujeres marcharon con carteles de protesta, reivindicando sus derechos. El ruido y la locura se frenó por algunos instantes, dándole paso al silencio en respeto de los caídos en ambas Guerras Mundiales.
El color y la psicodelia vinieron luego, cuando entraron varios jóvenes representando la Beatlemanía de 1960, y así se sucedieron las interpretaciones. En simultáneo, los obreros forjaban en hierro caliente los aros olímpicos, que comenzaron a bajar desde arriba, ante la sorpresa y emoción de los presentes. Los cinco aros quedaron sostenidos sobre la cancha, quedando todo oscuro y permaneciendo sólo el mítico símbolo iluminado.
Tras un inicio británico hasta la médula, la modernidad dio paso. Un clip en el que apareció Daniel Craig encarnando a James Bond encontrándose con la reina Isabel II terminó con el lanzamiento de ambos (con actores, por supuesto) en paracaídas. Su Majestad ingresó después junto al presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, llevándose una gran ovación.
Con su presencia, miembros de la Armada y de la Infantería procedieron a izar la bandera. Un coro de niños sordos acompañó la situación cantando el himno nacional. Luego vino el homenaje a la salud pública británica y a la literatura infantil, cuando el músico Mike Oldfield hacía su aparición y le ponía sonido a lo que venía. J.K. Rowling, la escritora de la saga de “Harry Potter”, leyó un fragmento de “Peter Pan”. Lord Voldemort, Cruela De Vil, el capitán Garfio, la Reina de Corazones y otros tantos villanos de cuentos representaron a las pesadillas de los niños. Mary Poppins y su pureza devolvieron la calma a todos los chicos, y el blanco dominó el escenario.
Terminado ese acto, estalló el estadio cuando Mr. Bean apareció tocando un teclado en la interpretación de “Carros de fuego”, un mítico tema de los Juegos Olímpicos, junto a la Orquesta Sinfónica. Las carcajadas, mientras el comediante Rowan Atkinson hacía gestos de aburrimiento, estornudaba, revisaba su celular y hasta se dormía, siempre tecleando.
La década de 1970 irrumpió después, cuando una familia típica británica mostró su cotidianidad, y la adolescente salió a bailar, desatando una fiesta. Electric Light Orchestra, The Who, los Rolling Stones, The Kinks, los Beatles, David Bowie, Queen fueron haciendo la banda sonora y demostrando que Gran Bretaña es la enorme cuna del rock and roll. El punk rompió con todo después, al ritmo de “Pretty Vacant”, de Sex Pistols, y el pop y la electrónica, con Depech Mode, devolvieron el baile hasta llegar al rap, con un nuevo espectáculo en vivo.
Terminada la fiesta, en la que la tecnología estuvo presente, el inventor de la World Wide Web, Tim Berners-Lee, fue un nuevo protagonista. A él lo siguió Emeli Sandé, quien entonó “Abide with me”, en un sentido homenaje a todos aquellos que no pudieron estar presentes en la ceremonia. Y así, dio inicio el desfile de delegaciones, inaugurado por Grecia, cuna de los Juegos.
Argentina fue el primer país latinoamericano en ingresar al estadio, liderado por Luciana Aymar, la capitana de la selección de hockey. Bolivia vino después, con la marchista Claudia Valderrama adelante, y luego Brasil, con el jinete Rodrigo Pessoa, quien vive sus sextos Juegos Olímpicos, ante la presencia de la presidenta Dilma Rouseff. Más tarde apareció Chile, con Denisse van Lamoen, campeona mundial de arquería.
La pedalista Mariana Pajón encabezó la delegación de Colombia, y Ecuador apareció detrás de César de Césare, canotista que nació en tierras argentinas. Paraguay, ya en la recta final, sucedido de Perú, continuaron el desfile americano. Benjamín Hockin y Gladys Tejeda fueron los respectivos abanderados. Cerró, después de Uruguay, Venezuela, con Fabiola Ramos a la cabeza.
Después casi dos horas de ver personas, apareció el puñado de uruguayos. Con la bandera y Rodolfo Collazo adelante, muy movilizado, detrás vino el resto de la delegación, que llamó la atención tirando el sombrero blanco y dejando ver las enormes sonrisas de felicidad.
Montevideo Portal
Una compleja interpretación de la historia de Gran Bretaña, acompañada de una excelsa banda sonora, inauguraron de forma oficial los Juegos Olímpicos. A casi dos horas del desfile apareció la delegación uruguaya, liderada por Rodolfo Collazo, con visible y manifiesta alegría.
Bradley Wiggins, el reciente ganador del Tour de France, primer británico en hacerlo, fue el que hizo sonar la campana y abrió así la ceremonia inaugural, que continuó con un coro de niños que interpretó canciones de las cuatro naciones que integran Gran Bretaña: Irlanda del Norte, Escocia, Gales e Inglaterra.
