Poetas en Plazoleta Roosevelt: qué buena idea, pero…

La Plazoleta Roosevelt fue desde siempre un hermosísimo lugar. Y las reformas realizadas recientemente han contribuido a realzar su hermosura. Entre ellas es de destacar la incorporación, alrededor del cantero central, de varios carteles (verdes con letras blancas) con versos de poetas de Salto. Son varios los carteles, y como además tienen versos de distinto autor ambos lados de cada uno de ellos, resulta un buen número el de los poetas incluidos. Lo primero que consideramos importante decir al respecto es qué buena idea que una ciudad decida rescatar y revalorizar a sus poetas mostrando partes de sus creaciones y en uno de los lugares más bellos de la ciudad. Allí la poesía parece el complemento perfecto para la música de las aves y del agua, para el color y el aroma de las flores, para todas las imágenes costeras que surgen de esas incomparables balconadas al río…
Los poetas incluidos en la cartelería colocada son los siguientes: Altamides Jardim, Margarita Muñoa, Myriam Albisu, José Luis Guarino, Ariel Cunha “NICO”, José M Roldán Martínez, Enrique Amorim, Felisa Lisasola, Fausto Carcabelos, Ramón Gómez Cruz, Méliton Alfonso, José María Delgado, Víctor Lima, Eduardo Forteza, Guillermo Chivel “El boyerito del Litoral” y Alberto “TITO” Aplanalp. (Se transcriben nombres, apellidos, apodos, tal cual aparecen en los letreros). Ahora bien, en cuanto a la selección de poetas y de versos que se hizo, debemos decir que no estamos de acuerdo. Entre esos nombres hay, desde nuestro punto de vista, algunos que no tendrían que estar, simplemente porque creemos que es una muy buena oportunidad para mostrar, y ni que hablar a quienes puedan visitar nuestra ciudad (de hecho allí estuvieron reunidos hace unos días varios intendentes), lo mejor de nuestra poesía, nuestros mejores poetas. Y sin embargo, entre los que se incluyeron, entendemos que algunos están muy pero muy lejos de ese nivel. Sabemos que en estas cuestiones, por lógica, siempre habrá discrepancias. Muy claro tenemos, por ejemplo, que cuando se hace una selección o antología de autores (para publicarlos en un libro o para colocarlos en carteles de una plazoleta o para lo que sea) siempre hay diferentes visiones y opiniones, siempre las habrá, porque siempre surgirá la discusión acerca de si fulano de tal tendría que estar o no, o por qué está fulano y no mengano. Alguien dijo una vez que una “antología” en realidad es una “Antología”, porque allí aparece lo que se le “antoje” a quien la realiza. Y es natural que sea así. Por eso, a esta selección o antología de autores y versos que se hizo para Plazoleta Roosevelt, la respetamos. Respetamos a quien la hizo, que por otra parte desconocemos quién fue, o tal vez fue un trabajo de equipo, no lo sabemos, sinceramente. Pero como tenemos gusto por leer y estudiar literatura permanentemente y disfrutamos mucho al leer la literatura de Salto, de antes y de ahora, y tenemos además la posibilidad de contar con un medio de prensa donde verter opiniones, es que nos permitimos opinar. Y opinamos que allí hay autores que tan, pero tan mal escriben o escribieron o intentaron o intentan escribir poesía, que si de nosotros dependiera, no mostraríamos sus versos ni entrecasa, menos en un espacio público para que los vea todo quien llegue, visitantes por ejemplo, como decíamos en líneas anteriores. En otros casos, otros de esos poetas, por supuesto que estamos totalmente de acuerdo con que hayan sido incluidos, porque creemos que sí son fiel reflejo de lo mejor de nuestra poesía y de nuestra cultura. Pero hasta ahí hay un tema; un tema, repetimos, que es discutible. Lo que no nos parece discutible y nos resulta además intolerable, es que aparezcan en estos carteles, versos con faltas de ortografía. Sí, faltas de ortografía, y varias. ¿O alguien puede decir que la no utilización de tildes no es falta ortográfica? Claro que lo es. (Y en letras minúsculas, porque tal vez alguien puede pensar que por ser letras mayúsculas se omitieron tildes. Pues no; son letras minúsculas. Si fueran mayúsculas, igualmente deberían colocarse los tildes donde correspondiese pero no es este el caso; son letras en minúscula). Pero agreguemos a esto alguna palabra mal separada; agreguemos además que uno de los autores que en nuestra opinión merece ser mucho más conocido de lo que es (porque es muy buen poeta y casi nadie lo conoce), José María Rondán Martínez, aparece con su apellido mal escrito: dice Roldán (con “l”) en vez de decir “Rondán” (con “n”)…
En fin. Tres cosas se me ocurren para cerrar esta reflexión. Una: como educadores generalmente se identifica a maestros y profesores, pero no debería olvidarse también que todos debemos contribuir a la educación en la medida de nuestras posibilidades, entonces ¡vaya que deberían ser educativos este tipo de carteles, este tipo de mensajes que vienen desde un gobierno, es decir desde autoridades. Si no, después no nos quejemos únicamente de maestros y profesores. Dos: reiteramos lo del principio, que la idea de dar batalla a favor de la revalorización y contra el olvido de nuestros poetas nos parece excelente. Y tres: ¡qué buena oportunidad que se perdió Salto de transformar una buena idea en algo bien hecho! ¿Tanto costaba hacerlo bien?