¿Qué es eso de contra «todo» y «contra todos»?

El fútbol salteño de la manía persecutoria

Cuando van arreciando las definiciones, suelen abanicarse los argumentos a mano. De un extremo a otro. Los que van queriendo y alcanzando. Los que quisieron y no alcanzaron.
Pero también los que conviven con la incertidumbre. En la medida que surgen secuencias claves, los árbitros en la picota. Se le entra (le entramos) a buscar la quinta pata a la sota.
El Colegio y las designaciones. Los jueces para ser diseminados en la fecha. No faltan los que cuestionan la fijación de determinados escenarios. Al hincha común del fútbol, no le cierran algunas tomas de posición y entonces aparecen los calificativos, los adjetivos, la suma de factores que se van sintetizando en el dedo acusador.
Pero el hecho es que además se plantean momentos y circunstancias que desde algunos clubes (o equipos, o dirigentes, o jugadores o adeptos a la causa), en que parecen sufrir de una inapelable manía persecutoria. Una especie de victimización. O quienes simplifican todo con una sentencia: «no faltan los que abren el paraguas, por las dudas».
EL MAL ENCARNADO
En tanto aflora una expresión que se fue haciendo contagio-epidemia en el fútbol salteño. Aquellos que la escriben o la hablan, según sea el ámbito o la circunstancia.
Mencionan el nombre del equipo y a continuación: «contra todo y contra todos, como siempre».
A esa conclusión-reflexión, no se le añade nada más. No se amplía para que pueda por lo menos entenderse o eventualmente admitirse. Una frase que se acuña, más allá de la posición del equipo.
Resta preguntarse, qué significa CONTRA TODO, pero además qué implica ese abarcador y temerario CONTRA TODOS. ¿Quiénes son ese TODO y ese TODOS?
¿Qué fuerzas malignas y declaradas en el fútbol salteño, parecen encarnar el mal que tanto hiere y socava la ilusión?
¿Hay quienes actúan desde algunas sombras no resueltas, pero que sí existen para generar beneficios o perjuicios?
¿Hay quienes tienden trampas para que algunos caigan? Y sí es así: ¿quiénes son?
Solo basta la fijación de una cancha o la designación de un árbitro o la posterior pérdida o ganancia ante un determinado rival, para que la frase en cuestión gane espacios y nosotros (muchos) con la duda abierta de par en par.
Contra «todo» y contra «todos». En tanto puede convenirse que en algunos casos, la expresión se recuesta en la tentativa de salvataje. A la impotencia de uno, la culpa es del otro. ¿O no?

-ELEAZAR JOSÉ SILVA-