Pasó otro Día del Libro…pero ¿leemos libros?

Pasó otro 26 de Mayo, otro Día Nacional del Libro, en recuerdo de la fundación de la primera biblioteca pública que tuvo el país, aquella creada en 1816 por impulso del Presbítero Dámaso Antonio Larrañaga y el total apoyo de Artigas. Repasemos rápidamente y tan solo a modo de ejemplo, porque sin duda habrán ocurrido otras, algunas de las celebraciones.
-El hecho cultural más relevante de los promovidos en estos días (y seguramente de mayor impacto social), al menos de los que tuvimos noticia, ha sido la creación de una biblioteca para personas no videntes o de escasa visión, conformada por un buen número de importantes libros leídos por destacadas voces, en unos casos, y por los propios autores, en otros. Con el nombre de Fonoteca, esto ha sido creado por el Departamento de Cultura de la Intendencia de Salto en la Biblioteca Departamental «Felisa Lisasola» y se inauguró el pasado martes. Sumémosle la entrega de miles y miles de libros a distintas instituciones que viene realizando la mencionada área de la comuna, no ahora, sino desde hace mucho tiempo, porque como bien lo repite su Director, el Académico Leonardo Garet, «siempre es el día del libro». Se trata de un aspecto en el que esta Dirección de Cultura ha sido un verdadero ejemplo y que está acorde con la formación, capacidad de gestión y sensibilidad de su Director, alguien que dedicó y dedica su vida, apasionadamente, a la creación, estudio, difusión y defensa del libro.
-En el Chalet Las Nubes, emblemática residencia de otro «hacedor de libros» salteño, Enrique Amorim, se celebró la fecha con un homenaje al escritor Eduardo Galeano, recientemente fallecido.
La actividad fue principalmente impulsada por la Comisión de Amigos de Las Nubes y el propio Ministerio de Educación y Cultura.
-La Asociación Española de Socorros Mutuos, en una acción ya institucionalizada como una tradición, entregó libros (junto a otros materiales didácticos) en escuelas rurales de varias localidades del departamento.
-Especialmente en centros educativos, diríamos casi en el cien por ciento de ellos, no faltaron maratones de lectura, exposiciones y carteleras, elaboración de textos e imágenes en alusión a la fecha, narración oral de cuentos, recitados de poemas, etc., etc.
-En Plaza Artigas, desde la mañana, un grupo de jóvenes integrantes de «Rotaract Club Salto», instalaron una suerte de carpa en la que recibieron donaciones de libros para después ser volcados a instituciones de enseñanza.
PERO… ¿LEEMOS LIBROS?
Ahora bien, no olvidemos que la mejor manera de celebrar el libro es respetándolo y valorándolo, es decir leyéndolo.
Una persona de 37 años de edad, con Educación Secundaria aprobada en su totalidad, hace algunos días comentaba en una reunión: «yo nunca leí un libro completo en toda mi vida, lo máximo fueron algunos capítulos sueltos cuando iba al liceo». Cabría preguntarse: ¿no deberían los docentes, alguna vez, exigir la lectura completa de algún (os) libro(s)?, ¿no deberían reflexionar ante los alumnos y demostrarles las abismales diferencias (estéticas, conceptuales, de cosmovisión) que existen entre leer un libro y leer un manojo de hojas fotocopiadas? Pero sigamos preguntándonos: ¿con qué frecuencia los docentes (maestros y profesores, aunque podríamos ampliar la pregunta a cualquier ciudadano) leen un libro completo?: ¿uno por semana?, ¿dos en el mes?, ¿ninguno desde hace varios años? En estos días he preguntado esto, personalmente, a varios educadores. Prefiero (porque no estoy haciendo ahora un análisis profundo del tema) reservarme las respuestas. Pero créanme que es preocupante.
En definitiva, aplaudo que una vez al año se celebre el Día del Libro. Pero que ello no oculte lo que no hacemos por él los otros 364 días. Asumámoslo y tratemos de mejorar. De lo contrario, podemos caer en fomentar su desuso y desvalorización. Y en rayar la hipocresía y falta de ética