El director y actor Kenneth Branagh interpretó al ingeniero que lideró la Revolución Industrial, quien recitó un fragmento de “La tempestad”, de William Shakespeare, para darle cierre a la imagen apacible de la campiña y de los hombres jugando al cricket al ruido, las máquinas y el trabajo que vino acarreado con el cambio histórico que marcó la mencionada revolución.
Mientras algunos recogían el pasto, desde debajo de la cancha comenzaron a salir enormes chimeneas. Al mismo tiempo, las mujeres marcharon con carteles de protesta, reivindicando sus derechos. El ruido y la locura se frenó por algunos instantes, dándole paso al silencio en respeto de los caídos en ambas Guerras Mundiales.
El color y la psicodelia vinieron luego, cuando entraron varios jóvenes representando la Beatlemanía de 1960, y así se sucedieron las interpretaciones. En simultáneo, los obreros forjaban en hierro caliente los aros olímpicos, que comenzaron a bajar desde arriba, ante la sorpresa y emoción de los presentes. Los cinco aros quedaron sostenidos sobre la cancha, quedando todo oscuro y permaneciendo sólo el mítico símbolo iluminado.
Tras un inicio británico hasta la médula, la modernidad dio paso. Un clip en el que apareció Daniel Craig encarnando a James Bond encontrándose con la reina Isabel II terminó con el lanzamiento de ambos (con actores, por supuesto) en paracaídas. Su Majestad ingresó después junto al presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, llevándose una gran ovación.
Con su presencia, miembros de la Armada y de la Infantería procedieron a izar la bandera. Un coro de niños sordos acompañó la situación cantando el himno nacional. Luego vino el homenaje a la salud pública británica y a la literatura infantil, cuando el músico Mike Oldfield hacía su aparición y le ponía sonido a lo que venía. J.K. Rowling, la escritora de la saga de “Harry Potter”, leyó un fragmento de “Peter Pan”. Lord Voldemort, Cruela De Vil, el capitán Garfio, la Reina de Corazones y otros tantos villanos de cuentos representaron a las pesadillas de los niños. Mary Poppins y su pureza devolvieron la calma a todos los chicos, y el blanco dominó el escenario.
Terminado ese acto, estalló el estadio cuando Mr. Bean apareció tocando un teclado en la interpretación de “Carros de fuego”, un mítico tema de los Juegos Olímpicos, junto a la Orquesta Sinfónica. Las carcajadas, mientras el comediante Rowan Atkinson hacía gestos de aburrimiento, estornudaba, revisaba su celular y hasta se dormía, siempre tecleando.
La década de 1970 irrumpió después, cuando una familia típica británica mostró su cotidianidad, y la adolescente salió a bailar, desatando una fiesta. Electric Light Orchestra, The Who, los Rolling Stones, The Kinks, los Beatles, David Bowie, Queen fueron haciendo la banda sonora y demostrando que Gran Bretaña es la enorme cuna del rock and roll. El punk rompió con todo después, al ritmo de “Pretty Vacant”, de Sex Pistols, y el pop y la electrónica, con Depech Mode, devolvieron el baile hasta llegar al rap, con un nuevo espectáculo en vivo.
Terminada la fiesta, en la que la tecnología estuvo presente, el inventor de la World Wide Web, Tim Berners-Lee, fue un nuevo protagonista. A él lo siguió Emeli Sandé, quien entonó “Abide with me”, en un sentido homenaje a todos aquellos que no pudieron estar presentes en la ceremonia. Y así, dio inicio el desfile de delegaciones, inaugurado por Grecia, cuna de los Juegos.
Argentina fue el primer país latinoamericano en ingresar al estadio, liderado por Luciana Aymar, la capitana de la selección de hockey. Bolivia vino después, con la marchista Claudia Valderrama adelante, y luego Brasil, con el jinete Rodrigo Pessoa, quien vive sus sextos Juegos Olímpicos, ante la presencia de la presidenta Dilma Rouseff. Más tarde apareció Chile, con Denisse van Lamoen, campeona mundial de arquería.
La pedalista Mariana Pajón encabezó la delegación de Colombia, y Ecuador apareció detrás de César de Césare, canotista que nació en tierras argentinas. Paraguay, ya en la recta final, sucedido de Perú, continuaron el desfile americano. Benjamín Hockin y Gladys Tejeda fueron los respectivos abanderados. Cerró, después de Uruguay, Venezuela, con Fabiola Ramos a la cabeza.
Después casi dos horas de ver personas, apareció el puñado de uruguayos. Con la bandera y Rodolfo Collazo adelante, muy movilizado, detrás vino el resto de la delegación, que llamó la atención tirando el sombrero blanco y dejando ver las enormes sonrisas de felicidad.
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